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Los humanos siempre tratamos de maximizar nuestro bienestar con el fin de multiplicar nuestras posibilidades de ser felices, de sobrevivir, de reproducirnos y con ello quizás conseguir que nuestros genes lleguen a una siguiente generación.

Para ello tratamos de adquirir bienes y servicios que nos den las utilidades que nos lo permitan.

Pero adquirir cada uno de los bienes y servicios tiene un coste de adquisición, otro de venta y otro de preservación, medido este último por el deterioro y por el coste de dilución (inflación), que son ambos función del tiempo que lo conservemos.

Estamos constantemente haciendo cálculos económicos que nos permiten tomar la decisión de si nos conviene poseer algo o si por el contrario tenemos tan fácil y barato disfrutar de su utilidad, que puede ser preferible sencillamente tenerlo a un click de distancia. Pero preferir esto último tiene un coste oculto y es el de contrapartida, el que exista el riesgo de que tu proveedor no cumpla su parte de la promesa de servirlo.

Esto es lo que está ocurriendo gracias a la digitalización con multitud de bienes que se están convirtiendo cada vez más en servicios. Dado que la distancia a obtener el bien y disfrutar su utilidad se reducen enormemente, cada vez tiene menos sentido poseer multitud de cosas porque estas se deterioran, y al fin y al cabo puedes acceder a ellas en el momento exacto en el que las necesites. Sólo tienes que darte de alta en uno de los muchos servicios de Car as a service que tenemos en las grandes ciudades para entender de qué hablo.

Otro ejemplo es lo que ha ocurrido con la crisis del COVID y como han cambiado nuestras preferencias: Ante la previsión de que pudiese haber problemas de escasez, empezamos a acumular varios bienes en los que el coste de adquisición se podría disparar, en los que sabemos a ciencia cierta que tendrán una utilidad indiscutible y en los que el coste de preservación es enormemente bajo, como por ejemplo el papel higiénico o las latas de atún (que caducan en muchos años). Es algo que hacemos de forma cuasi inconsciente en cuanto el convenience yield de un bien aumenta notablemente respecto a su coste de preservación.

¿Y qué es el convenience yield? Pues es la medida de cuánto mejor es poseer algo frente a la promesa de poseerlo y vendrá determinado por su utilidad (si es dinero la de intercambio) respecto a la de poseer sustitutos o promesas de tenerlos.

Por ejemplo, sabes que en condiciones normales puedes tener papel higiénico o latas de atún a golpe de click, o dicho de otro modo, puedes tener la promesa de poseerlo, pero si en algún momento estimas que puede haber escasez por un aumento del riesgo de contrapartida como consecuencia de por ejemplo una pandemia, automáticamente calculas que dado que su coste de preservación o deterioro es muy bajo, adquirirlo con dinero en el futuro podría tener un riesgo de contrapartida difícil de ignorar. Al fin y al cabo, qué daño te puede hacer acumular unas latas de atún ante la posibilidad (aunque fuese pequeña) de en algún momento pasar hambre tú o los tuyos?

Las preferencias cambian también de manera radical en lo que a tus inversiones se refiere porque si antes de una pandemia tus saldos de tesorería estaban mayoritariamente en un montón de activos de inversión, la transformación de estos en utilidad es mucho mas remota y complicada que si los conservas en cuentas corrientes.

La cercanía a la utilidad es crítica en el cálculo del convenience yield y una pandemia puede claramente darle la vuelta. Otro ejemplo es el del coche: económicamente es una ruina y sin embargo el coste de acceder a uno solo cuando lo necesitases era enorme antes de internet, por eso valía la pena poseerlo a pesar de estar parado el 90% del tiempo y a pesar de que sufren un deterioro técnico y económico brutales.

Atesoramos cosas con convenience yield (CY) positivo y superior a su coste de preservación, desde tiempo inmemorial

Con el dinero pasa lo mismo

El dinero también se deteriora en sus diversas formas unas más y otras menos. La demanda de dinero también varía porque varían nuestras circunstancias y también varía de unas personas a otras pues la utilidad es diferente entre ellas y con el tiempo.

Los precios cumplen por esto un papel fundamental y es por ello critico dejarlos funcionar sin alteración alguna con el fin de que las personas tomemos las mejores decisiones económicas posibles. El dinero en efectivo tiene el peor coste de preservación porque a veces termina en la lavadora, otras veces se te cae y lo pierdes, y tiene un coste mental estar pendiente de el. Por este motivo tratamos de conservarlo la mínima cantidad de tiempo posible y es un porcentaje muy pequeño del total nuestros saldos de tesorería.

