Hace unos días llegué a mis 39 primaveras y desde que mi memoria es memoria tengo recuerdos de tertulias y plàticas de amigos donde los adultos adornaban con folclorismos las desavenencias de nuestra economìa. En el pasado añejo y reciente la incertidumbre ha provocado que los flujos de inversión decrecieran, lo que profundizó varias de tanas crisis que se cocinaban a fuego lento, o bien, que la inestabilidad hiciera que la recuperación de la economía mexicana la transitáramos de rodillas. Hace poco, en el 2013, cuando las reformas estructurales se discutían, existieron amenazas de cambios en la fiscalidad y recaudación que provocó que la formación de capital fijo tuviera decrementos durante 15 meses al hilo.

 

Durante este primer bimestre se percibe lo mismo. Del otro lado del muro fronterizo, la máxima autoridad de nuestro vecino nos ha mancillado y todo lo que amenazó, sigue alardeando con cumplirlo. Los buscapiés que ha lanzado a nuestra economía nos han hecho perder el equilibrio del pie en donde históricamente más cojeamos: El tipo de cambio se ha depreciado con celeridad y aunque se ha tomado un respiro, las cosas en el futuro no son promisorias para nuestra moneda, por si fuera poco, a la vuelta de un año ya asoma la cabeza la elección presidencial y este año el laboratorio electoral del país se pondrá a prueba: Habrá humo blanco en la gubernatura del Estado de México.

 

La iniciativa privada debe inverrtir en México.

 

Los gremios empresariales se han reunido para evaluar, para proponer y también para exigir. Hace poco el Consejo Coordinador Empresarial celebró 4 décadas de existencia y anunció una importante suma de inversión que como promesa traerá empleos y consumo. No es la primera vez que alguien promete, incluida firma ante notario un compromiso... y no lo cumple. En el caso del CCE es mi mayor deseo que sì cumpla su compromiso.

 

 

 

El sector empresarial en México está desojando la margarita: Invertir o no invertir. El dilema es grande y cada vez más complejo, la mayoría de analistas, instituciones nacionales y extranjeras están de acuerdo en algo: México crecerá poco y durante las últimas semanas han estado disminuyendo su pronóstico de crecimiento, en consecuencia, la iniciativa privada se toma con mucha calma la posibilidad de invertir, los datos que el gobierno proporciona no son alentadores para el crecimiento del país, el dinero que hay es limitado y la capacidad de endeudamiento del gobierno tiene un margen igual a cero y por el lado del consumo de todos los mexicanos, las cosas tampoco pintan bien, el peso se ha devaluado y la inflación le muerde la capacidad de gasto a las familias. 

 

El axioma es sencillo. A mayor inversión privada será mayor la oportunidad de una mejora en nuestro Producto Interno Bruto. Si bien es cierto, la iniciativa privada no le resolverá la vida al país, la apatía del sector privado puede ser un detonador para que los próximos años las dolencias de la economía nacional sean mayores. Muchos empresarios han visto crecer su fortuna a niveles exorbitantes, lo que contrasta con un país que es una fabrica de pobres, hay un examen que la historia calificará y en donde la nota que el sector privado esté dispuesto a acreditar dependerá de qué tanto los empresarios están dispuestos a jugársela por su país. Es indispensable que exista un compromiso de todos los mexicanos para afrontar estos tiempos de incertidumbre y en el caso de los empresarios mexicanos el compromiso es apostarle a la cartulina que tiene la bandera de su país... en una de esas gritamos ¡¡¡Loteriaaaa!!!

 

Twitter: @garoarenas

 

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