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Debido a mi último artículo se me ha preguntado directamente mi opinión acerca de la propuesta que hay entre candidatos a la presidencia de la república por una recuperación del salario mínimo, llevándolo de inmediato a 100 pesos y de ahí a duplicar su valor en los siguientes años de manera gradual. Los salarios en México son otro instrumento para gestionar la inflación, como resultado de esto por años solamente se le subía a la remuneración mínima lo equivalente a la inflación esperada.

La economía es una ciencia social, sus componentes derivan en resultados que acaban por perjudicar o beneficiar a algún extracto específico de la población. Pero asumir que los grandes problemas de pobreza que sufren economías emergentes como la mexicana se resuelven en respuestas simples, es volver a los errores que cometimos durante buena parte del siglo pasado.

Al ser la masa salarial tan importante para el mercado laboral, el mercado de dinero, y para la competitividad misma de una economía, es que se vuelve muy peligroso al politizarla, y no asumir que por estar en niveles precarios se vuelve una necesidad el alzarlo por decreto, que los salarios, al igual que las ganancias de una empresa, tienen que ser consecuencia de una cadena de hechos que se materialicen en un mayor nivel de bienestar.

 

En el artículo anterior explico el efecto faro, una consecuencia meramente económica que perjudica a la economía en su conjunto cuando no se tiene bien evaluadas las condiciones que deberán propiciar un aumento del salario mínimo. Éste es un tema económico, es una variable dependiente de otras como la competitividad y productividad del empleado en el sector formal e informal, no de campañas políticas.

 

Dentro del campo no se trata de estar a favor o en contra de alzas del salario mínimo, la conversación es más profunda que esa, y el error es tenerle dentro de una mesa de discusiones políticas cuando no debe de funcionar por mera voluntad de quien tome el cargo en los pinos. Así como se ha conservado precario por años para mantener bajos los niveles inflacionarios, como el quererle alzar para agarrar popularidad entre la población, principalmente los de bajos recursos.

 

Me sumo a la propuesta que hizo Jonathan Heath en su artículo “El salario mínimo, un recuento del debate público”, citándole “Las actuales condiciones con la participación de empresarios, sindicatos y gobierno hacen que la determinación del salario mínimo tenga tintes políticos y genere manifestaciones con fines partidistas y electorales”. Acompañándole en la creación de una comisión autónoma, en la cual participen técnicos y economistas que determinen las alzas gracias a avances de productividad en los trabajadores. Para esto habría de desaparecer a la actual Comisión Nacional de Salarios Mínimos, pero de construir un marco institucional completamente libre de regular la masa salarial y que ésta no sea rehén, se habrá dado un paso sustancial hacia la evolución natural de los salarios mexicanos sin que haya presiones inflacionarias de por medio.

 

Heath, J. (2017). El salario mínimo. Un recuento del debate público. Mayo 17, 2018, de UNAM Sitio web: http://www.economia.unam.mx/assets/pdfs/econmex/02/04HeathMartin.pdf

 

David Abraham Ruiz Ruiz

Licenciado en Finanzas por la Universidad de Sonora

Correo: [email protected]

Twitter: @Ruiz4D

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