Otro tipo de activos, financieros, tienen retornos que pueden compensar su deterioro, como ocurre con las acciones, los fondos de inversión o los bienes inmobiliarios y el coste mental de preservarlos es muy bajo. Si nos ponemos estrictos, esto serían inversiones frente a otros que serían ahorro.

Estos bienes tienen hechos imponibles con casi cada eventualidad que te puedas imaginar, tienen costes de adquisición, de venta y de mantenimiento, pero estimamos que los retornos que esperamos los compensaran.

Además, cuando prevemos correctamente nuestras necesidades de liquidez en el corto y medio plazo, podemos destinar un porcentaje significativo de nuestro patrimonio a este tipo de activos. Otra cosa es que la Hacienda de turno se de cuenta de la facilidad para gravar estos activos y nos ponga impuestos al comprarlos, al venderlos, al alquilarlos o al no hacer nada o incluso al heredarlos.

El inmobiliario es el activo por excelencia para ser mantenido durante largos periodos de tiempo. Los costes de adquisición y venta hacen una mala idea hacer muchas transacciones (compraventas) y sin embargo el retorno que obtienes con el alquiler consigue compensar su deterioro y por eso podemos decir que se trata de la inversión número uno para Españoles y ciudadanos de todo el mundo. En otras palabras, el inmobiliario es para ser poseído largos períodos de tiempo.

Esto es especialmente así en grandes ciudades con potentes mercados de trabajo en los que el alquiler está cuasi-garantizado y por ello las grandes ciudades tienen siempre un premium inmobiliario frente a las demás.

El oro ha sido a lo largo de la historia un bien en el que su CY era positivo y su bajo deterioro y dilución por inflación justificaban atesorarlo. Si bien la escasez es irrelevante en la mayor parte de los bienes, no es así en los que tienen utilidad monetaria (la escasez supone un honest signal).

Pero a medida que la economía empezó a crecer significativamente durante el S. XIX, el CY del oro bajó en cuanto empezamos a necesitar transacciones más rápidas, más lejos o con una divisibilidad mejor. Esto unido a un coste de custodia y validación menores, hicieron que empezásemos a preferir el dinero fiduciario masivamente durante ese siglo y cada vez más durante el S XX.

Bitcoin rompe los economics de la posesión

El hecho de que Bitcoin sea digital, imposible de duplicar y estrictamente escaso, lo convierte en un activo que cambia por completo los economics de los bienes físicos.

Su CY es muy alto porque el riesgo de contrapartida es muy inferior si lo posees tu que si lo tiene que poseer un tercero por tí y estos terceros ofrecen muchas menos ventajas respecto a Bitcoin, de las que el dinero fiduciario ofrece respecto al oro. Por lo tanto, lo que determina el incentivo de atesorarlo, que es el CY menos el coste de preservación, es muy superior en el caso de Bitcoin que en el caso de ningún otro activo conocido.

Pero sobre todo su extraordinariamente bajo coste de preservación (función del tiempo), hace que Bitcoin esté especialmente indicado para ser poseido durante largos períodos de tiempo. Esto hace que la gente que aprecia su utilidad, lo tienda a atesorar y es este atesoramiento el que, a pesar de su elevada volatilidad, lo hace en el medio y largo plazo aumentar espectacularmente de precio. Otra cosa es que el mercado esté tardando en entender esta utilidad.

Creo que es probable que ni siquiera muchos de los que me leen sean conscientes del valor que, si mi análisis está en lo cierto, puede llegar a alcanzar 1 BTC. Ojo, aún así ya he explicado muchas veces que también opino que comprar mucho Bitcoin es una mala idea porque la volatilidad es muy complicado de gestionar.

Pero los economics de poseer Bitcoin son brutales y para seguir este ritmo, no tiene que hacer absolutamente nada diferente a lo que ha hecho durante los últimos 11 años desde su concepción.

En otro post os hablaré del FOMO que estimo esta a punto de llegar a medida que la oferta de bitcoins desde los mineros sea muy inferior a lo que el mercado demanda.

Y finalmente, aprovecho este post para invitarte a visitar mi recién estrenado site donde voy a publicar también sobre otros temas que me interesan. 

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