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10 años de la caída de Lehman Brothers

La quiebra del que fuera el cuarto banco de inversión de Estados Unidos se ha convertido, con el paso del tiempo, en la imagen icónica de la crisis financiera global.

Lunes 15 de septiembre de 2008. La imagen de los trabajadores de Lehman Brothers abandonando la entidad con sus objetos personales en cajas da la vuelta al mundo. Uno de esos bancos demasiado grandes para caer había sido derribado, presa de sus operaciones con las titulizaciones de hipotecas subprime.

A lo largo del artículo os compartiremos las vivencias de varios profesionales del sector durante la caída Lehman.

La caída de Lehman Brothers

 

Antonio Aspas, Socio de Buy & Hold

En los 20 años que llevo dedicado a los mercados financieros hay dos fechas que recuerdo con gran intensidad, la primera es la del 11-S con el derrumbe de las torres gemelas y la segunda es la quiebra de Lehman, con las imágenes de los empleados abandonando las oficinas con cajas de cartón.

Mientras que en el caso de las torres gemelas los inversores percibieron de inmediato la gravedad de lo ocurrido y las implicaciones que podía tener para la economía mundial, en el caso de Lehman la situación me recuerda más a la de un tsunami, donde primero se produce un terremoto en alta mar y posteriormente se produce una ola con efectos devastadores. El día de la quiebra de Lehman se produjeron fuertes caídas en los mercados, pero conforme iban pasando los días, los inversores iban dándose cuenta del verdadero impacto de la tragedia e iban entrando en pánico. Las caídas vividas en octubre de 2008 son difíciles de olvidar con caídas durante varios días superiores al 5% en los mercados.

Después de tantos años aún me sigue impresionando el nivel de pánico y de euforia que llegan a alcanzar los inversores y como se ponen en escenarios totalmente catastrofistas y cercanos al holocausto financiero un día y al otro pasan a creerse alquimistas, capaces de transformar el plomo en oro. Como dijo Warren Buffet “si no estás preparado para ver caer tu inversión un 50% sin entrar en pánico, no inviertas en la bolsa de valores”

Creo que la principal consecuencias que ha traído la quiebra de Lehman ha sido el aumento en los requerimientos de capital de los bancos y el mayor control sobre los mismos, ya que ha servido para hacernos recordar que las crisis económicas más graves son las que vienen acompañadas de una crisis financiera y por lo tanto es fundamental mantener un sistema financiero fuertemente capitalizado.

Lo que ya no se es cuánto tiempo recordaremos esta lección…

Ennio Doris, fundador y presidente del Grupo Mediolanum

En septiembre de 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers, el Grupo Mediolanum afrontaba una situación compleja. Tenía más de 10.000 clientes afectados que habían invertido más de 200 millones de euros en productos estructurados creados por el Grupo que utilizaban los bonos de Lehman Brothers como subyacente. En España, los clientes afectados de Banco Mediolanum, el banco español propiedad del grupo italiano, ascendían a poco más de 1.400, con una inversión total de 45 millones de euros.

En el contrato de esos productos quedaba claro que era el emisor —Lehman Brothers— el responsable de la devolución de la inversión, no el Grupo Mediolanum, creador del producto. Sin embargo, Ennio Doris, fundador y presidente del Grupo Mediolanum, era consciente de que los clientes habían contratado un producto creado por Mediolanum. “Darles la espalda era quebrar su confianza e ir en contra de nuestros principios de trabajar en el interés del cliente”, relata Massimo Doris, consejero delegado del Grupo e hijo del fundador.

Cuando la crisis de las subprime empezó a mostrar su verdadera dimensión, en la mente de Ennio Doris comenzó a madurar de motu proprio la idea de restituir el capital a los clientes si era necesario. Como hijo de una familia modesta, de niño vivió las dificultades económicas de un hogar humilde y cuando en 1982 fundó lo que hoy es Grupo Mediolanum, lo hizo para ser útil a los clientes, convencido de que cuando estos le confiaban su dinero, le entregaban su vida, sus ahorros. Con esta filosofía, no podía fallarles.

De este modo, el 18 de septiembre de 2008, tres días después de la quiebra de Lehman Brothers, Ennio Doris anunció que tomaría medidas para que los clientes que suscribieron esos productos estructurados no sufrieran el impacto de la quiebra del banco de inversión estadounidense.

“Siempre hemos dicho que somos un banco diferente y esta es la ocasión de demostrarlo — dijo Ennio Doris. Y así fue. Conjuntamente, “los socios mayoritarios, la familia Doris y Fininvest, decidieron aportar 120 millones de euros para evitar a los clientes el impacto de la quiebra de Lehman Brothers en los productos estructurados que habían contratado con Mediolanum.

