El viernes pasado algunos socios y choferes de Uber convocaron a una manifestación en contra de dicha plataforma. El motivo: básicamente dicen sentirse “defraudados” debido a que, afirman, los ingresos que generaban antes han disminuido. Están en contra del servicio Uberpool y demandan que se limite el ingreso de vehículos a la plataforma, entre otras demandas.

 

Según un buen reportaje de Angélica Pineda publicado en el portal de El Economista, los inconformes convocaron a los 20 mil socios registrados en una página de Facebook a un “apagón” de la aplicación por varias horas. No parece que haya tenido mucho eco pues los manifestantes fueron alrededor de 100.

 

De acuerdo con la nota, Juan José Fernández Gallardo, director de Operaciones de Uber México, rechazó el pliego petitorio. Confirmó que Uberpool (opción de servicio que permite a varios clientes compartir un mismo auto para pagar una tarifa reducida) a pesar del rechazo de los choferes, se seguirá usando.

 

Entre los inconformes se reportan casos de personas que se supone, se endeudaron para adquirir un vehículo, y que ante los bajos ingresos que ahora dicen generar, pasan apuros para cumplir con sus obligaciones. Hubo incluso quien propuso la “defensa de sus derechos” a través del liderazgo de la CTM.

 

 

Oportunistas siempre hay, y no puede descartarse incluso que esta manifestación haya sido orquestada por gente que poco o nada tengan que ver con Uber, pero sí mucho con intereses que buscan cobrar cuotas a sus agremiados.

 

En fin, lo que es un hecho es que en Uber no todos los conductores son dueños de sus vehículos. Hay también socios –particulares y empresas- que ponen los autos, y choferes que los operan. Así, el 25 por ciento del ingreso generado es para la apliación, y el resto se distribuye según lo convenido por el propietario y el conductor.

 

Como en cualquier negocio existen riesgos y la ganancia de ningún modo está asegurada. Hay temporadas altas y bajas, zonas y horarios de mayor y menor demanda, etc. Además, los socios incurren en costos como la gasolina, teléfono celular con plan de datos, las reparaciones del vehículo, refacciones, trámites, el seguro y demás.

 

Debido a que los costos no son iguales para todos, hay y debe seguir habiendo una competencia abierta y total, incluso al interior de Uber.

 

Esa plataforma ha dado al público y sobre todo a las autoridades una lección de economía muy valiosa. Es el consumidor el que, en libertad, debe poder elegir lo que usa para transportarse y aceptar o no el precio. De este modo prevalece lo que el público prefiere, y sale del mercado lo que no demanda más o no es rentable. Es así como debe ser. La soberanía del consumidor debe ser intocable.

 

El problema viene cuando el gobierno bajo cualquier pretexto llega a “proteger” a determinados sectores de la competencia, pues entonces ya no es el público, sino los ineptos y corruptos gobernantes los que deciden, con frecuencia, en contubernio con los grupos favorecidos. Sobra decir que el resultado es en perjuicio del consumidor, que tiene que conformarse con lo que le ofrezcan al precio fijado.

 

Pues bien, Uber tampoco debe cerrarse y proteger a los socios ya existentes, entre los que se encuentran los inconformes. Quien no pueda mantenerse en el negocio porque su estructura de costos no se lo permite, o por la razón que sea, debe salir de él. No hay más.

 

La apertura y competencia garantizan que los más eficientes, aquellos que puedan dar más al menor precio posible para la gente, sigan beneficiándola.

 

Uber hasta ahora ha sido un ejemplo de cómo funciona y los beneficios que trae la economía de mercado libre y abierto. Ojalá que lo sigan siendo. Sus usuarios, se lo agradeceremos.

 

 

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