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Las sequias: un nuevo lastre para la economía mundial en la actualidad

En la presente década, un “cocktail” de eventos desfavorables han debilitado a la economía mundial, a pesar de los esfuerzos emprendidos para mitigarlos. Si bien los especialistas esperaban una recuperación económica en este año, principalmente ante la mejoría de las condiciones de salubridad, un par de factores adversos, el conflicto Rusia-Ucrania y la inflación elevada y fuera de objetivo por problemas en la cadena de suministro global, se sumaron a la lista de problemas que exacerbaron aún más las condiciones económicas frágiles imperantes en meses recientes. Basándose en estos puntos, muchos expertos han mencionado que la economía mundial entraría en una etapa recesiva en el siguiente año, aunque esto no impactaría las condiciones estructurales, contrario a lo que pasó en 2008. Así, esta recesión “suave” sería una realidad si no hay nuevos vendavales que amenacen al gran navío económico mundial.
 
No obstante, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de este año, conocida como la COP27, puso de manifiesto que, en meses recientes, un factor adicional se sumó a esta lista calamitosa: las sequias. En este sentido, diversos miembros de la comunidad internacional manifestaron que los mecanismos convencionales de respuesta a las sequias ya no han sido suficientes, como lo observado en el presente año, y, por tanto, acordaron lanzar la Alianza Internacional en materia de Resiliencia a las Sequias[1] o IDRA, por sus siglas en inglés, con la finalidad de canalizar recursos materiales/tecnológicos, reforzar los compromisos y diseñar estrategias para superar los retos presentados en materia ambiental, social y económica con relación a las sequías. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las sequias se han vuelto más generalizadas, frecuentes y severas debido al cambio climático y la degradación de la tierra.
 
Ahora, ¿por qué este tema salió a la luz y se volvió relevante para la agenda mundial en este año? No es casualidad que parte de las conferencias y, sobre todo, de los compromisos asumidos por diversos miembros de la COP27 se relacionaron con el tópico de las sequias. Poco después de que inicio la época estival en países del norte y hasta hace un par de meses, las cifras en este departamento fueron alarmantes, destacando 1) la peor sequía en Europa en 500 años, 2) el desarrollo de una sequia en el suroeste de Estados Unidos no observada en 1200 años, y 3) los niveles más bajos de agua en China desde 1865. Asimismo, las sequias se han extendido a las regiones de sur, con el arribo del verano en meses recientes, principalmente en la región de los Andes en Sudamérica. Según la ONU, la frecuencia y la duración de las sequias han aumentado en un tercio a nivel mundial desde el año 2000.
 
Tomando en cuenta lo anterior, los estragos no se han hecho esperar. En el plano social, las olas de calor de verano en Francia, Alemania, España y el Reino Unido provocaron 20,000 muertes en exceso[2], y el Servicio de Cambio Climático de Copernicus afirmó que la temporada estival reciente fue la más calurosa registrada en sus registros. Aunado a esto, las peores sequías en 40 años en Etiopía, Somalia, Kenia y Madagascar han puesto a sus poblaciones en una grave inseguridad alimentaria, donde más de 18 millones de personas se enfrentan al hambre severa, conforme a la información publicada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, o FAO. Finalmente, la IDRA estima que las sequias más intensas propiciarán una migración de más de 700 millones de personas hacia regiones con mejores condiciones climáticas en 2030, solamente en África. El mensaje es claro: las sequias durante este año no sólo han afectado las condiciones de existencia sino también han abonado en la mortalidad de las poblaciones, y ponen en riesgo la vida de los seres humanos en el futuro.
 
Por otro lado, las afectaciones económicas también han sido muy notorias en el presente año. En primera instancia, las sequias ocasionaron perturbaciones adicionales en la cadena de suministro global en la medida que los niveles muy bajos de agua en canales, ríos y otras vías fluviales impidieron el movimiento de embarcaciones. En este sentido, vale la pena señalar que los tamaños de los navíos son cada vez mayores y transportan cada vez más mercancías, cuestión que se refleja en sus pesos: cuando la altura del agua baja por ciertas circunstancias, entre ellas las sequias, estas embarcaciones deben reducir sus cargas para poder transitar y, por lo tanto, se requieren de más viajes para transportar una carga específica. En consecuencia, los costos de transporte aumentan; y no sólo eso, más viajes conllevan a mayor intensidad de tráfico marítimo y congestiones en puertos marítimos, donde los navíos tarden en encallar y descargar las mercancías. En casos muy severos, donde el nivel de agua es mínimo, los barcos no pueden transitar de manera seguro o, simplemente, no pueden hacerlo. Por otra parte, se estima que más del 80% de los productos a nivel mundial se mueven por vía marítima. 
 
