Contrarreforma eléctrica: El problema de la industria energética mexicana

Contrarreforma eléctrica: El problema de la industria energética mexicana

A propósito de la contrarreforma eléctrica del presidente López Obrador, el debate sobre el uso, explotación y distribución de la energía eléctrica de México entre particulares y gobierno no es algo nuevo, más bien lo nuevo sería que hubiera acuerdos basados en un modelo realmente duradero y no uno que cambie con cada administración que gane las elecciones. Desde siempre, han entrado y salido particulares de la industria eléctrica nacional. Revisemos un poco de historia, historia que seguramente conocen muy bien los empresarios que por momentos invierten en México en este sector.

 

  • La nacionalización de la industria eléctrica en México sucedió en 1960, en ese momento quedó definido que sólo el Estado sería el encargado de la prestación del servicio público de electricidad.
  • Debido a lo anterior se liquidaron a algunas empresas extranjeras, por ejemplo:
  1. The American and Foreign Power Company.
  2. The Mexican Light and Power Company Limited.
  3. La Compañía Eléctrica de Chapala.
  4. Etcétera.
  • Hasta 1975 (15 años después) se hizo la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, donde la industria eléctrica quedó bajo la exclusividad estatal.
  • Luego en 1992, se reformó la ley y otra vez la industria privada participó en la generación de electricidad en México.
 

¿Cuál es el problema de las reformas eléctricas en México?

A través del tiempo y casi siempre los debates se han dedicado en menor medida a los aspectos en torno a la energía eléctrica porque siempre se la ha dado más peso a la ideología nacionalista sobre el petróleo, de modo que (por decirlo así), se ha descuidado “afinar” todo lo que involucra e influye en industria eléctrica, y esto ha generado casi siempre que las discusiones y debates en torno a este sector sean desordenadas y confusas, llenas de argumentos en pro y en contra híbridos o mixtos.
 
El problema con la ideología nacionalista es que las crisis económicas en el mundo han empujado a que la tendencia sea dejar de lado el nacionalismo, y más bien se ponga énfasis en adelgazar al estado en cuanto a su exclusivo dominio en los energéticos, en cambio se le ha pedido que debe ser un eficiente organizador, administrador y rector de la industria energética de su país, así como de los otros bienes nacionales que administra como las aguas, recursos minerales, etcétera.
 

¿Por qué los gobiernos deben dejar de tener dominio exclusivo sobre los bienes nacionales?

Al menos por las siguientes razones:
  • Económicas: una correcta administración debe ser una guía de pensamiento donde influya la eficiencia en la desregulación y la privatización. 
  • Por costos: resulta más caro para los ciudadanos que el gobierno sea dueño de industrias paraestatales, en su lugar es más rentable que el Estado sea el rector de los bienes de la nación. Es decir, la participación de los gobiernos como agente económico directo en los bienes nacionales debe “achicarse”, y en lugar de ello debe “robustecerse” su presencia en las actividades estratégicas o áreas prioritarias.
  • El Estado debe ser el regulador y garante de libertades y derechos de propiedad.
 

El sinsentido del debate de la contrarreforma de AMLO

Así como la propuesta del presidente en torno a la reforma eléctrica que propone, la cual está inspirada fundamentalmente en el idealismo nacionalista de regresarle el control prácticamente total al Estado sobre los bienes de la nación, los detractores del proyecto presidencial también se equivocan al afirmar que la contrarreforma va en contra del mundo porque nos entregará energía "sucia" al dejar de lado las "energías limpias", no hay argumento más falso que ese, hay estudios muy serios en países desarrollados que han implementado este tipo de producción energética que han demostrado que masificar, por ejemplo, la energía solar produciría la misma contaminación que genera la quema de combustibles fósiles.

Entonces, ambos lados del debate, por un lado el del presidente con su idealismo nacionalista y por el otro, sus opositores argumentando cosas falsas, es un sinsentido que solo produce un debate y oportunismo político que deja de lado lo que verdaderamente importa: implementar una política energética de largo plazo que ponga un justo medio entre la rectoría del Estado sobre los bienes de a nación y quienes los pueden explotar de una forma justa y competitivamente equilibrada, para que seamos los consumidores los beneficiados con un Estado que de verdad vigile que los privados no abusen en términos comerciales con algo tan importante como la energía eléctrica.




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