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Este es un post sobre la vertiente más política de Bitcoin, espero que me permitáis que me meta con el Estado y nuestros políticos un pelín y que insista en que la solución es hacer que sus errores tengan consecuencias.

Antes de profundizar en Bitcoin, realmente no tenía fuertes convicciones políticas. Sabía que todos los políticos tienden a la inutilidad y que además que esta inutilidad era un fenómeno que tenía pinta de haberse ido acelerando con el tiempo, pero no terminaba de entender por qué.

Me conformaba a base de pensar que, dado que el mundo está mejor que hace 50, 100 o 200 años, necesariamente el sistema actual es el menos malo y que por lo tanto debemos aceptar ciertas incomodidades, como el hecho de que de vez en cuando haya algún que otro escándalo de corrupción, o que el más tonto de la clase pueda ser presidente del Gobierno, etc...

En realidad lo que pasaba es que me ocurrían dos cosas:

  • No se me ocurrían alternativas, por lo que me terminaba conformando. "Es lo que hay" me resignaba.
  • Asumía que ese era el status quo y que así se iba a quedar y que aunque no podía mejorarlo, tampoco podía empeorar.

Ahora me doy cuenta de que debería haber aspirado a más y no haberme conformado. Mi error ha estado en asumir que un sistema político y financiero basados en la confianza podrían ser sostenibles en el tiempo, o pensar en definitiva, que aunque ambos quebrasen mi confianza una y otra vez, el sistema puede seguir funcionando sin mayor problema

Bancos y Estados sólo tienen un objetivo: Ganarse tu confianza

Cuando empezamos a huir de la trampa malthusiana hace unos siglos, empezamos a necesitar algún sistema que nos otorgase lo que Nick Szabo llama escalabilidad social.

Desafortunadamente, incrementar la escala de nuestra cooperación requería delegar partes muy importantes de nuestra vida como la seguridad o las finanzas, a terceros. Las economías de escala de la violencia han hecho que tenga sentido "asociarnos" para aumentar nuestras posibilidades de éxito en la defensa. Tenemos más probabilidades de tener éxito en la defensa si nos asociamos con otros, que si lo hacemos solos. Piensa en las potencias hegemónicas del S. XX y verás que lo que tienen en común es que son países grandes.

Respecto a nuestras finanzas, ocurrió exactamente lo mismo. El dinero commodity que tradicionalmente habíamos empleado, el oro, es un dinero extraordinario en lo que a las dos características más importantes del dinero se refiere, la durabilidad y escasez, pero es muy pobre respecto a transporte y almacenamiento.

Esto nos obligó a requerir terceros de confianza que a base de darnos promesas de pago en papel, mejorasen esa transportabilidad, divisibilidad y custodia entre otras propiedades. Ya no digamos si a ello le sumamos los avances del telégrafo y demás tecnologías de comunicación.

Esto ha provocado que los bancos y los Estados se han convertido en dos de las organizaciones con más poder en el mundo actual.

Los primeros, compran el edificio más espectacular en tu ciudad con el fin de venderte solidez y solvencia. Piden a sus empleados que vistan impecablemente aunque parezcan robots y dan siempre la sensación de saber lo que hacen aunque luego en las distancias cortas te pueda parecer lo contrario. Se venden como "Somos TU banco".

Los segundos funcionan porque los partidos políticos que suben al poder no te venden un programa electoral. Te venden identidad, la tuya. Te venden pertenecer a tu entorno de Dunbar (fíjate a qué me refiero en mi charla con Juan Such) para ganarse tu confianza. Te dicen que ellos son de los tuyos y que los otros son el enemigo. Saben (quizás inconscientemente) que la teoría del Selfish Gene es real: nos asociaremos con aquellos que sean de los nuestros y el resto es nuestro enemigo que intenta aprovecharse de nosotros. Esto es especialmente usado para ensalzar movimientos nacionalistas. Es nuestro instinto natural y es complicado luchar contra ello. Hasta la persona más racional sabe que esto es así en el fondo y a pesar de esto, en cuanto aparece la primera noticia sobre "los otros" el encabronamiento está asegurado.

Una vez en el poder, el partido en el Gobierno mide constantemente "la confianza en las instituciones" e invierte en "publicidad institucional" con tu dinero cuando lo encuentran conveniente.

Poco a poco extiende sus garras en otros sectores regulados, pero nunca tiene suficiente. Yo no creo que sean malvados, creo que tiene que ver con lo que explico a continuación:

El problema que tiene gestionar la confianza, es que no puedes contentar a todos.

Mises nos explica en su Human Action lo extraordinariamente complejos que son los efectos secundarios de la acción humana y lo imposible que es planificarla. Cuando el político de turno quiebra la confianza de un grupo de personas, trata de solucionarlo en aquellas que están cerca de el, pero ignorando por completo los efectos secundarios en los que están más lejos. Es una versión amplificada del efecto Cantillón.

