Todo lo que sube tiene que bajar

Hablando del acontecer económico actual, el tema del momento es la inflación, palabra que escuchamos y leemos en la prensa audiovisual y escrita por lo menos una vez por semana desde hace 9 quincenas; periodo en que ésta (la inflación) se ha encontrado por encima del rango objetivo de 3 por ciento +/- un punto porcentual establecido por el Banco de México (Banxico).

Antes de profundizar en los pormenores de este amplísimo y muy interesante fenómeno económico que estamos presenciando, repasemos qué es y cómo está compuesto.

Si bien existen incontables definiciones de inflación, entendámoslo como el aumento generalizado y desordenado de los precios de una canasta de bienes de una economía (artículos de consumo diario; bienes de consumo duradero, y servicios). Al suscitarse, hay una pérdida de poder adquisitivo; es decir, los agentes económicos adquirimos menos por más. En otras palabras, cada peso mexicano vale menos que antes.

En lo que respecta a su cálculo y medición, se hace a través del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), del cual la legislación mexicana le confiere al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) su elaboración.

Dada la sensibilidad de los precios, la inflación general, para su interpretación y determinación se divide en dos componentes: inflación subyacente e inflación no subyacente. El primer componente agrupa a una canasta de productos cuya cotización se presume es más estable, debido a que su comportamiento converge en mayor medida a las condiciones de mercado. Por otro lado, el segundo componente alberga a una canasta de productos cuya variación de su precio es más volátil, resultado de una mayor influencia de factores externos, como políticos o climáticos.

Entrando en materia, la pregunta obligada es, ¿qué está pasando en el contexto nacional? Pongámoslo sobre la mesa:

Desde marzo hasta la primera quincena de julio de 2021, las lecturas de inflación han mostrado una fuerte y persistente aceleración, cuestión evidente si consideramos 2 cosas: una alta base de comparación, explicada en gran medida por el proceso de recuperación económica emprendido desde el 2S20, y, la persistencia de las afectaciones en las cadenas de suministro, presionando fuertemente a la oferta. He de ahí el argumento de que es transitoria.

Gráfica 1. Inflación general, inflación subyacente e inflación no subyacente de enero de 2000 a junio de 2021. Fuente: elaboración propia con datos del INEGI.
Gráfica 1. Inflación general, inflación subyacente e inflación no subyacente de enero de 2000 a junio de 2021. Fuente: elaboración propia con datos del INEGI.


Sin embargo, cuando analizamos el último dato de inflación, se sitúa en 5.88% a tasa anual; ubicándose en niveles similares a los registrados en el proceso inflacionario de 2017. En cuanto a los componentes subyacente y no subyacente, en 4.58% y 10% a tasas interanuales, respectivamente, de los cuales encontramos las siguientes anotaciones; del primero, su renuencia a descender, y, del segundo, la fortuita subida de uno a dos dígitos en menos de un semestre, fenómeno que no se había suscitado desde finales de 2017. Entonces, ¿qué tan momentánea será?

Por lo mientras, el Banco de México ya está haciendo su tarea, y si consideramos los resultados de la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado: Julio de 2021, la cual arrojó una revisión al alza de la inflación general 2021 respecto a la encuesta del mes anterior, en 6%, es posible que aún falte incrementar en 75 básicos la tasa de interés en lo que resta del año, para ubicarla en 5%.

Lo cierto es que la inflación no es igual aquí que en China, pues mientras que en las economías avanzadas se espera que ésta se reduzca hasta sus márgenes prepandémicos, en las economías emergentes, como la mexicana, se mantenga elevada hasta 2022, y si le sumamos riesgos cambiarios, reasignación de gasto, mayores presiones a los alimentos por sequías, y la variable COVID-19, deja entrever que todavía nos queda un largo camino por recorrer.



Como reflexión, le comparto una frase de John Maynard Keynes:
«La inflación es injusta, la deflación inconveniente».


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