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John Bogle y el sentido común: indexación, gestión pasiva, costos, impuestos y psicología

Otro libro de indispensable lectura para aquellos que deseen adentrarse en el mundo de las inversiones es “El pequeño libro para invertir con sentido común: el mejor método para garantizar la rentabilidad en bolsa” de John C. Bogle, un best seller y considerado un clásico en la literatura financiera. Este personaje fue el fundador de Vanguard Group Inc., la gestora de fondos de inversión más importante a nivel mundial. También, durante su carrera profesional, fue un exitoso inversionista, gestor, y creador de uno de los primeros fondos indexados dirigidos al público en general, con influencia en los trabajos de Paul Samuelson, un connotado economista. De hecho, Bogle fue nombrado por la revista Fortune como “uno de los cuatros gigantes inversionistas del siglo XX”. A continuación, se presentan algunas lecciones indispensables para aquellos que deseen invertir contenidas en este material.
 
En primera instancia, John Bogle enfatiza una paradoja relacionada con las habilidades. Esta idea consiste en que medida que más inversores, analistas y administradores de fondos se esfuerzan por superar al mercado, la competencia se vuelve más intensa. Esta mayor competencia da como resultado una reducción de la brecha entre los mejores y los peores actores. En otras palabras, el mayor nivel promedio de habilidades de los participantes del mercado provoca que los retornos sean cada vez menores a medida que éstos se distribuyen a más individuos. En consecuencia, el potencial para generar exceso de retorno con relación a un índice, por medio de la gestión activa, es menor dada una mayor competencia. 
 
Asimismo, el autor destaca otros desafíos importantes en la gestión activa, entre ellos 1) una mayor dificultad para encontrar oportunidades para invertir ante una mayor competencia, 2) una difusión de la información más rápida y generalizada, que conduce a menores ventajas informativas, 3) y los costos de transacción, las tarifas de gestión en inversiones y los impuestos que reducen los rendimientos considerablemente. Como respuesta, Bogle sostiene que en lugar de gastar esfuerzos y recursos significativos en tratar de seleccionar el próximo fondo o acción que supere al mercado, es mejor que los inversionistas adopten una estrategia de inversión pasiva, particularmente a través de fondos indexados. La inversión pasiva implica mantener una cartera diversificada que refleje el desempeño de un índice de mercado, evitando así los costos y desafíos asociados con la gestión activa.
 
Así, el concepto de indexación y su importancia para los inversionistas son los pilares de esta obra. Primero, la indexación consiste en conjugar ciertos elementos para replicar el comportamiento de algo. En el plano financiero, la indexación es la conjunción de ciertos activos financieros, en porcentajes diferentes, que repliquen el comportamiento de índice de referencia y sus rendimientos. En este sentido, el autor recomienda seguir una estrategia de inversión encaminada a igualar los rendimientos del mercado, en general, en lugar de intentar superarlo mediante una gestión activa: la referencia es un índice de mercado específico, como el S&P 500 o NASDAQ. El camino son los fondos indexados, que son fondos de inversión cuya estrategia es replicar el comportamiento de ciertos índices. A la estrategia de inversión basada en fondos indexados se les conoce como pasiva.
 
Ahora, algunos beneficios de los fondos indexados son 1) mayor exposición a una amplia gama de activos financieros y una mayor diversificación que ayuda a mitigar el riesgo asociado con las fluctuaciones de las acciones individuales y reduce el impacto de las acciones de bajo rendimiento en el desempeño general de la cartera, 2) menores tarifas de gestión en comparación con los fondos gestionados activamente, ya que requieren menos actividad de investigación y negociación, 3) mayor consistencia en los rendimientos en el largo plazo, y 4) ahorrar tiempo en la selección de acciones, lo cual es una tarea desafiante e incierta incluso para profesionales experimentados. En contraste, las principales desventajas a considerar son 1) mayor predisposición a las fluctuaciones de los mercados, donde una caída en el índice conlleva a menores rendimientos o pérdidas, y 2) Falta de personalización en el portafolio de inversiones.
 
