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Visión económica del tipo de cambio. Aspectos esenciales en el marco de una economía de mercado.

Una variable macroeconómica de amplio estudio y seguimiento en un entorno de una economía de mercado es, sin duda alguna, el tipo de cambio: esta variable es indispensable en la arquitectura económica actual ya que funge como un vehículo para que las transacciones entre los países sean posibles, como la compra de artículos provenientes del extranjero, o el pago por un servicio ofrecido por otro país. En la práctica, el tipo de cambio es analizado y abordado desde dos principales perspectivas, que son la económica y la financiera. En torno a ellas, hay un mar de conceptos claves que, en efecto, son una guía para entender el panorama actual y las prospectivas sobre el tipo de cambio. En el presente artículo, se exponen algunos puntos destacados sobre esta variable, desde el punto de vista económico. 
 
En primera instancia, el tipo de cambio es el precio en moneda nacional que se paga por una moneda extranjera determinada. Para comprender esta definición, cabe señalar que circulan dos tipos de moneda en cualquier economía: 1) la moneda local, emitida y respaldada por el Banco Central local, y 2) la moneda extranjera, conocida como divisa, que la emite el Banco Central de otro país. Ahora, como en el caso de los bienes y servicios, el precio es una condición sine qua non para el intercambio, ya que otorga un criterio de comparación entre dos monedas de distinto origen: este precio, efectivamente, proporciona información sobre el valor de una moneda local comparada con una extranjera. Al final, el tipo de cambio satisface la necesidad de los participantes económicos de conseguir una divisa con el fin de transar con otros países.
 
Luego, ¿cómo se determina este precio en el tiempo? A partir de la aplicación de medidas que, en su conjunto, componen un régimen cambiario. En este sentido, existen diferentes regímenes, que contienen medidas específicas, aunque algunas similares entre ellas; sin embargo, estas afinidades no llevan al mismo resultado en el establecimiento del precio de una moneda versus otra. Por ejemplo, imagínese una máquina, cuyo producto es diferente si se le cambian algunos componentes: lo mismo ocurre cuando se transita de un régimen cambiario a otro. Así pues, el aspecto clave que permite la distinción entre los regímenes cambiarios es el nivel de intervención, ya sea por parte del Gobierno Federal o del Banco Central, en el proceso de determinación del precio. Existen dos regímenes diametralmente opuestos, la no intervención y la intervención total, y a partir de ellos existen otros regímenes intermedios que comparten algunos aspectos y cuyo funcionamiento general, empero, es distinto.
 
En la actualidad, gran parte de los países utilizan el régimen cambiario flexible, donde la intervención es prácticamente nula, y el precio se establece a partir de la oferta y la demanda de divisas. Esta arquitectura depende de las transacciones de bienes y servicios, la entrada y salida de inversiones en mercados financieros y/o empresas, y las remesas: es decir, el precio depende de las operaciones con divisas que se realicen en la economía, que llenan o vacían las “arcas” de las divisas en una economía. Por lo tanto, el tipo de cambio está íntimamente relacionado con el desempeño económico: el comportamiento de las principales variables macroeconómicas, como el PIB, la inflación, el desempleo, las tasas de interés, entre otras, coadyuvan en la formación del precio. Un propósito importante del Gobierno Federal es mantener su estabilidad relativa en el corto plazo, especialmente sin tantos vaivenes para que los participantes económicos pronostiquen sus movimientos de manera acertada y tomen las mejores decisiones.
 
Propiamente, estos vaivenes, producto de la oferta y demanda de divisas, tienen sus denominaciones dentro de un régimen flexible. Por un lado, la apreciación de la moneda nacional versus la extranjera es el incremento de su valor en un periodo dado. En este caso, el aumento de valor no debe entenderse como un movimiento ascendente, sino como la fortaleza, o fuerza impulsora: cuando una moneda se aprecia, tiene mayor fortaleza para emparejar o superar la fuerza de aquella extranjera. En términos numéricos, una moneda local vale más cuando se necesita menos unidades para adquirir otra. Por otro lado, la depreciación es el decremento del valor de una moneda versus la otra en un periodo dado. En tal situación, no es tanto un movimiento descendente, sino la perdida de fuerza de la moneda local comparada con la extranjera. Numericamente, se requieren más unidades de la moneda local para adquirir una divisa. Cabe recalcar que se obtienen beneficios económicos tanto de la depreciación como la apreciación, y esto rompe el mito de que “una es mejor que otra”. Dos ejemplos que lo sustentan: en el caso del primero, es posible impulsar las exportaciones debido al abaratamiento de los productos en ojos extranjeros, ya que su moneda vale más; en el caso del segundo, es posible aprovechar las importaciones de bienes intermedios, de bajo costo para los entes económicos locales, con el fin fortalecer la producción interna de bienes y servicios finales. 
 
