De la mano de The Economist, llega el anuncio de las monedas digitales gubernamentales. Si bien la publicación reconoce la importancia y las barreras que han sobrepasado los activos digitales como Bitcoin. La fuerza retomada ante la crisis mundial y el respaldo generado por las instituciones y economías han llevado a las monedas digitales a tener el reconocimiento que hoy día tienen.

Para The Economist la importancia radica en el control efectivo que requieren para su correcto funcionamiento, lugar que ocuparán los Gobiernos, con monedas digitales centralizadas, reguladas y con VIGILANCIA, para una mejor implementación y uso.

Recordemos que contamos ya con distintas stable coins que brindan a los usuarios de criptoactivos respaldo en sus inversiones y/o uso de activos digitales. Asegurando el valor de cada unidad, se puede tener una certeza y control de lo invertido o de la cantidad de activos digitales con los que se cuenta. Sin embargo, la oferta de este tipo de criptodivisas es cada día mayor, puesto que al contar con “código libre” su replica por otros usuarios de la red, empresas o instituciones es realmente muy sencilla; por lo que el paso obligado a seguir es la forma en que se puede respaldar realmente dichos activos estables, para brindar seguridad a los usuarios.

Fuente: The economist, Mayo, 2021
Fuente: The economist, Mayo, 2021


Desde el punto de vista de los proyectos de activos digitales gubernamentales, es un tema que aún está en desarrollo, si bien existen gobiernos que están realizando pruebas es distintas redes e implementando estos proyectos; aún son pruebas muy localizadas.

Primero que nada, se debe entender que es un paso gigantesco generar instrumentos que permitan la conversión de fíat a divisas digitales; en segundo lugar la implementación en la vida cotidiana de las distintas sociedades con el cambio de pensamiento para la disociación de lo físico y transitar hacia ámbitos digitales. En tercer lugar, generar los espacios y/o herramientas que permitan ecosistemas crypto seguros, confiables y eficaces. En sí mismo es un proyecto monumental y en obvias razones de transición un tanto larga, por lo que pocos gobiernos (especialmente democracias cortas, como México) tienen el tiempo para realizar dichos proyectos y ponerlos en marcha. La continuidad dentro de la política es un tanto compleja en gobiernos cambiantes; en gobiernos largos que no tienen elecciones o cambios constantes de poder la decisión principalmente radica en la innovación y libertades que sistemas como las criptomonedas pudieran traer a dichas sociedades.

En fin, cada gobierno debe de tener sus dificultades para generar desarrollos como este, de ahí la “tardanza” que han tenido dichas monedas para salir al mercado; cuando en el ámbito privado, pudiera ser cuestión de horas para la generación de programación y funcionamiento, ya que gracias al “código libre” este trabajo se puede volver más práctico.
De ahí una de las grandes diferencias que pudiera tener una criptomoneda digital gubernamental a una criptomoneda comercial (ya sea centralizada o no, estable o no, deficitaria o no, finalmente cuenta con objetivos meramente comerciales). Por lo que debemos entender dicha diferencia y dejar de mezclar o intentar mezclar una con otra; ya que su enfoque, objetivos, desarrollo e implementación es distinta. De ahí las dificultades para las regulaciones, o los intentos de regular los activos criptográficos, como los recientemente anunciados por la FED respecto a las transacciones y exchenges de la red; cuyas imposiciones además de imposibles físicamente, son intentos por ganar más tiempo ante una realidad inminente; la sociedad busca instrumentos financieros sencillos, participativos, fácilmente accesibles, los ha desarrolado e impulsado; esa organización y participación está dejando fuera a distintas instituciones que hoy buscan el medio de ingresar al “juego” de los Activos Digitales. 
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