En el ámbito de los costos, Bogle enfatiza que los fondos indexados tienen un impacto sustancial y positivo en las inversiones y riqueza a largo plazo de los inversionistas al contar con costos de gestión bajos incluyendo los costos operativos y de administración del fondo, ambos determinantes en los retornos finales. Para el autor, el costo sí importa ya que efecto compuesto de menores gastos puede influir significativamente en los rendimientos finales de un inversionista, lo que lleva a una mayor acumulación de riqueza. Los fondos indexados son inherentemente de bajo costo, por naturaleza pasiva, y esto conlleva a evitan los gastos asociados con la selección activa de acciones, la investigación y el intercambio. Los gastos menores dan como resultado mayores rendimientos netos para los inversores, ya que una mayor parte de las ganancias del fondo permanece en manos del inversor. Aunado a esto, mayores rendimientos después de gastos asociados a las inversiones conjugados con el “poder” del interés compuesto dan como resultado aún un mayor beneficio en el largo plazo. En contraste, los gastos son más elevados en la gestión activa y se deben generar rendimientos más altos para compensar el costo y superar al benchmark.
 
También, otro punto importante con referencia a los costos son los impuestos a pagar, cuestión que pasa desapercibida para algunos inversionistas. Los impuestos son esencialmente un costo adicional que puede reducir la cantidad de riqueza que acumula un inversor con el tiempo. Bogle se centra particularmente en los impuestos sobre las ganancias de capital, que se aplican a las ganancias obtenidas por la compraventa de inversiones. El autor explica que los administradores activos participan en compras y ventas de activos financieros, de manera frecuente, en un intento de superar al mercado. Sin embargo, esta negociación frecuente genera mayores obligaciones fiscales y una erosión en las ganancias. En contraste, la rotación de activos es menor en los fondos indexados, lo que lleva a obligaciones tributarias potencialmente más bajas para los inversionistas. Por tanto, Bogle aboga por una estrategia de compra y retención, que se alinea con la inversión en fondos indexados.
 
Por otro lado, las creencias juegan un papel importante a la hora de invertir. Específicamente, el autor propone y profundiza una idea clave: “la gran ilusión”. Esta ilusión consiste en la creencia de que algunos inversores o administradores de fondos pueden superar sistemáticamente al mercado en el largo plazo, a pesar de la realidad estadística de que lograr un rendimiento superior constante es extremadamente raro. En realidad, lograr rendimientos consistentes que superen al mercado es improbable debido a la aleatoriedad de los movimientos del mercado y el papel de la suerte. Además, un inversionista o administrador de fondos experimenta un éxito significativo sólo en un período particular, mientras que los rendimientos en el largo plazo tienden a regresar al promedio del mercado. Así, una lección importante es que los inversionistas deben tener una perspectiva a largo plazo en lugar de perseguir éxitos a corto plazo que superen al mercado. Con ello, se debe alentar a los inversionistas a adoptar una estrategia consistente y de bajo costo que se alinee con sus objetivos a largo plazo.
 
Finalmente, Bogle profundiza en cuatro obstáculos que frenan el desempeño óptimo en las inversiones: las emociones, los costos, los impuestos, y los errores. Con relación al primero, Bogle muestra cómo las emociones, como el miedo y la codicia, llevan a los inversionistas a tomar decisiones impulsivas basadas en las fluctuaciones del mercado a corto plazo. Las reacciones emocionales a menudo conducen a comprar caro durante la exuberancia del mercado y a vender barato durante las recesiones. En cuanto los costos, es necesario comprender el impacto de los costos en el rendimiento de las inversiones. Las altas comisiones, los gastos de gestión y los costos comerciales pueden erosionar significativamente los rendimientos netos de un inversor con el tiempo. Tercero, los impuestos sobre las ganancias de capital afectan los rendimientos generales de un inversor. No tener en cuenta las consecuencias fiscales de la negociación y la rotación de carteras puede dar lugar a mayores obligaciones fiscales. Cuarto, los inversionistas son propensos a cometer errores debido a sesgos cognitivos, falta de información o desinformación. 
 
Ahora, las claves para superar estos impedimentos son:
 
1.      Mantener una perspectiva de largo plazo, y no dejarse llevar por las “tentaciones en el corto plazo”
2.      Procurar un portafolio diversificado para reducir el riesgo
3.      Adoptar un enfoque pasivo, basado en fondos indexados
4.      Minimizar la rotación de activos en el tiempo y reducir el número de compraventas
5.      Participar en fondos fiscalmente eficientes, donde se minimicen las erogaciones por ganancias de capital
6.      Educarse financieramente y conocer los sesgos cognitivos más comunes
 
Hasta aquí, se resumen algunos aprendizajes de este valioso material, aunque no su totalidad ya que, a pesar de un libro pequeño y de fácil lectura, su riqueza es muy amplia y contiene otros puntos importantes a considerar a la hora de invertir. 
 
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