También, las políticas implementadas en materia monetaria y fiscal por el Banco Central y el Gobierno Federal, respectivamente, influyen en el tipo de cambio, en el ámbito de un régimen flexible.  Primero, tomando como punto de arranque una política monetaria expansiva. La baja en la tasa de interés de referencia[1] provoca un incremento en la cantidad dinero ofrecida: este fenómeno acrecienta la capacidad de compra y liquidez en una economía, y lleva a un aumento en la demanda, a través del consumo interno de bienes y servicios. Asimismo, las inversiones en mercados financieros disminuyen por un menor atractivo en el rendimiento y las inversiones extranjeras en empresas aumentan por el atractivo de consumir en la economía local a una tasa reducida. Ante esta situación, si se mantiene la cantidad de dólares por concepto de entrada de inversiones financieras y empresariales, el tipo de cambio se depreciaría, porque hay más pesos ofrecidos en la economía y, con ello, aumentan las exportaciones porque se abaratan. Varios meses después, el proceso concluye con un alza en las tasas de interés a un nivel donde se contenga la inflación y se mantenga el ingreso generado por el aumento de la demanda agregada y, con ello, el tipo de cambio se aprecia. Por lo tanto, la conducción de la política monetaria es clave para que el tipo de cambio se mantenga relativamente estable, y sirva como una herramienta que impulse el crecimiento económico en el largo plazo. 
 
En el caso de una política fiscal, el tipo de cambio sufre cambios más sutiles. Un aumento en el gasto gubernamental conlleva a una subida en la demanda agregada. El incremento de la demanda agregada eleva las importaciones para satisfacer las necesidades del mercado interno. Esto, a su vez, lleva a un entorno inflacionario mayor[2], cuestión que lleva a un alza de la tasa de interés de referencia vía política monetaria. Este incremento provoca una entrada de capitales a corto plazo que compensan el impacto de las compras en el exterior. Con ello, el tipo de cambio se aprecia, al haber una mayor demanda de moneda nacional. Posteriormente, las exportaciones disminuyen porque son caras a ojos de los foráneos, dada la apreciación de la moneda local. Al final, el efecto del gasto gubernamental en el tipo de cambio tiende a disminuir cada vez, presentándose una caída en la tasa de interés para estimular la economía y, con ello, hay una depreciación del tipo de cambio. Como se aprecia, el impacto de una política fiscal es más limitado que aquel de una política monetaria, descrito en el párrafo anterior. Sin embargo, la implementación de medidas fiscales son un complemento a las medidas de carácter monetario y, por consiguiente, es un recurso importante para estimular la economía local.
 
Otra pregunta recurrente, ¿qué es la oferta y demanda de divisas? Primero, la oferta contiene a los poseedores de divisas, dispuestos a venderlas por moneda local. Los principales oferentes de divisas son los bancos comerciales y las casas de cambio.  Gráficamente, la oferta se representa por una curva inclinada ascendente, y la explicación de esta forma es que los poseedores estarán más interesados en adquirir moneda local si el tipo de cambio aumenta y, por ende, ofrecerán sus divisas: estos recibirán más unidades monetarias por su divisa. Por otro lado, la demanda son todos aquellos individuos y entes, que no posee divisas y están interesados en adquirirlas para realizar las transacciones en el país: entre ellos se encuentran los visitantes, empresarios e inversionistas foráneos. En términos gráficos, la demanda es una curva inclinada descendente, que simboliza que los demandantes comprarán más divisas si su valor es cada vez menor: estos pagaran menos unidades monetarias por una divisa, o será más barato.  
 
A su vez, las curvas de oferta y de demanda de divisas presentan desplazamientos a la izquierda o derecha, como en los mercados de bienes y servicios, atribuidas a algunos factores. En el caso de la oferta, la primera causa es el cambio en la demanda de importaciones, en donde a mayor cantidad de compras de productos del exterior aumenta la cantidad ofertada de moneda extranjera; ahora, la segunda circunstancia es, si el tipo de cambio esperado es menor al actual, la oferta de moneda extranjera aumenta, por la reducción en las ganancias por tenencia de dólares (vendo en el presente, evito pérdidas futuras). Con relación a la demanda, el primer elemento es la variación en las exportaciones, en donde a mayores ventas al extranjero de bienes y servicios, la cantidad demandada de moneda extranjera es mayor; y el segundo condicionante es si el tipo de cambio esperado es mayor al actual, la demanda de moneda extranjera aumenta, por la expectativa de una creciente ganancia (adquiero barato, vendo caro).
 
Para concluir, el valor del tipo de cambio es equivalente al punto donde las curvas de oferta y demanda de divisas se intersectan, o donde se cortan: es el valor donde oferentes y demandantes pactan vender y comprar divisas, respectivamente. En el marco de un régimen flexible, el tipo de cambio se va ajustando automáticamente en el tiempo, conforme al comportamiento del mercado de divisas y de la economía, sin la intervención de alguna autoridad. En la siguiente entrega, se abordarán otras interrogantes relacionadas con el tipo de cambio, entre ellas ¿el régimen cambiario actual es totalmente flexible o de flotación libre?, ¿qué es flotación limpia y flotación sucia?, ¿qué es tipo de cambio nominal y real?, ¿por qué es importante el análisis de estas dos categorías?, ¿qué otros regímenes cambiarios existen?, ¿en qué consiste cada régimen?

Notas a pie de página:

[1] El nivel de interés establecido por el Banco Central para cumplir con la meta de anclaje de inflación y, en algunos casos, del empleo.
[2] La apuesta de la participación mayoritaria del gobierno en la economía, que llevó a niveles inflacionarios insostenibles para algunos países. Ahora, la política fiscal se utiliza de forma más prudente, y se le da mayor preponderancia a la participación de los mercados en la economía.
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