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China ha estado en los medios desde junio, cuando explotó su burbuja bursátil. Desde ese momento, el gobierno ha realizado todos los intentos posibles para reinflarla. Las recientes medidas desesperadas tomadas por Beijing por tratar de detener el colapso de su mercado bursátil, no dejan lugar a dudas de que los chinos harán “todo lo que sea necesario” para impedir un posible desplome económico que consideran peligroso.
 
En este espacio comentamos que ese intervencionismo les está haciendo un gran daño, un ejemplo, es que les costará que su divisa (el yuan o renminbi (RMB)), no se incluya en este año en la canasta de monedas de los Derechos Especiales de Giro (DEG), dato que confirmó ayer el Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
 
Pero, esa es una preocupación mínima para Beijing, más ocupada con el riesgo real de que una gran crisis económico-financiera como la que comienza a padecer, pueda desembocar en una peligrosa inestabilidad social. No tenemos que olvidar que el país asiático tiene más de 1,300 millones de habitantes, acostumbrados a crecimientos acelerados.
 
En mayo indicamos que el oro sería el instrumento que utilizará el gobierno chino para devaluar al RMB y así estimular su economía. Ya no es posible hacerlo fijando un tipo de cambio infravalorado respecto al dólar, así que aprovechará el lanzamiento de su propio precio “fix” (referencial) del oro en yuanes.
 
Vamos a explicarlo. A finales del 2015 (no hay una fecha específica), la Bolsa de Oro de Shanghái (SGE) emitirá su propio precio de referencia en RMB, con el que desafiar la supremacía del Precio del Oro de Londres, fijado en dólares por onza. Como la SGE es un brazo del Banco Popular de China (su banco central), el gobierno podrá establecer a conveniencia el precio del oro en su divisa.
 
De esta forma, Beijing usará al oro como eje de su nueva estrategia devaluatoria y de estímulo económico.
 
Esta hipótesis comentada primero por el analista de metales preciosos Avery Goodman, ha sido suscrita por este espacio y por otros expertos como Alasdair Macleod, de Goldmoney.com. 
 
A día de hoy, el precio de la onza de oro en Shanghái es de aproximadamente 6,700 yuanes por onza (para realizar el cálculo usamos el tipo de cambio de 6.2 yuanes por dólar, y un precio por oz. de 1,080 dólares, que ha sido el soporte). 
 
Con el fin de simplificar, imaginemos que las autoridades chinas empujan hasta duplicar el precio del oro a 13,400 yuanes/oz.  Si ocurriera esto, los tenedores de oro verían una oportunidad increíble de vender su oro en Shanghái por el doble de precio en yuanes. Ya que la inflación no se transmitiría de forma automática, con esos yuanes podrán comprar ahora el doble de mercancías que antes, una gran oportunidad que muy pocos se atreverían a malgastar.
 
Se catapultarían las exportaciones chinas y, por el camino, derribarían a todas las demás, sobre todo, a la industria estadounidense.
Para sacar provecho de esta oportunidad las compras de oro en el mundo se incrementarían aún más – la demanda física ha ido al alza pese a tener precios a la baja en el mercado de papel. El divorcio existente entre el precio físico y de papel, se incrementaría junto con la “escasez” de lingotes expresada en la backwardation (precio spot superior al del contrato de futuros más activo) que sigue presente.
 
China sería un gran agujero negro que se “comería” el oro del planeta a una velocidad increíble, en línea con su intención de superar a Estados Unidos como el mayor tenedor de oro.
 
Antes o después esta política sería advertida en Washington como una agresión, así pues la respuesta no se haría esperar. Una de las opciones es la de dejar o hacer que el precio del oro se dispare en dólares, esto clavaría una estaca en el corazón del billete verde como divisa de reserva mundial. Otra menos probable sería la de intentar ofertar oro en cantidades suficientes para que bajaran el precio en yuanes. 
 
Pero sería una guerra perdida porque con la manipulación de su precio “fix”, los chinos siempre podrán poner un precio más alto en yuanes. 
 
Asimismo, con un máximo histórico de 124 “dueños” en el papel por cada onza física en el Comex (Commodity Exchange), y existencias de “oro registrado” –el que puede ser utilizado para entregas de contratos de futuros-, en un mínimo de todos los tiempos de 351,519 onzas al 30 de julio pasado, parecería imposible. Otra vez, para poder atraer más oro al sistema estadounidense los precios en dólares tendrían que dispararse para extraerlo de donde se esconde en manos privadas. En este ejemplo, tendría que duplicarse a 2,160 dólares por onza para nulificar los efectos del alza en renminbi.
 
Aunque nadie sabe en qué medida los chinos devaluarán su divisa frente al oro, pero el ejemplo puesto nos ayuda a comprender mejor tanto los efectos como las posibles reacciones.
 
Si en China deciden proceder como aquí anticipamos, Estados Unidos estará en un punto sin salida. Con cualquier desplazamiento que realice, saldría perdiendo. La “guerra de divisas” entraría en una nueva fase de pronóstico reservado que terminaría por demoler el comercio internacional y por proclamar como oficial la nueva Gran Depresión. El proteccionismo haría de nuevo su desastrosa aparición, sin desechar que esa “guerra” pudiera escalar a un verdadero conflicto armado, en el que Rusia –claro  está, no jugaría del lado americano, ni Europa del chino. Ojalá no se llegue a eso.
 
Pasado el momento crítico, el patrón oro será la única vía para restaurar el comercio global, porque habrá tal desconfianza entre países que los intercambios sólo se podrán hacer en mercancía, y los saldos ser cubiertos en el metal precioso, como garantía. No habrá más comercio a cambio de dinero de papel respaldado en deuda. Al rey, le será devuelto el trono monetario. 
 
¡Cuidado con los chinos! Que nadie olvide la regla de oro: quien tiene el oro, pone las reglas.
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