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Bonos verdes: cómo despertar al coloso

A continuación os compartimos un artículo elaborado por Ilia Chelomianski, Director adjunto de inversiones del área de Renta Fija y Adnan Siddique, CFA, Redactor del equipo Editorial de Fidelity. En él hablan de los bonos verdes y su impacto en las inversiones.

Fidelity

El cambio climático podría ser uno de los problemas más determinantes del s. XXI. Los mercados financieros son parte de la solución, pero los mercados de renta fija van con retraso a la hora de ofrecer una respuesta. El mercado de bonos “verdes” sigue siendo pequeño, y su falta de homogeneidad y rentabilidades poco competitivas desincentivan a los inversores concienciados con el medio ambiente.

Creemos que existe una forma de abordar estas cuestiones: centrarse en la reducción de las emisiones de carbono en lugar de limitarse a los bonos verdes. Con ayuda de datos tomados de las bolsas, se podría desplazar el foco desde la aplicación exclusiva de un enfoque basado en principios hasta un planteamiento que enfatice el resultado medioambiental.

De este modo, se abre la puerta a una clase de activo que hasta ahora ha carecido de atractivo, y se permite al medio ambiente desempeñar un papel protagonista en una cartera de bonos equilibrada.

Apostar por lo verde

El enfoque convencional de los inversores sobre el cambio climático se ha centrado en gestionar los riesgos en torno a los activos obsoletos. Los inversores pueden filtrar o directamente vender los valores de las empresas que poseen activos potencialmente obsoletos (ver más adelante, al margen).

Este enfoque utiliza el refuerzo negativo para desincentivar proyectos poco respetuosos con el medio ambiente, pero lo más importante es que no ofrece ninguna recompensa a los emisores de bonos que estudian iniciativas medioambientalmente más responsables. Ahí es donde entran los bonos verdes.

Los bonos verdes ofrecen financiación para proyectos que generan efectos beneficiosos para el medio ambiente y contribuyen a una economía más sostenible. Este refuerzo positivo es una ventaja clave, pero presenta dos importantes inconvenientes:

  • No existe una norma universalmente aceptada que defina qué es un bono verde.
  • El universo de bonos verdes se caracteriza por unos rendimientos y diferenciales bajos (gráfico 2, siguiente página), especialmente cuando se compara con una cartera diversificada de deuda corporativa.

Una capa de pintura verde

¿Qué define un bono verde? Varias organizaciones independientes han publicado directrices para los emisores de bonos verdes que fomentan la transparencia. Sin embargo, en teoría cualquiera puede emitir bonos y ponerles la etiqueta de “verdes”. Este hecho amenaza con socavar la confianza en esta clase de activos.

Los Green Bond Principles (publicados en 2014) formalizaron los principios del Banco Mundial, pero solo de forma voluntaria, y dentro de estos principios hay un margen amplio para la interpretación. En 2017, casi una cuarta parte de los bonos verdes no se sometió a una revisión externa*.

Lo que necesita el mercado es un lenguaje común en torno a las herramientas comunes, así como umbrales de “verdor”, índices de referencia e indicadores de impacto consensuados. Desafortunadamente, la proliferación de verificadores externos autorizados hace que sea improbable. Otra consideración es que la normalización no debería asfixiar la innovación que el mercado necesitará para continuar.

*Activos obsoletos: Activos que sufren pérdidas de valor inesperadas o prematuras, debido principalmente a cambios normativos o innovaciones tecnológicas, como por ejemplo las fábricas que utilizan combustibles fósiles y que se enfrentan a la obsolescencia a medida que se vayan aplicando las restricciones a las emisiones de carbono.

Greenium o prima verde

Se espera que las emisiones de bonos verdes superen el volumen récord de 161.000 millones de dólares de 2017 hasta los 250.000 millones en 2018, con un mayor número de emisores en el mercado. El universo de los bonos verdes sigue estando muy influenciado por las entidades del sector público, que han aportado más de la mitad del volumen de emisiones en circulación. Como pueden emitir bonos a bajo precio, los rendimientos y los diferenciales del universo de bonos verdes son inferiores a los del conjunto del mercado de renta fija privada.

En un entorno de rendimientos bajos, muchos inversores no pueden desdeñar ni tan siquiera una pequeña greenium (una prima de bonos verdes que reduce el rendimiento para los inversores, pero brinda financiación más barata a los emisores). Eso podría excluir a los bonos verdes como posición estratégica de una cartera.

Es toda una paradoja para el mercado: la financiación barata anima a los emisores a lanzar proyectos verdes, lo que beneficia a la sociedad, pero esos bajos rendimientos mantienen a raya a algunos inversores.

La solución podría provenir en parte de algún tipo de mejora crediticia, como garantías, deuda subordinada o seguros. Eso elevaría la calificación crediticia de los bonos, lo que podría impulsar el perfil de riesgo-rentabilidad de cara a los inversores.

