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Blog Enrique Gallego
Consejos de inversión de un autodidacta que ha alcanzado la independiencia financiera.

Kike Junior (IX) Miedo y gestión del riesgo

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Cuarta observación mensual

Ninguna de las reglas de gestión del plan da señal de compra o de venta:

  • El % de riesgo (61,60%) está dentro de la banda de fluctuación 45%-75%, por lo que no hay que comprar o vender ninguna unidad de inversión por este motivo.
  •  El % resultado latente RV (6,99%) está por encima del -6,00%, que activa la compra de una unidad de inversión.
  • R (0,07) está por debajo de O fijado para la fecha en 0,09
  • No ha habido ninguna venta por lo que no procede considerar recompras

La liquidez se ha incrementado euros por la liquidación mensual de intereses de la cuenta corriente hasta 7.201,33 euros.

Tras una subida del 7% en el breve período transcurrido desde el inicio del plan nos acercamos a la zona que activaría la primera señal de toma de beneficios.

En momentos de fuerte subida, si no disponemos de unas reglas que guíen nuestra toma de decisiones es probable que las emociones tomen el control y nos arrastren a cometer decisiones equivocadas que, según las personas, pueden ir desde comprar más, incluso agotando toda la liquidez disponible, a vender todo.

El objetivo de sistemas como Kike Junior es precisamente es despojarnos de la “habilidad negativa” provocada por la toma de decisiones basada en las emociones y no en la racionalidad.

Lo maravilloso de Internet es que podemos acceder a una enorme cantidad de información dentro de la cual es probable que esté la mejor respuesta a lo que buscamos. Lo terrible es que no está estructurada de una forma que permita encontrar esa mejor respuesta.

En un portal como Rankia en donde se están incorporando diariamente una gran cantidad de contenidos de lo más variopinto, el distinguir la señal de lo importante del ruido de lo insignificante o erróneo no es fácil, ni ayuda siempre una supuesta inteligencia colectiva basada en el número de recomendaciones o comentarios positivos.

En los últimos días mi personal criterio de selección ha detectado dos artículos interesantes y recomendables que, más allá de lo concreto, tocan dos conceptos fundamentales en los mercados financieros, las emociones y la gestión del riesgo.

El primero, poco popular, es del blog de Tomás García, blog menos conocido de lo que su calidad merece.

Aborda la aparición del miedo como respuesta natural a la incertidumbre de los procesos de inversión. Y de como la mejor respuesta es disponer de un plan que tenga previstas todas las posibilidades, incluidos largos períodos de resultados positivos o negativos, y haya diseñado respuestas para responder a cada una de ellas. Una “música” que suena igual que la de Kike Junior aplicada a una forma de operativa distinta, la del trading, lo que supone diferencias en aspectos concretos, pero plena coincidencia en señalar lo verdaderamente importante, el peso negativo de las emociones y el contrapeso positivo de la planificación.

En definitiva, nada nuevo, porque es muy difícil ser original en este mundillo y harto desaconsejable empeñarse en serlo. La gran utilidad de esta continua “prédica” que algunos hacemos hasta ponernos pesados es estar señalando la vía correcta, como la brújula señala el norte, frente al ruido del mercado lleno de peligrosas tentaciones en forma de seductores contenidos volcados en los servidores de Rankia que nos incitan a desviarnos del recto camino.

El segundo en cambio es de lo más popular porque aborda el asunto que en la actualidad tiene más “morbo” dentro del mundillo de las inversiones financieras en España, “el caso Arytza”. Si Mediaset tuviera un “Sálvame” dedicado a las inversiones habría sido un tema estrella en los últimos años.

Lo importante en este caso, más allá del “salseo” Paramés-Bestinver-Guzmán-Bernad, son las lecciones que pueden extraerse de la desafortunada inversión en Arytza.

El artículo nos brinda en su primera parte un estudio muy riguroso y bien documentado de lo sucedido, en la línea de lo que debería ser el buen periodismo económico. Creo que es lo más interesante del artículo en sí mismo.

También son muy interesantes sus comentarios sobre los sesgos cognitivos a la hora de valorar las decisiones de un gurú de la inversión.

Suponemos que alguien por haber acertado mucho es un genio y va a seguir acertando en el futuro.  Aceptamos acríticamente sus decisiones.

Concentramos nuestras inversiones en él o, peor, jugamos al muy peligroso juego del seguidismo comprando directamente lo que nos dice que está comprando.

Tendemos a buscar todo tipo de justificaciones cuando las cosas empiezan a ir mal porque ya no está en juego sólo el ego del gestor sino también el nuestro por haber confiado en él.

Suponemos ingenuamente que si alguna inversión ha caído mucho algún día se recuperará y volverá a sus máximos. O si la cosa se pone tan fea que empezamos a perder la confianza, esperamos que al menos subirá hasta igualar nuestro precio de compra para vender sin incurrir en pérdidas dejando a salvo nuestro ego.

