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La inversión indexada se ha convertido en los últimos 20 años en una de las estrategias que más ha ido creciendo, con una inversión global estimada de 10 billones de dólares, replicando una amplia gama de índices de referencia de distintas clases de activos en una gran variedad de vehículos de inversión. Supone un estilo de inversión que atrae a diversos inversores institucionales, que van desde los fondos de pensiones a las instituciones soberanas. De hecho, en conjunto, las instituciones soberanas gestionan alrededor de 16 billones de dólares, de los que una parte cada vez mayor se destina a inversiones pasivas. 

 

Durante las últimas décadas, los bancos centrales han invertido en liquidez y en renta fija de alta calificación, sobretodo en bonos soberanos. Sin embargo, en los últimos años, hemos apreciado cierto cambio en sus perfiles de inversión. Han ido aumentando la diversificación y alejándose de los bonos soberanos, impulsados en gran parte por los bajos rendimientos nominales de la deuda gubernamental. Esto ha hecho que sea más difícil para los bancos centrales proteger el valor real de sus reservas, las cuales –en muchos casos- han alcanzado un tamaño mucho mayor del necesario para cumplir su mandato. 

Además. si por algo se caracteriza el entorno actual es por una falta de productos que puedan ofrecer un retorno absoluto relativamente estable, un papel que antes cumplían totalmente las inversiones en renta fija. Dada la creciente incertidumbre en estos mercados, así como la probabilidad de que se inviertan los tipos de interés, no nos sorprende tanto que hayan decidido optar  por la renta variable, que no sólo aumenta los rendimientos  sino que también supone una importante fuente de diversificación del riesgo.

 

¿Cómo invierten los Bancos Centrales en renta variable?

Una vía es, efectivamente, la réplica de índices. Las causas reputacionales disuaden a los bancos centrales de ser vistos como gestores activos por lo que la réplica de índices les ofrece una buena vía para invertir en bolsa en este entorno. 

Para muchos bancos centrales, expandir su universo de inversión ha supuesto diversos retos, en concreto con todo lo relacionado con la experiencia interna de inversión. Tal y como hemos señalado anteriormente, los recursos de los bancos centrales han estado orientados en gran medida hacia los procesos de renta fija, junto con las cuestiones de transparencia y regulación. Con los bancos centrales ejerciendo una función de supervisión en muchas jurisdicciones, a lo que se suman las inversiones en el sector privado y el comportamiento con fines de lucro, estas instituciones se han visto enfrentadas al escrutinio público. Pero hay una solución: La compra de beta a bajo coste ofrece a los bancos centrales una forma efectiva de invertir en renta variable.

De esta forma, no se percibe que los bancos centrales tengan una visión propia y subjetiva sobre los mercados y las compañías, con lo que se reduce el riesgo reputacional. En este sentido, los índices de referencia personalizados están resultando populares, ya que permiten aplicar restricciones y ciertos criterios de exclusión. Asimismo, las rentabilidades que  que ha ofrecido la gestión activa durante la última década han hecho que muchos inversores se pregunten si ha merecido la pena pagar comisiones más elevadas para la obtención de alfa. Y, no nos olvidemos: las comisiones de la gestión pasiva son relativamente hablando bastante menores a las de la gestión activa.

 

 

Pedro Coelho

Director de UBS ETF para España y Portugal

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