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El sistema económico global se ha puesto en jaque por un pequeño virus que ha sido capaz de detener la actividad productiva en toda la Tierra. La pandemia de Covid-19, un singular acontecimiento demostró la fragilidad del sistema económico.

Fin de la globalización, Edgar Arenas

¿Llegó el fin de la globalización?

 

Algunos sectores de la economía se han reducido a escombros, el turismo, los deportes, el sector aeronáutico. La globalización era más frágil de lo que imaginábamos. El libre traslado de mercancías, capitales, servicios y personas, fue en parte, quién catapultó el virus en cada rincón sobre la Tierra.

 

Muchos analistas ya habían venido levantando la voz sobre un proceso de desglobalización. Incluso, recientemente países como EEUU e Inglaterra se plantearon transformaciones que priorizaran su mercado interno. ¿Acaso esto podría ser el inicio de un cambio más profundo en el sistema económico? Durante los últimos 30 años, se realizaron enormes esfuerzos para crear entidades supranacionales (TMEC, Eurozona, etc.) que involucraran a todos los agentes económicos en una economía global: individuos, familias, comunidades, regiones y países fueron deglutidas por el mercado global. Pero lo que ha sucedido en las últimas semanas, ha demostrado un punto interesante. El mejor mecanismo de defensa de todos esos agentes, por muy grandes o pequeños, fue la pequeña suma individual de esfuerzos. Los estados nacionales funcionaron mejor que los grandes organismos supranacionales.

 

China que es el motor del mundo, también es su freno actual. Su parálisis económica significará para muchos países que su mercado de exportaciones se detenga. La dimensión nacional de la economía y el mercado interno será el salvavidas de muchas economías nacionales. El mercado global parece que sólo funciona bien en momentos de paz y donde nada lo altera. Muchas veces hemos escuchado el concepto de burbuja económica, al parecer es una analogía perfecta, la economía global es tan frágil como un globo.

 

En momentos donde la capacidad del mercado mengua, el individuo regresa a sus principios fundamentales. Su religión, su patria, su comunidad y su familia.

 

Todo lo anterior no significa que el comercio internacional vaya a concluir. Va más allá de eso. Desde que accidentalmente se descubrieron rutas entre Europa y Asia y la sedas y las especias eran trasladadas a través de las llanuras y los bosques, los humanos necesitan y procuran el intercambio. No se trata de regresar a la edad de las cavernas, pero el centro de toma decisiones volvería a ser el gobierno nacional. Rusia, China y Estados Unidos son países con plena soberanía. Muchos otros países en aras de involucrarse en la cadena productiva mundial han cedido espacios e intereses. El concepto de globalización podría ser revalorado.

 

Los tiempos actuales podrían exigir nuevas dinámicas. Tal vez, la primera ya está sucediendo en cada hogar donde esta pausa nos está haciendo reflexionar sobre la fragilidad de todo lo que nos rodea. El sistema económico tiene un buen pretexto para apretar las tuercas. Los lastres siguen siendo los mismos, acceso universal a la salud, alimentación y educación. Acortar, pues, las brechas de ingresos. Un pequeño virus nos ha puesto a reflexionar y a actuar.

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