Cada vez que se produce un problema público, el Estado teme que se quiebre la confianza en el y lo soluciona regulando de forma asimétrica, siempre a favor de los que tenga cerca. Esta regulación es la que comento en mi artículo el problema que Bitcoin resuelve que constituye una estrangulación de la creatividad empresarial.

Esta creatividad empresarial reducida provoca una cada vez mayor reducción de la rentabilidad de los proyectos empresariales, disminuyendo la cantidad de dinero que se va a estos proyectos empresariales de parte de la Banca. Pero la banca necesita colocar su dinero en alguna parte y cuál es el lugar con mejor rentabilidad/riesgo? La deuda pública y empresas con negocios asegurados por la regulación (las energéticas grandes, constructoras grandes o REE son el mejor ejemplo en España)

En definitiva, tenemos que la necesidad de mantener la confianza en el Estado, le obliga a regular para que esa confianza no se quiebre (y siempre lo hará a favor de los cercanos), esta regulación disminuye la rentabilidad empresarial, que desvía el dinero desde la iniciativa privada a la deuda pública y a las empresas afines, permitiendo al Estado crecer y con ello intervenir cada vez más la economía,

¿Luego cuál es la conclusión de todo esto?

Que yo estaba enormemente equivocado. Que pensar que el Estado de bienestar se puede quedar como está es un grave error. Que las constantes quiebras de confianza dan regulares excusas al Estado para intervenir cada vez más y pensar que no va a parar equivale a pensar que las personas vamos a dejar de comportarnos como somos.

Desgraciadamente el mejor ejemplo lo estamos viviendo ahora con el COVID y las medidas cada vez más Orwellianas que no están encaminadas a erradicar el problema sino a evitar un total resquebrajamiento de esa confianza.

El error del socialismo/comunismo es pensar que la solución a las injusticias derivadas de esta acumulación de poder es precisamente aumentar la necesidad de confiar en el Estado.

El error de los que defienden un gran Estado del bienestar (yo me consideraba uno de ellos) era pensar que el sistema actual es el menos malo posible y que lo racional era conformarse con estas quiebras de la confianza sistemáticas tanto por parte del Gobierno de turno, como por parte de crisis financieras regulares. Además, no veía problema en que unas pocas empresas, cercanas al poder, estuviesen claramente privilegiadas, me parecía un mal menor cuando en realidad es la auténtica desigualdad, la de oportunidades, la única que me molesta frente a los que se quejan de la de resultados.

En definitiva, si estoy en lo cierto, necesitamos un contrapoder ahora que está sobradamente probado que la prensa no lo es. Pero Bitcoin puede serlo. Tener una cuenta Suiza en nuestro bolsillo puede hacer que sigamos disfrutando de un Estado en el que nosotros mandemos y podamos ahogarlo financieramente cuando haga cosas que no nos gusten. En otras palabras, hacer que sus errores tengan consecuencias.

  1. en respuesta a Rafamacias
    #4
    Adolfo Contreras
    Muchas gracias,

    Sí, tienes razón, soy consciente del reto (respecto a Bitcoin), pero me siento en la obligación de transmitir "la buena nueva" :)

    Un saludo,
  2. en respuesta a Adolfo Contreras
    #3
    Rafamacias
    Y fíjate que Mises lo define claramente "el capitalista soberano es el el consumidor, con su acción de intercambiar su dinero por bienes y/o servicios".

    ¿Quién ha puesto ahí a los dueños de Amazon, Alibabá, Microsoft, Mercadona, etc.? Nokia, Ericsson y otro cayeron por el desinterés de los consumidores después de haber sido los "emperadores" de la telefonía móvil (¿y Alcatel?)... es la gente que compra o no compra.

    Por cierto respecto al "respaldo financiero" ¿alguien se cree que la lluvia de millones para paliar la crisis Covid-19 están respaldados por algo más allá que la "confianza" de los consumidores en el €? ¿o el dólar? 

    Pero "Papá Estado es lo que hay".

    Interesante tu post pero el Bitcoin (y resto de ecoins) aún no entran en las conexiones neuronales de gente que son los que alimentan el mercado: Los consumidores.

    Saludos
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  3. en respuesta a viscovich
    #2
    Adolfo Contreras
    Efectivamente

    Fíjate hasta que punto llega la anestesia cerebral de muchos, que les llega incluso a parecer mal que los ciudadanos podamos, en exclusiva, ser los decisores sobre qué hacer con el fruto de nuestro esfuerzo. Prefieren que lo decidan otros!! :)
  4. #1
    viscovich
    Si, sería realmente maravilloso un mundo en el que un instrumento financiero respaldado por la nada tenga capacidad de ahogar finacieramente a un estado,... o a cualquier estado.

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