Los Principios de los Bonos Verdes (GBP, por sus siglas en inglés) cubren:

  • El uso de los fondos obtenidos
  • El proceso de evaluación y selección de proyectos
  • La gestión de los fondos obtenidos
  • La elaboración de informes

Liquidez limitada

La limitada liquidez del mercado plantea un reto similar. Aunque no es un problema en el subsector de administraciones públicas, entidades supranacionales y agencias, sí importa en el mercado corporativo, donde los inversores suelen comprar y mantener las emisiones a más largo plazo. Esta situación se ve acentuada por:

  • La escasa implicación de EE.UU.: la participación es baja por parte de las empresas y organismos públicos de EE.UU. Aunque el mercado es viable sin EE.UU., la ausencia de emisiones estadounidenses reduce considerablemente el potencial de crecimiento a largo plazo de los bonos verdes.
  • La definición excesivamente estrecha de los bonos verdes: además de la ambigüedad que caracteriza a lo que es un bono verde, la definición también da la espalda a una gama más amplia de proyectos “con conciencia medioambiental”. La Climate Bonds Initiative (CBI) estima que la inclusión de los bonos “climáticos” elevaría el tamaño de este universo de 221.000 millones a unos impresionantes 895.000 millones de dólares*. En cualquier caso, la definición de bonos climáticos adolece de la misma falta de precisión en sus normas que los bonos verdes.

*Bonos climáticos: La Iniciativa de Bonos Climáticos (CBI, por sus siglas en inglés) los define como los emitidos por “emisores que obtienen al menos el 95% de sus ingresos de negocios vinculados al clima”, pero no especifica qué actividades están incluidas.

La hierba puede ser más verde

Aunque el mercado de bonos verdes se enfrenta a obstáculos cada vez más grandes, creemos que existe una solución para los inversores que mejora el impacto medioambiental y la rentabilidad potencial. Esta solución conlleva trasladar el énfasis hacia la reducción de las emisiones de carbono, acentuando así el resultado medioambiental, en lugar de centrarse únicamente en el enfoque basado en principios de los bonos verdes.

Si los bonos verdes se suman a los bonos con bajas emisiones de carbono, el universo de inversión crece espectacularmente, con numerosas ventajas:

  • Refuerzo positivo y negativo: los bonos verdes ofrecen un refuerzo positivo al actuar como incentivo para que los emisores emprendan proyectos verdes. Los bonos con bajas emisiones de carbono discriminan a los emisores menos respetuosos con el medio ambiente, actuando así como un refuerzo negativo.
  • Indicadores cuantificables para las credenciales verdes: un mandato de reducción de las emisiones de carbono crea una meta clara y objetiva. Podemos usar los consolidados índices de intensidad de carbono desarrollados para las bolsas con el fin de crear una cartera que reduzca de forma cuantificable la generación de carbono.
  • Replicar las características de los bonos corporativos: resulta posible crear carteras que preserven los objetivos de reducción de emisiones de carbono y que sigan replicando el perfil de riesgo de un índice de renta fija corporativa mundial, usando técnicas de gestión fundamental de carteras

Bonos con bajas emisiones de carbono: un proceso de inversión en tres pasos

PASO 1: Definir el universo: bonos verdes + emisores con bajas emisiones de carbono

Para crear una cartera así, el primer paso es combinar filtros negativos de activos de carbono obsoletos con filtros positivos basados en bonos verdes e índices de bajas emisiones de carbono ampliamente disponibles. Desafortunadamente, no existen índices de referencia de renta fija para la huella de carbono debido a la elevada proporción de emisores privados, lo que dificulta la recopilación de datos, pero los índices de renta variable, como el MSCI Global Low Carbon Leaders Index, pueden ser unas aproximaciones adecuadas.

Este índice de referencia pretende reducir la huella de carbono con respecto al conjunto del mercado en al menos un 50%, excluyendo para ello a las empresas con las mayores tasas de intensidad de emisiones y a las mayores propietarias de reservas de combustibles fósiles. Estos valores de renta variable pueden identificarse con instrumentos de deuda para crear un subconjunto con menores emisiones de carbono de un índice tradicional de bonos corporativos de buena calidad crediticia. El conjunto de bonos resultante representa alrededor del 70% del universo original y reduce la intensidad de emisiones de carbono más de un 40%.

PASO 2: Aplicar un componente activo

La selección activa de títulos puede aumentar el potencial de rentabilidad minimizando las pérdidas provocadas por deterioros de las calificaciones e impagos. El análisis crediticio fundamental puede filtrar y excluir a los emisores más débiles para que la cartera sea más robusta.

PASO 3: Optimizar la cartera

Después, es necesario gestionar la cartera de modo que el rendimiento, la duración y la calificación crediticia repliquen las características de riesgo claves de un índice de renta fija corporativa mundial. Se pueden incorporar todas las restricciones en materia de sectores, países y emisores. La optimización garantiza un nivel mínimo de diversificación, mientras que las posiciones se dimensionan atendiendo al riesgo crediticio. También se pueden incorporar consideraciones sobre liquidez.

Conclusión

El interés por los bonos verdes está aumentando, pero el mercado sufre falta de estandarización, rendimientos bajos y restricciones de liquidez. Los bajos costes pueden atraer a los emisores, pero también alejan a los inversores, lo que dificulta la consecución de las ventajas medioambientales.

Una forma de desbloquear el mercado de bonos verdes es desplazar el énfasis desde un método basado en principios a otro que se centre en el resultado medioambiental de reducción de las emisiones de carbono. Aprovechando el mayor volumen de información de la bolsa y extrapolando esa información al mercado de bonos, podemos crear un universo más amplio, pero más cuantificable, de inversiones “verdes” en renta fija.

Este enfoque preserva las características de riesgo y rentabilidad del universo de renta fija corporativa mundial. La cartera modelo con bajas emisiones de carbono ofrece mayores rendimientos y diferenciales y una duración más alta que el índice de bonos verdes, manteniendo al mismo tiempo las calificaciones crediticias de alta calidad (gráfico 5). Los atributos de la solución son comparables a los índices de renta fija corporativa mundial.

Carteras modelo fidelity