Por: Mauricio Ríos García

La Reserva Federal ha reportado esta semana el último dato de inflación, o mejor dicho, el último dato del Índice de Precios al Consumidor, y resulta que es de nada menos que el 4,2%, es decir, niveles de 2008, y de más del doble del objetivo que la propia Reserva Federal se había planteado hace tan sólo unos meses.

Peor aún, si extrapolamos el ritmo de incremento de inflación de los primeros cuatro meses del año, para finales de 2021 EEUU podría tener una inflación del 20%. Y si consideramos el Core Consumer Price Index, que excluye alimentos y energía, ¡la inflación habría alcanzado niveles de 1981!

¿Qué significa esto? Bueno, desde ya se puede decir que es al menos preocupante. Pero vamos primero por partes.

Una perspectiva histórica del desafío de la inflación

Tal vez aquel período de tiempo que más se recuerda como una “era” por la intensidad y la duración de la inflación, fue la de los años 70, durante la administraciones de Richard Nixon (1969-1974), Gerald Ford (1974-1977) y la de Jimmy Carter (1977-1981).

Todo empezó cuando en 1971, muy convencido de que lo que se debía hacer en materia económica para enfrentar el desafío de una crisis económica generalizada era exactamente lo contrario a lo que había creído antes, Richard Nixon largó aquella famosa frase de “We are all Keynesians now” (ahora todos somos keynesianos).
En 1936, cuando La Teoría General fue publicada por primera vez, John Maynard Keynes ofreció solamente una idea central para encarar la Gran Depresión: el gasto público supera las recesiones aumentando el consumo. Ciertamente, fue un gran error. Disfrazó este antiguo error con una jerga incoherente. Sus discípulos luego agregaron ecuaciones irrelevantes y gráficos superfluos y la adaptación de las gráficas de Alfred Marshall de unos años antes. Uno de sus mayores discípulos, Paul Samuelson, llegó incluso a plantear el enfoque keynesiano sobre los problemas cotidianos de la gente en el campo de la termodinámica, nada menos.
Dentro de todo esto, Keynes nunca se molestó en lidiar con una pregunta crucial como de dónde obtiene los gobiernos el dinero que gastan en la economía. Esta sigue siendo la pregunta crucial que los keynesianos deben responder. Sin embargo, a pesar de todas sus ecuaciones, de toda su incomprensible jerga y de toda su retórica, nunca se enfrentan a esta pregunta, probablemente porque hasta el día de hoy y luego de casi 100 años de la Gran Depresión, no les parece importante.
Sin embargo, es una pregunta sencilla, y tiene también una respuesta sencilla. Un gobierno solo puede obtener dinero de tres maneras: mediante impuestos, préstamos e inflación monetaria, que es, qué duda cabe ya a estas alturas, la gran madre del cordero sobre la que vamos a discutir. No hay otras fuentes.

Cuando Nixon asumió la presidencia de EEUU, la inflación consecuente de las políticas keynesianas implementadas al menos desde Bretton Woods en 1944, y sobre todo de la pérdida de reservas provocada por la Guerra de Vietnam (1955-75), era de aproximadamente el 4,7%, la cifra más elevada desde la Guerra de Corea (1950-1953).

Sin embargo, así como Keynes no tuvo nunca una respuesta sobre cómo lidiar con una recesión con inflación de manera simultánea (la llamada “estanflación”), Nixon no tuvo mayor reparo que terminar con el último vínculo que el dólar tenía con el patrón oro para poder seguir ampliando la base monetaria como mecanismo de financiamiento.

Por supuesto, y luego de tratar de mitigar el impacto de la inflación mediante la imposición de controles de precios, las consecuencias fueron todavía mayor desempleo y aún mayor inflación. Cuando Nixon renunció al cargo en 1974, la inflación era de aproximadamente el 10%.

Quienes lo sucedieron en el cargo simplemente optaron por darle continuidad a las políticas keynesianas, hasta la designación de Paul Volcker como titular de la Reserva Federal (1979-1987) y la llegada de Ronald Reagan a la presidencia (1981-1989), cuando por fin se dio fin a esta era de inflación keynesiana de casi el 13,3%, fue mediante el incrementando la tasa de interés de referencia hasta casi el 20%. Por eso se considera que Volcker fue el gran héroe que salvó al dólar.

Cada vez más cerca de “los nuevos 70”

Pues lo mismo que sucedió hasta la llegada de Volcker a la Reserva Federal, sucedió cuando dejaron caer a Lehman Brothers en 2008 y el mercado se derrumbó: Ben Bernanke -entonces presidente de la Fed- intervino con un programa masivo de monetización de deuda que nunca antes se había visto, que tenía que ser temporal pero que dura hasta el día de hoy, y que fue aplicado, justamente, bajo el mismo lema de que lo necesario era el retorno del keynesianismo, como si alguna vez se hubiera ido a algún lugar.

Esto del keynesianismo, por cierto, fue -y es- una opinión generalizada de los políticos y economistas, pero lo del QE en particular es una idea por la que Bernanke agradeció a Milton Friedman y su diagnóstico sobre las causas de la Gran Depresión de los años 30. Anna Schwartz -coautora de Friedman en La historia monetaria de EEUU– le escribió un par de columnas manifestando que en realidad se estaba equivocando. Pero ese ya es otro asunto. 
El asunto aquí es que al menos desde 2008, la Reserva Federal ha negado la inflación, cuando no ha manipulado el Índice de Precios al Consumidor. He escrito abundantemente sobre la materia.

