La (peligrosa) inocencia de los que creen los mercados son previsibles

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Solemos pensar en los mercados como sistemas simples dónde aplica la lógica de primer orden. Ya sabéis, en los que un estímulo provoca una respuesta previsible.

Pero nada más lejos de la realidad.

Los mercados son de los sistemas más complejos que existen, y son por tanto difícilmente comprensibles y por tanto (humanamente) imposibles de anticipar. 

Y es que los sistemas complejos lo ponen de lo más complicado. En estos, lejos de poder establecerse líneas evidentes de causalidad lo que sucede es que la respuesta puede resultar muchas veces aleatoria a ojos del inocente. 

Pero aleatoria no lo es nunca. Otro tema es que desde nuestra posición, de escasa información y conocimiento,  el nexo entre el estímulo y reacción parezca absolutamente inconexo.

Es más, en los mercados las explicaciones son casi siempre a posteriori y aproximadas. Es decir, una subida o una caída se explican con la información que se tiene más a mano siendo esta casi siempre una burda simplificación de una interacción infinitamente más compleja. 

Así que muchas veces creemos saber interpretar lo que a pasado y muy probablemente la gran mayoría de veces lo hacemos incorrectamente. Entendemos con lo que "podemos" y esto muy pocas veces será lo correcto. 

Tenemos que conformarnos con alguna correlación que pase por ahí y aprovechar para aplicarle causalidad. 

Es como el famoso ejemplo de los helados y los ahogamientos. Ambos pasan en verano, pero uno no tiene nada que ver con el otro.  

De hecho, la realidad en si es mucho más cómica que eso. Es el propio movimiento de los mercados el que genera la narrativa  (la explicación) y no al revés.

Muchas veces, "de repente", parece como que algo que ya estaba ahí pasa a importar. El mercado "lo señala". Esta semana ha sido un gran ejemplo. El mercado fue capaz de subir con fuerza el miércoles y el jueves, súbitamente, caía con fuerza con solo ligerísimos cambios en la realidad subyacente. 

Esto sin duda también caracteriza a los sistemas complejos, son mucho más desestabilizables de lo que parece. Funcionaria muy bien el símil de la gota que colma el vaso.

Un poco de mala noticia es tolerable, pero una "gota" más es lo que activa el miedo y el miedo como sabemos puede generar efectos exponenciales. Yo me asusto, tu te asustas al verme asustado, y así en una cadena que prende rapidísimamente. 

Es por ello que pretender conocer cuales son los umbrales de dolor de los mercados, los puntos de inflexión, es tan y tan difícil. 

Y es por ello que el veterano que ha sido tantas veces lastimado por esa creencia casi mágica de que el mercado se puede anticipar, no puede evitar reír discretamente cada vez que el recién llegado cree poder hacerlo con esa falta de humildad del que no sabe que no sabe nada. 

 


  1. #1
    12/07/21 09:00
    Sobre la teoría de los mercados eficientes:
    "...Cuando me refiero a esta teoría, también uso la palabra eficiente, pero lo hago en el sentido de "rápido, instantáneo para incorporar la información", no tanto en el sentido de "correcto".
    Estoy de acuerdo en que debido a que los inversores trabajan duro para analizar toda la información disponible, los precios de los activos reflejan la VISIÓN DE CONSENSO sobre las implicaciones de esa información. Sin embargo, CONSIDERO que la visión de consenso NO TIENE POR QUÉ SER LA CORRECTA. En enero de 2000, Yahoo cotizaba a 237 dólares. En abril de 2001 estaba a 11 dólares. Cualquier persona que piense que, en ambos momentos, el mercado estaba en lo correcto es que no tiene los pies en la tierra; en al menos uno de los dos casos tenía que estar equivocado. Ahora bien, esto no significa que los inversores sean capaces de identificar y actuar en función de las imprecisiones del mercado.
    Si los precios en los mercados eficientes reflejan el consenso, actuar de acuerdo a este consenso, hará que muy probablemente, obtenga tan solo un rendimiento medio. PARA BATIR AL MERCADO SE DEBE TENER UNA VISIÓN IDIOSINCRÁSICA, o fuera del consenso..."  

    Lo más importante para invertir con sentido común. Howard Marks.