Enfrentándote a ti mismo a la hora de invertir (Primera parte)

Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo, y saldrás triunfador
de cien batallas
-Sun Tzu, “El Arte de la Guerra”

El rival más importante que encontraremos al momento de invertir somos nosotros mismos, ya que la manera como nuestra mente mira el mundo nos genera sesgos que nos pueden influenciar al momento de tomar decisiones sobre todos los aspectos de nuestra vida incluyendo las decisiones de inversión.

¿A qué tipo de sesgos mentales nos enfrentamos?

Estudios realizados por Thaler, Kahneman, entre otros autores, señalan como la manera en que sentimos y pensamos afectan nuestras decisiones de inversión, a estas influencias mentales se les llama “Sesgos Conductuales”.

Existen dos tipos de Sesgos Conductuales que pueden influenciar nuestras decisiones de inversión. Por un lado, tenemos a los Sesgos Emocionales, que hablan acerca de cómo nos sentimos y resulta del razonamiento influenciado por nuestros sentimientos. Por otro lado, tenemos a los Sesgos Cognitivos, que hablan de como pensamos y de cómo los errores cognitivos están asociados tanto a la manera en la que procesamos la información como a los errores que puede enfrentar nuestra memoria.

En este artículo desarrollaremos los Sesgos Emocionales más comunes a los que nos enfrentamos a la hora de invertir. Y en el próximo artículo desarrollaremos los Sesgos Cognitivos.

¿A quién le gusta perder? (Aversión a la pérdida)

¿Te pasó alguna vez que el dolor de perder algo fue más profundo que la satisfacción de haberlo ganado?, pues a la mayoría nos ha pasado más de una vez. A esto se le llama aversión a la pérdida, y posiblemente todos la tengamos, aunque en diferente grado.

La aversión a la pérdida nos llevará a tomar riesgos solo en la medida que el potencial beneficio sea considerablemente mayor a la potencial pérdida. En el caso de buscar una opción de inversión, dependiendo del nivel de aversión a la pérdida que tengamos, nuestro universo de opciones de inversión se podría restringir de manera importante y podríamos perder mucho tiempo (y dinero) en buscar esa inversión ideal a la que llamaremos “unicornio” de altísima rentabilidad con muy bajo riesgo.

En lugar de buscar está inversión “unicornio”, es más recomendable buscar entender el riesgo en lugar de temerle. Todas las inversiones traen riesgo y mientras mayor sea el riesgo asumido, mayor será la potencial rentabilidad, por tanto, hay que buscar asumir riesgo, pero de manera estudiada y calculada. 

Por otro lado, lo más común es ver casos de inversionistas que inicialmente se comprometen a hacer una inversión de largo plazo, como en la bolsa de valores, en inmuebles o en un emprendimiento, pero al primer potencial problema detectado o al momento de generar una pequeña ganancia inicial, buscan retirar el total de su inversión ya sea por miedo a tener una pérdida mayor o a perder lo ya ganado, imposibilitando así que la inversión madure de manera satisfactoria en rentabilidades más elevadas en el futuro. 

Algo que nos puede ayudar en caso seamos muy sensibles a la pérdida, es no ahogarnos en indicadores financieros que nos hagan correr apenas veamos algún número que no nos guste. Busquemos también no hacer seguimientos tan continuos de nuestras inversiones de largo plazo ya que necesitan tiempo para madurar y esto no se verá de un día para otro. Y, por último, podemos ir inyectando riesgo a nuestras inversiones poco a poco para ir venciendo el temor progresivamente.

La zona de confort (status quo)

Probablemente todos hemos sido víctimas alguna vez de una rutina, es decir ese ritual que hacemos cada día de manera similar (puede ser la manera como preparamos el desayuno, o lo primero que hacemos al llegar al trabajo) y si algo cambia en esa rutina automáticamente nos sentimos incómodos, sentimos que ya no estamos en nuestra zona de confort.

