Las finanzas públicas de México controladas temporalmente

Durante el primer año de gobierno el presidente López Obrador cumplió con sus compromisos en el manejo de las finanzas públicas.  En 2019 se logró un superávit en el balance primario de 1.1% del PIB, que significa que los gastos, excluyendo el relacionado con los intereses, fueron menores al total de ingresos y el déficit público de 2.3% del PIB, o sea que incluyendo todos los gastos si fueron mayores que los ingresos. Ambos niveles fueron mejores que lo que se había presupuestado.

Las finanzas públicas de México controladas temporalmente

 

Sin embargo, vale la pena analizar cómo se llegaron a dichos resultados, para evaluar si esos compromisos son sostenibles en el tiempo.  Por el lado de los ingresos la situación no fue nada favorable. Los ingresos petroleros fueron 5.8% menores, en términos reales, a los de 2018 y 8.6% abajo de lo presupuestado.  Esto se debió a que Pemex produjo menos que el año anterior y que lo presupuestado y a la disminución del precio de la mezcla mexicana. El impuesto sobre la renta también fue, descontada la inflación, 2.2% inferior al del año pasado y 3.7% menor a lo presupuestado, en tanto que el IVA se redujo 2.3% respecto a 2018 y 6.2% abajo de la meta de recaudación. Estos resultados se deben a la baja en la actividad económica. Los impuestos especiales a la producción y servicios (IEPS) aumentaron 27.9% en términos reales respecto a 2018 como consecuencia del aumento en el precio de la gasolina.  Para lograr el balance primario se tuvieron que utilizar 121.2 miles de millones de pesos (mmp), equivalente al 44% del superávit del balance primario, del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios, al cual solamente le quedan 158.5 mmp.

 

Desde el inicio de la administración se buscó un mayor control del gasto y la reorientación a programas asistenciales.  La reestructuración del gasto provocó que el gobierno dedicara menos recursos a la inversión y más al gasto corriente. La inversión pública disminuyó 11.8% respecto a 2018 y fue 15% menor a lo presupuestado, lo que tiene una incidencia negativa en el crecimiento de la economía. Como consecuencia de menores tasas de interés el gasto destinado a la deuda fue muy por debajo de lo presupuestado.  Lo que se dejó de gastar en dichos conceptos se transfirió para financiar los programas sociales, los cuáles si bien tienen un impacto de corto plazo en el bienestar de los receptores, no contribuyen de manera sostenida al crecimiento económico como lo hace la inversión. 

 

La baja en los ingresos públicos se fue acentuando conforme avanzó el año, en tanto que el gasto público fue muy bajo al inicio de la administración, resultado del proceso de aprendizaje y de concentración en una sola entidad de las adquisiciones de todo el gobierno, pero conforme avanzó el tiempo se fue incrementando de manera importante.

 

Debido a que la dinámica de los ingresos es a la baja y la de los gastos al alza, y que el crecimiento de la economía en 2020 va a ser menor a lo que proyectó el gobierno, para cumplir los compromisos de balance primario positivo y baja en el déficit público, el gobierno tendrá que volver a tomar recursos del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios y reducir su gasto. Con la política económica actual el control de las finanzas públicas durará uno o dos años más, mientras haya recursos en el Fondo. Sin rectificación en dicha política en la segunda parte del sexenio se presentarán severos desequilibrios fiscales. 

 

¡Sé el primero en comentar!
Comentar