El TMEC no es la panacea

Llama la atención que la corriente ideológica que tanto se opuso al TLCAN cuando se negoció, ahora que es gobierno, haya participado por la continuidad del mismo a través del TMEC, se ufane de su iniciación y, sobre todo, pregone que se convertirá en un detonador de la inversión.  

El TMEC no es la panacea

 

Sin embargo, las acciones del gobierno no son consistentes con la filosofía del TMEC, cuyo objetivo es fomentar el libre comercio entre los tres países.  La actual administración promueve la autarquía al hablar de la autosuficiencia alimentaria en maíz, en lugar de buscar fomentar los cultivos donde se tienen ventajas comparativas, exportarlos y convertirnos en el proveedor de los socios comerciales del norte o de otras latitudes.  Tampoco va en aras del libre comercio la decisión de dejar de exportar petróleo y concentrarse en ser autosuficientes en la producción de gasolina, porque nuevamente es contrario al principio de producir internamente en lo que se es más eficiente y adquirir del exterior en lo que no se tiene ventaja competitiva.

Es cierto que las declaraciones del presidente Trump durante su campaña electoral y al inicio de su gobierno sobre la política comercial de Estados Unidos y sus intenciones de aplicar tarifas a muchos productos provocaron que se suspendieran o pospusieran proyectos de inversión en México.  Es verdad que la puesta en marcha del TMEC resuelve dicha incertidumbre y genera reglas claras para el comercio entre los tres países para los próximos años, favoreciendo más a algunos sectores que a otros, pero al menos con claridad sobre el rumbo a seguir. Sin embargo, la incertidumbre de la política comercial de Estados Unidos no fue el único factor que afectó a las decisiones de inversión, acciones y señales de política económica interna también la impactaron.

Es muy difícil esperar un repunte de la inversión por el simple hecho de la entrada en vigor del TMEC después de que se han cancelado proyectos privados que ya tenían un nivel de avance importante, alegando faltas administrativas que no se comprobaron, como es el caso de la cervecería en Mexicali.  Esas decisiones no invitan a nadie a realizar inversiones millonarias.  Cambiar las reglas en el sector energético y amenazar a empresas que firmaron algún tipo contrato en demandarlas tampoco favorecen el ambiente para invertir.  Empresas que habían realizado inversiones con base en las reglas establecidas previamente han sido afectadas y cuando algún otro empresario les pregunte su opinión sobre la viabilidad de las inversiones en México, difícilmente sus comentarios servirán para promover la inversión en nuestro país. 

En varias ocasiones las agrupaciones de empresarios y el gobierno se han reunido y firmado acuerdos donde los primeros ofrecen incrementar sus inversiones y el segundo en colaborar para resolver cualquier contratiempo que las pudiera limitar.  En la práctica no ha sucedido nada, para los primeros las medidas económicas instrumentadas no alcanzan a generar certidumbre y en los hechos la relación entre el gobierno y el sector privado se ha deteriorado. 

Mientras no se respete el estado de derecho y el gobierno y el sector privado no tengan un objetivo común y busquen más sus puntos de acuerdo en lugar de diferencias, su relación no mejorará, la inversión privada continuará disminuyendo y, ante la falta de ingresos públicos y la mala asignación de los mismos, la inversión pública se reducirá. Desafortunadamente, sin inversión no habrá crecimiento, ni empleo, ni mayor demanda y caeremos en un círculo vicioso de menor demanda, menor necesidad de ampliar la planta productiva, es decir menor inversión y así sucesivamente. 

 

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