Durante varias semanas se trabajó con el departamento legal para encontrar el mecanismo de restitución. Y no fue sencillo. Por ejemplo, dar simplemente el dinero a los clientes se hubiese considerado una donación y hubiese tenido un coste para estos.

Finalmente, en las postrimerías de octubre, el grupo Mediolanum, anunció la solución: la modificación del producto inicialmente creado, sustituyendo el bono de Lehman por uno de otra entidad, de manera que al vencimiento del producto el cliente recuperaría el dinero invertido. El coste de la operación lo asumieron los accionistas mayoritarios. “Fue una operación única en el mercado”, afirma Massimo Doris.

El apoyo a los clientes y la confianza que generó entre ellos esta decisión representan un punto de inflexión. Ya desde el primer momento quedó claro que la decisión de rescatar a los clientes de los efectos de la quiebra fue una de las más acertadas de la historia del Grupo. Así, por ejemplo, al año siguiente, mientras el sector financiero vivía uno de los peores años de su historia, Mediolanum logró su récord histórico de crecimiento.

"No es un mero eslogan, de verdad en Mediolanum el cliente está en el centro”, concluye Massimo Doris.

Para más información sobre la gestión de Ennio Doris en la caída de Lehman Brothers podéis consultar el siguiente post.

Lorenzo Serratosa, CEO de KAU Markets

Dicen los expertos que no se es un buen gestor hasta que se han pasado algunas crisis, son las cicatrices de guerra de los financieros, las que demuestran que se ha vivido en los campos de batalla, se ha peleado, se ha sufrido y aún se sobrevive. Uno de esos campos de batalla fue el que se creó en 2008 en todos los mercados. Como si al grito de, “Espartanos, preparaos el desayuno y alimentaos bien porque esta noche cenaremos en el infierno” los escudos se juntaran, los dientes rechinaran y nada volviera a ser nunca lo mismo.

Ese campo de batalla tuvo su punto culminante el Lunes 15 de septiembre de 2008, con la imagen de los trabajadores de Lehman Brothers dejando sus oficinas. ¿Se acababa el sistema financiero tal y como lo habíamos conocido? Uno de las grandes bancos americanos acababa de caer, algo que nadie esperaba ni imaginaba ¿iba el sistema capitalista a sobrevivir a esto? ¿Viviríamos una crisis como la de 1929 que nos llevaría a todos a la ruina?

Estas eran las preguntas que estaban sobre la mesa en aquello días, preguntas que tenían muy difícil respuesta en ese momento. En todo caso, esta no fue la primera victima de la guerra y de la crisis que se avecinaba, aunque si el golpe mas fuerte vivido hasta la fecha.

La primera victima fue New Century Financial en abril de 2007, una pequeña entidad dedicada a la concesión de hipotecas de alto riesgo. Luego, en el verano de 2007, quebraron 3 sociedades hipotecarias en EEUU tan solo 3 días. Las señales de la crisis que se avecinaba estaban ahí para el que supiera verlas. En España aún estábamos viviendo los últimos compases del nuestro boom inmobiliario y pocas personas miraban lo que estaba pasando mas allá de nuestros días de vino y rosas. Zapatero gobernaba y se hablaba de superávit y de cómo la economía española se situaba entre las más importantes del mundo. En nuestro caso, a finales del 2007 vendimos gran parte de nuestras posiciones en bolsa, reduciendo nuestra exposición todo lo que pudimos y, ya en enero de 2008, se empezó a ver el inicio del desastre con los mercados cayendo en picado. Luego vendrían las lecturas de una leve desaceleración de nuestra economía y, tras el evento de Lehman, las declaraciones de que nuestro sistema financiero era el más solvente del mundo. Lo demás es historia.

En todo caso, el golpe de Lehman dejó las cosas muy mal para los inversores y costó recuperar el tono y el optimismo. Es francamente difícil recuperarse del campo de batalla por muy bien que hayan ido las cosas. La tensión y el estrés están ahí para todos lo que deben vivirlo en primera persona.

El año fue muy duro, sinceramente. Y para mi no solo en términos financieros, pues en octubre de ese mismo año moría mi padre, algo que cambio mi vida para siempre.

Fonvalcem cerró el 2008 con una rentabilidad de un -24,7%, algo que en aquel momento consideramos razonable dadas las circunstancias. En todo caso los mercados no volvieron a respirar hasta marzo de 2009 que se tocó suelo. Verdaderamente, era complicado confiar en que lo peor había pasado. Por ese motivo volvimos al mercado poco a poco, cogiendo nuevamente confianza en el sistema de manera prudente. Cuando algo golpea tan fuerte no es tan fácil pasar página y ver las cosas con otro color.