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El crédito permite una mejor asignación de los recursos y aumentar la utilidad de los agentes económicos dado que de acuerdo con sus preferencias, éstos pueden optar por consumir hoy o hacerlo en el futuro, pagando o percibiendo una tasa de interés determinada.

Todos aquellos que prefieran consumir hoy una cantidad determinada de bienes o consumir en el futuro esa misma cantidad más el interés ganado, pueden realizar esa opción, que incrementa su utilidad.

La existencia de un mercado de crédito abre la posibilidad de efectuar un  intercambio intertemporal y permite transformar una corriente determinada en otra que se considera superior, mediante el cobro o el pago de una  suma en concepto de interés.

 

Pero las operaciones de crédito implican dos tipos de riesgo. El primero de ellos es el incumplimiento por parte del deudor, para lo que es preciso contar con un régimen jurídico de naturaleza tal a que los deudores estén forzados  a pagar sus obligaciones a su vencimiento, bajo pena en su defecto de sufrir sanciones, que pueden ir desde el oprobio a que hace referencia Patinkin (1956), hasta la ejecución de los bienes del deudor o su privación de la libertad si ha actuado con dolo.

Los bancos cumplen un rol vital para la economía, ya que permiten por una parte, distribuir ese riesgo,  de acuerdo con la ley de los grandes números, mediante el cobro de una prima para cubrirse de situaciones de incumplimiento por parte de los deudores, y por otra parte permiten bajar los costos, al permitir que se superen las asimetrías de información.

La presencia de instituciones que fomentan la existencia del crédito es una de las cuestiones que diferencian a los países desarrollados de aquellos que lo son en menor medida. Olson (2000) dice que en país con instituciones sólidas es posible encomendar a alguien que fabrique una partida de un bien determinado, hacerle un adelanto para que compre los insumos y pague los salarios y recibirla  de conformidad una vez terminada, mientras que si no hay un sistema legal que obligue a quienes contratan a cumplir con lo pactado, será imposible hacer ese adelanto y por tanto realizar esa operación.

Esta diferencia en el funcionamiento de las instituciones es crucial para comprender por qué unos países son más desarrollados que otros.

Pero, existe además otro riesgo, más allá del incumplimiento de los deudores, y es la acción del gobierno, que ante la crisis de sus  finanzas,  puede amenazar a quienes colocan fondos en los bancos de dos maneras: mediante la confiscación  parcial de los depósitos, o cobrando el impuesto inflacionario, que reduce el valor de los préstamos, ya que la moneda en que se hicieron pierde parte de su valor como consecuencia del aumento de los precios.

 

Si bien el ahorrista ha colocado su dinero a una tasa de interés a la que seguramente se ha adicionado la tasa de inflación esperada, pueden existir sorpresas que hagan que la tasa observada supere notoriamente a la esperada y se produzca un quebranto que puede ser significativo.

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