Concretamente, la peor sequía en Europa en siglos trajo consigo una reducción en niveles de agua en el rio Rin[3], donde se movilizan más de 300 millones de toneladas de mercancías al año: las principales causas fueron las escasas nevadas en el nacimiento del río de los Alpes, que conecta con el Rin, y la reducción de las precipitaciones en las regiones aledañas. En consecuencia, algunas embarcaciones tuvieron que reducir su carga hasta en un 75% de su capacidad. Asimismo, los niveles del agua del rio Po[4] estuvieron en mínimos históricos y complicó la circulación de embarcaciones por este medio. En Estados Unidos, el icónico Rio Mississippi, que conecta diversos estados desde Minnesota hasta el Golfo de México, padeció los estragos de las sequías y los niveles de agua también disminuyeron a mínimos históricos: esto ocasionó que algunas rutas dentro de este río se cerraran durante varios días. Según Accuweather, el impacto económico a la cadena de suministro fue de 20 mil millones de dólares. En China, las escasas precipitaciones y las altas temperaturas impactaron al rio Yangtze[5], provocando un descenso del 60% en sus niveles promedio: esto ocasionó una detención en el transporte marítimo.
 
Aunado a lo anterior, las sequias también produjeron pérdidas económicas en el rubro de la agricultura durante este verano. En Europa, se registraron las siguientes pérdidas: 1) la caída en un tercio en la cosecha de aceite de oliva en España, 2) la reducción del 20% en la producción de maíz en Francia, 3) la disminución en 30 millones de toneladas en la producción de cereales en Rumania, 4) la producción italiana de aceite de oliva, arroz y tomates se redujo hasta en un 40%. En Estados Unidos, ocurrió lo siguiente: 1) los agricultores de la región de Central Valley, en California, no sembraron un tercio del total de las tierras de cultivo debido a la escasez de agua, 2) la producción de verduras en Yuma, Arizona, cayó en un 10%, 3) diversos cultivos en el norte de Estados Unidos y regiones canadienses aledañas se marchitaron y, por consiguiente, se vendieron como alimento de ganado, asumiendo un porcentaje de pérdidas, 4) los productores de algodón a nivel nacional perdieron hasta un 40% de sus cosechas. Finalmente, los volúmenes de exportación de diversos productos agrícolas se han visto afectados por las sequias, cuestión que se ha reflejado en la inflación no subyacente y general a nivel mundial.
 
Adicionalmente, las sequias perjudicaron al sector de energía hidroeléctrica. En Europa, la caída en los niveles de los ríos redujo la generación de energía por este medio que, conjuntamente con el hecho de la reducción del suministro de gas por parte de Rusia, obligó a los países a quemar más carbón, agudizando la crisis climática. A la par, la energía nuclear se vio afectada ya que los reactores requieren de agua para enfriarlos. En China, las autoridades locales declararon estado de emergencia en algunas regiones ya que el suministro de energía vía hidroeléctrica se contrajo sustancialmente, sobre todo en la provincia de Sichuan. A su vez, esto trajo que la actividad industrial se detuviera durante varios días, y diversas compañías mundiales, entre ellas Apple, Volkswagen y Toyota registraron pérdidas financieras por esta contingencia. Ineludiblemente, la escasez de energía hidroeléctrica impactó negativamente en los precios de la energía, y también han impulsado a la inflación no subyacente y general al alza en muchos países.
 
Para concluir, un par de cifras inquietantes a nivel general. Primero, el daño económico por las sequias aumentó un 63% en 2021 comparado con el promedio observado hace 20 años, de acuerdo con el Foro Económico Mundial. Segundo, si la temperatura aumenta 2 grados Celsius por encima de niveles preindustriales – actualmente ha subido a 1.2 desde esa época- en el mundo, entonces las sequias serán 15 veces más frecuentes, conforme a comentarios hechos por científicos en el New York Times. En resumen, los daños producidos por la sequias no sólo se limitan al plano humano y ambiental, sino también alcanzar al plano económico. Entre los principales estragos en este ámbito se encuentran 1) el aumento en los costos de transporte a raíz del aumento del tráfico marítimo y congestión portuaria, 2) el incremento en los precios de los productos agrícolas, ante la escasez de los mismos, ocasionado principalmente por la pérdida de las cosechas y bajo rendimiento en los procesos de producción, 3) la subida en los precios de la energía, especialmente cuando es difícil sustituirla por una fuente alterna a la hidroeléctrica, y 4) las pérdidas económicas en algunos sectores económicos ante la escasez de cualquiera de dos insumos claves en su producción, bienes agrícolas y/o energía. Un nuevo mal amenaza a la economía mundial, ¿será que la próxima crisis económica esté muy próxima, gracias a los severos daños ocasionados por las sequias y, en general, el cambio climático? 
 
Referencias:
 
 
Notas a pie de página:

[1] International Drought Resilience Alliance (IDRA), una alianza entre 31 paises miembros de la COP para desarrollar resiliencia ante las sequias.
[2] Un aumento temporal en la tasa de mortalidad, como lo ocurrido por la pandemia de COVID19.
[3] Conecta Países Bajos, Alemania, Suiza y Francia.
[4] Atraviesa a Italia de Oeste a Este.
[5] El rio más largo de Asia, que conecta diversas regiones en China.
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