Esto sucede, porque repetir una decisión nos da de alguna manera la sensación de tranquilidad de un espacio seguro y libre de riesgo en el que se cree que todo va a salir igual de bien que la última vez, y por tanto, generan en nuestra mente una sensación agradable y de confianza. Pero, en el mundo real, sabemos que las cosas siempre cambian o que todos los retos no son iguales y, por tanto, repetir una decisión no siempre traerá el mismo resultado. En el fútbol, por ejemplo, hay una frase muy común que dice “equipo que gana no se cambia”, pero la realidad es que cada partido es una historia diferente. 

A la hora de empezar a invertir esto es relevante ya que nuestra zona de confort nos lleva a pensar que, si algo ha resultado antes debemos seguir haciéndolo de la misma manera, cuando en realidad, existen diferentes tipos de portafolios de inversión que podemos hacer según nuestros objetivos y necesidades de inversión. Por ejemplo, no podemos usar el mismo portafolio de inversión si buscamos recibir una renta mensual de jubilación que si buscamos ahorrar para una futura maestría, ya que cada uno necesita tipos de activo y tratamiento diferentes.

Esto es difícil de combatir de un momento a otro, por tanto, podemos entrenar nuestra mente buscando salir de nuestra zona de confort en cada oportunidad que tengamos. Por otro lado, puedes poner a prueba tus creencias versus los hechos llevando un registro claro de tus resultados de inversión pasados, donde comprobarás que tu estrategia de confort no siempre funcionó como esperabas.

El que peca de ser muy confiado (exceso de confianza)

Si en algún momento has pensado que siempre puedes ganar, probablemente se estaba sobreestimando la calidad de tu propio juicio. Esto usualmente se traduce en que al iniciar cualquier proyecto estarás muy emocionado y optimista de que todo saldrá bien y se reste importancia al tipo de riesgo que se está asumiendo.

En inversiones pecar de exceso de confianza resulta en subestimar el riesgo asumido en una inversión, lo cual puede ser fatal en términos de resultados. Probablemente esto impacte tanto a principiantes que no conocen muy bien a que riesgos se enfrentan como a gente muy experimentada que cree que ya lo vio todo y está preparado para superar cualquier circunstancia del mercado.

Es importante darse cuenta de qué es lo que está alimentando ese exceso de confianza, una de las causas comunes es la cantidad de información con la que se cuenta, antes que la calidad de la misma, actualmente, es común pensar que por estar rodeados de información en nuestras redes sociales e internet en general ya conocemos todo lo que hay por conocer sobre el tema, sin detenernos a analizar si la información recibida es de fiar o no.

El que dice "Todo está fríamente calculado" (Ilusión de control)

Se da cuando se cree que se puede influenciar en el resultado de un evento, cuando en realidad esto no es así. Tener la sensación de control en cualquier situación nos da tranquilidad, ya que, si se cree que se tomó una decisión enteramente bajo nuestro control, también se creerá que las consecuencias pueden ser controladas.

Algunos ejemplos clásicos se dan en los juegos de azar, como por ejemplo cuando vemos que algunas personas “soplan” los dados antes de lanzarlos pensando que así se sacarán mejores números, o cuando preferimos elegir nuestros “números de la suerte” al jugar la lotería, pensando que eso incrementará nuestras probabilidades de ganar.

En inversiones, este sesgo ocurre de dos maneras. Una es cuando se quieren trasladar estas “cábalas”, rituales o reglas muy estrictas a nuestro proceso de toma de decisiones de inversión, como cuando decimos que no compraremos nada por encima o por debajo de un determinado precio, pudiendo dejar pasar oportunidades rentables. La otra manera en la que se presenta este sesgo, es cuando ante cualquier noticia que vemos o escuchamos queremos modificar nuestro plan de inversión o nuestro portafolio inmediatamente, ya que sentimos el temor de que si no tomamos acción estamos vulnerables y a merced de la coyuntura.