Al final, cuando la triste realidad se impone perdemos bruscamente nuestra confianza con el riesgo de pasarnos de un extremo a otro, del amor ciego al odio irracional.

Sigue la parte analítica, más discutible.

Cuenta dos anécdotas. Pero en las anécdotas hay dos categorías, las que son relevantes y las que no. Una anécdota solo es relevante cuando a través de hechos concretos logra transmitir ideas, realidades o conceptos complejos y abstractos. Curiosamente, el artículo nos muestra un ejemplo de ambas categorías.

La anécdota de la hamburguesa es irrelevante por dos razones. Primero, porque no hay ninguna certeza de que el pan fuera fabricado por Arytza. Aunque sea el proveedor básico resulta poco probable y nada aconsejable para McDonalds el que algo que se consume a escala planetaria en decenas de miles de sitos lo fabrique un único suministrador sin crear rigideces, cuellos de botella y una peligrosa dependencia del proveedor. Segundo, suponiendo que el pan proceda efectivamente de Arytza, sus deficiencias pueden deberse más a problemas de conservación durante el transporte o el almacenamiento que a un defecto de fabricación, siendo bastante verosímil que sea la causa en este caso.

En cambio, la de Coop sí es una anécdota relevante. Si un gran cliente puede sustituir el encargo a un proveedor externo por la fabricación con medios propios sin perjudicar al producto, quedan seriamente cuestionados los dos aspectos esenciales que hacen viable un negocio: la diferenciación que permite construir barreras de entrada ofreciendo un producto exclusivo y la competitividad en precio que puede actuar como barrera si no somos capaces de diferenciarnos. Una empresa puede ofrecer un producto diferenciado a un alto precio o un producto estándar a un bajo precio, pero no un producto estándar a alto precio, a la larga será expulsada del mercado. Esa es la gran duda sobre Arytza que plantea con mucho acierto Yasunao.

Sin embargo, su aproximación está obviando lo más importante que no es el mayor o menor acierto en el análisis sino en la gestión del riesgo asumido. Un buen análisis con una mala gestión del riesgo tiene muchas probabilidades de conducir al desastre, mientras que lo contrario, aunque difícilmente va a conseguir buenos resultados y siempre serán debidos al azar, sí va a evitar pérdidas que comprometan el resultado a largo plazo.

En Internet más allá del cuerpo del artículo, este se puede enriquecer y volverse más interesante si los comentarios son de calidad. Y aquí tenemos un buen ejemplo. Son los comentarios los que reorientan el enfoque centrándolo en la mala gestión del riesgo.

Cerril12 señala que el problema está en haber promediado a la baja, algo que “nunca se debe hacer”. Pero esto no es así, las estrategias value son de opinión contraria y las compras a la baja no sólo son aceptables sino aconsejables. Quién da en el clavo es Valentin el problema no es promediar en una inversión sino el no limitar el riesgo asumido. Y Villaboa remacha rebatiendo la falacia de confundir inversión en valor con estrategias de concentración en unas pocas empresas supuestamente excelentes y de máximo potencial.

Este ha sido el gran error de Paramés, por muy convencido que estuviera de la oportunidad de su inversión, en algún momento debió ser consciente del gran volumen de dinero “apostado” y de las consecuencias de que, contra pronóstico, algo saliera mal. Y, en consecuencia, no debió seguir arriesgando más dinero.

Los posibles errores analíticos son discutibles, porque al analizarlos podemos caer en el error de analizar una situación pasada con los datos del presente. Es decir, es posible, incluso probable, que el análisis inicial fuese correcto con los datos disponibles en ese momento. Lo incorrecto es no haber fijado un límite máximo de exposición, por si nuestra visión era equivocada o por si aparecían nuevas circunstancias no previstas inicialmente y, además, empeñarse en aumentar el riesgo cuando aparecen datos y situaciones que debieran al menos crear dudas.

Por ello, yo sintetizaría mi opinión al respecto afirmando que Paramés es un buen analista y un mal gestor.

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  1. #1

    Yasunao

    Muchas gracias por la mención.

    Lleva usted razón en que la "anécdota" del McDonalds no es ni rigurosa ni concluyente, si bien es lo que sirvió de revulsivo para escribir el artículo y resucitar un blog que llevaba 7 años en stand-by.

    Habría que repetir la experiencia y cerciorarse de si la calidad de ese pan es consistentemente mala, y si efectivamente tiene algo que ver con Aryzta, aunque lo que quería transmitir es que el hecho de que exista cierta probabilidad debería conducirnos a la cautela.

    Me alegro de que haya disfrutado del resto del artículo, así como de los enriquecedores comentarios.

  2. #2

    TomasGarciap

    Interesante reflexión, Enrique. Y ¡muchas gracias por incluirme en el artículo!

Autor del blog

  • Enrique Gallego

    Autodidacta que ha alcanzado el éxito en sus estrategias de inversión, hasta el punto de alcanzar su independencia financiera.

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