Más tarde, ya con Yellen a cargo de la Reserva Federal, los economistas del gobierno decían que no veían inflación en ningún lado, a pesar de que -insisto- siempre manipularon siempre el IPC y su método cálculo. Luego, con Jay Powell al mando de la Fed, cuando había cambiado su objetivo y le dijo a la gente que no se asuste si acaso veía la inflación alrededor del 2%, porque aún así no incrementaría las tasas de interés, y ya en este 2021, han empezado a decir que “bueno, sí, efectivamente, sí hay inflación, pero es pasajera,” que es “transitoria”, en rigor.

Powell ha llegado incluso a complicarse la existencia diciendo que hay que re-aprender lo que Milton Friedman dijo a fines de los años 60, que la inflación es en todo momento y lugar un fenómenos monetario. ¡Powell ya parece un economista del Banco Central de la República Argentina!

Pues esto fue inmediatamente antes del reporte de inflación del que hablamos al abrir esta entrega. El dato del IPC es de más del doble al del objetivo, mucho más elevado al que esperaban todos los economistas del país. Como decía, 4,2%.

Pues si uno se fija con cuidado, lo que está sucediendo es que de tanto hacerle pensar a la gente que es posible mantener la calma sobre todo de los mercados con pura retórica, así como al estilo de Draghi y su Whatever it takes de 2011 al frente del Banco Central Europeo, cuando más dudas se tuvo sobre el futuro del euro, la Fed podría estar empezando a perder credibilidad y, por tanto, el control sobre la inflación… y viceversa.

Ahora estamos empezando a ver nuevos niveles de volatilidad (y varias correcciones, como mínimo) por este tema, ya no sólo por la crisis de la pandemia. Ahora ya se habla no sólo de la necesidad del tapering (retiro gradual de los estímulos monetarios) antes de lo que la Fed tenía planeado, sino incluso -aunque mucho más difícil- de que se tendría que retirar los estímulos e incrementar tasas de interés de manera más agresiva.
Dado todo lo que esto implica, y ade acuerdo a la apuesta que hicimos ya en anteriores entregas, lo más probable es que el nivel de tasas de interés y los estímulos monetarios masivos se vayan a mantener a pesar del incremento sorpresivo y repentino de la inflación.

Por fin el tiempo nos termina dando la razón a algunos de los que advertimos las consecuencias de semejantes experimentos. ¡Han pasado 12 años de las primeras advertencias!

Cómo jugar esta mano

Ahora bien, ¿cómo se puede jugar con estas cartas?

También como ya habíamos venido diciendo al menos entre marzo y mayo de 2020, es decir, entre el desplome de los mercados ante el cierre del espacio aéreo estadounidense y la reunión anual de Berkshire, que tomo como un hito sumamente importante, seguirá dándose una gran rotación de portafolios de inversión, una gran huida relativamente acelerada hacia activos reales, o de manera más precisa, de renta fija a renta variable, de growth a value, y de gestión pasiva a activa. De hecho, esto es algo que ya está sucediendo.
Sobre el giro de gestión pasiva a activa: probablemente alrededor de 2016, la gestión pasiva estuvo muy de moda. Una de las maneras más comunes de invertir era mediante la apertura de una cuenta en Vanguard.

Los activos de Vanguard bajo gestión siguen creciendo, pero no tan rápido como en aquella época. En estos días, la gente está invirtiendo mediante la apertura de cuentas de Robinhood y jugando mucho con cosas como Tesla, SPACs y criptos como Bitcoin, Ethereum, ahora Dogecoin y demás.

Vamos a ver mucha más volatilidad en lo que resta del año, con seguridad, y quienes hacen gestión activa pueden hacer varias cosas para mitigar esa volatilidad. De hecho, tengo en miras un fondo que rentabiliza por cuanta mayor volatilidad encuentre en los mercados. En términos de Taleb, construir un portafolio that gains from disorder… ratio Sortino. Veremos.
Estos gestores pueden abrir más posiciones en cash, como Warren Buffett, que acumula alrededor de $146 mil millones en cash. Esta no es una generalidad ahora mismo, porque la cantidad de liquidez ahora mismo no puede ser mayor, pero podrían hacerlo de repente.
En todo caso, lo recomendable es trabajar con un gestor que obtenga rentabilidades por tener la gestión del riesgo como prioridad, y no al revés, que lo primero sea la búsqueda de rentabilidad dejando de lado la gestión de riesgo, aunque esto solo parezca un juego de palabras, porque con seguridad que entiende de mejor manera tanto el origen como la dinámica de la inflación a largo plazo y no del retiro de los estímulos en el corto plazo.

Finalmente, calma y cautela, y aférrate a los fundamentales, y si para eso es necesario darle un giro importante al portafolio, es mejor hacerlo sin buscar el timing perfecto, es decir, haciéndolo un año temprano antes que un minuto tarde.

Mauricio Ríos García es analista independiente y asesor de planificación patrimonial internacional.
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