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A la plata nadie la quieres. Esto suele pasar, todavía más cuando las noticias económicas y financieras provenientes de Estados Unidos son “positivas”, la Reserva Federal (Fed) continúa su política de reducción de estímulos monetarios y las presiones inflacionistas del mercado aún no destacan.

nadie quiere a la plata, Guillermo Barba

Es llamativo que el propio portal de Bloomberg insinúe que la cotización de la plata seguirá sufriendo pese a que los fabricantes (desde joyeros hasta constructoras de paneles solares) están adquiriendo las mayor cantidades de plata en nueve años, y de que la venta de monedas “American Eagle” (1 oz.) por parte de la Casa de Moneda de Estados Unidos alcanza niveles récord en el primer cuatrimestre de 2014.

En otros términos, para los grandes medios de comunicación (siempre tan amigos del poder y sus tenedores) que el uso de la plata como commodity vaya en aumento es irrelevante, pues la aversión de los inversionistas hacia un activo que “pierde valor” es mayor, condenando la plata al cajón de los olvidos. Ni hablara de la plata como lo que es realmente: un metal precioso monetario.

David Morgan, gurú de la plata, comenta al respecto:

el uso industrial de la plata era de 35% hace 10 años y ahora es de más de 50%, y esto ocurrió mientras más plata ha sido extraída de la tierra año con año desde principios de siglo a la fecha

Es decir, que la cantidad de plata disponible para inversión tiende a reducirse conforme aumentan los usos en la industria.

 

Las "manos fuertes" se harán con la plata

Es evidente que un amplio sector de inversionistas ha renunciado a la plata para centrarse en un mercado bajista desde abril de 2011, tras alcanzar su máximo de más de 30 años en 48.70 dólares por onza troy. Pero también es cierto que otro grupo de inversionistas, minoritario pero consciente, hace su agosto comprando todo lo que puede a precios extremadamente baratos con posiciones y apuestas en el largo plazo.

Estos inversionistas minoristas son los denominados de “manos fuertes”, los mismos que acumulan oro a tasas elevadas y que no se desharán de él ni a altos precios. El oro y la plata es un activo indispensable en todos los portafolios, como seguro, protección y riqueza en sí.  Saben bien que las caídas en los “precios aparentes” de los metales preciosos en divisas fiduciarias (dinero en papel, dólares, euros, pesos, etc.) es una inigualable oportunidad para hacerse con un valioso bien por menos dinero.

En otro sentido, el mercado alcista de la plata no ha terminado ni terminará. Los que hoy se han ido, mañana querrán volver corriendo a comprar a precios que hoy nos parecen ridículos, luchando por un pedazo del metal en un pastel que cada día es más pequeño para las intenciones de inversión. Demasiado tarde, así es y seguirá siendo el mercado.

Desde el punto de vista de los inversores contrarios, tanto pesimismo sólo hace ver que la hora de la plata ha llegado.  Algunos analistas hemos insistido en el tema, y aun así no se nos ha escuchado. Históricamente, la plata ha sido el metal monetario más ninguneado e infravalorado de todos. La plata hoy en día se encuentra a más del 60 por ciento por debajo de su máximo histórico en 1980, mientras que el oro se encuentra un 33 por ciento por debajo de su récord máximo alcanzado en 2011.

Las dos emociones reinas del mercado, miedo y codicia, son sencillamente difíciles de controlar y siguen dejando víctimas por un lado y vencedores por otro, sin que nada ni nadie pueda hacer algo para evitarlo.

El sistema económico y monetario se mantiene sin solución

Sin perder de vista el contexto global, son muy pocos los que se percatan de que nada se ha solucionado de fondo en la economía y el sistema monetario global. El pecado original del dinero fiduciario y su “fundamento” en deudas exponenciales, es insostenible por sí mismo, llevándolo una vez más al fracaso. Nunca aprendemos.

Por tanto, es mentira que la Fed subirá las tasas de interés en 2015, o 2016, o 2017, y que detendrá la impresión de billetes durante este año. La “simple expectativa” es la que utiliza como arma contra el oro (y la plata) y como estímulo económico, pero en el fondo del asunto sólo intenta ganar tiempo para monetizar la totalidad de la deuda estadounidense. Llegarán hasta las últimas consecuencias, hasta el punto de no retorno.

Cuando el mercado repudie al dólar (cuestión de que ocurra o no, sino de cuándo), las manos fuertes poseedoras de metales monetarios serán los nuevos dueños y el mundo ya no será como el que conocemos hoy en día.

Como los monarcas monetarios que son, el oro y la plata serán aclamados en el final del actual sistema. Es el momento de mirarlos con buenos ojos, no como metales muertos. Después de todo, seguir a la masa nunca ha aportado buenos resultados.

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