Ante esto, vale la pena cuestionarse por qué sufrimos tanto cuando sentimos que no tenemos el control, cuando en la vida real y en las inversiones hay muy pocas cosas que están bajo nuestro control, debemos entonces tratar de cambiar nuestra percepción. Por otro lado, al ir comprendiendo esto, enfócate en las cosas en las que si tienes el control, por ejemplo, no tenemos control sobre la evolución de los mercados financieros, pero sí en entender los tipos de riegos a los que nos exponemos a la hora de invertir.

Comienza a dominar tu mente

Los Sesgos Emocionales a la hora de invertir son parte de nuestra naturaleza humana y por tanto son inevitables. La idea es tratar de encontrar cómo sobrellevarlos, cosa que no encontrarás en un libro de finanzas, entonces la respuesta tal vez esté dentro de cada uno de nosotros; la disciplina, la reflexión y la capacidad de escuchar son claves para poder entender qué tipo de Sesgos Emocionales estás enfrentando y cómo sacar adelante tus inversiones a pesar de ellos.
Hemos revisado los principales Sesgos Emocionales brindándote consejos que te pueden ayudar a sobrellevar cada uno de ellos.

 Al mismo tiempo, un consejo general es que no pierdas de vista el objetivo real de tu inversión, es decir la razón por la que has decidido empezar a invertir (por ejemplo, ahorrar para la universidad de tus hijos, comprar una propiedad para tu familia, tu libertad financiera, etc), ya que esa convicción es la que te convencerá y motivará de continuar disciplinadamente con tu inversión más que cualquier métrica o indicador financiero que puedas encontrar.

Recuerda, tu mayor rival al momento de invertir eres tú mismo.

Ahora que hemos revisado los Sesgos Emocionales más comunes, en mi siguiente artículo estaremos revisando otro tipo de sesgos que se presentan a la hora de invertir, los Sesgos Cognitivos. 

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  1. en respuesta a numerarius
    -
    #2
    11/03/21 17:28
    Excelente reflexión !
  2. #1
    11/03/21 06:05
    Llevo algo más de ocho años con fondos indexados y algo que me parece bonito de compartir es lo siguiente. Cuanto mayor es la plusvalía acumulada, mayor es la caída que podríamos encajar sin entrar en pérdidas. Recuerdo bien que cuando llevaba alrededor de un +40%, hubo una caída importante que dejó la ganancia en +25%. En ese momento pensé: qué bien que ya llevo un tiempo y esta caída no me ha dejado en números rojos. Seguimos. Y no me fui. Ahora, la rentabilidad llegará al 100% en algún tiempo, previsiblemente. Puede haber una caída que me ponga en rojo, pero ya tendrá que ser de más del 50%. A medida que avanza el tiempo, estar en rojo es más difícil. Eso cuando a uno se lo enseñan en gràficas con probabilidades a 20 años y tal, es una cosa, y cuando lo vive, otra.

    Cuando estalló la crisis del coronavirus, acababa de empezar los fondos indexados de mis hijos, y se les pusieron en rojo. Su disgusto fue bastante importante, el mío no. Se recuperó y ahora están en un positivo majo por el poco tiempo que llevan. Me alegro de que ya hayan aprendido a soportar unas pérdidas temporales moderadas a edades de un dígito. 

    Un día yo me moriré, heredarán mis pequeños fondos (para eso invierto, entre otras cosas) y las ganancias acumuladas espero que sean poco relevantes respecto a la pérdida de su padre. A mí, desde luego, me va a importar poco, ni lo veré ni lo disfrutaré, ya disfruto del proyecto toda la vida. Hace poco hicimos el mayor y yo una simulación extrapolando con una hora de cálculo para su edad de 28 años y dijo "entonces, papá, si ahorro todo esto, seré rico?" Y eso, señores, no tiene precio en euros. Igual que a mí me ayudó a asumir riesgo y relativizar las pérdidas económicas invertir el dinero heredado de mi madre a su fallecimiento, espero que algo parecido les pase a mis hijos, con algo del camino ya andado.