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El pasado martes se transmitieron los mensajes finales más relevantes entre los candidatos a la presidencia de México, fue la última ocasión en donde tendrían a un público atento a propuestas y a rasgos específicos de su personalidad. Ahora con el mundial de Fútbol en juego la gente se enfocará en el deporte, y perderá empuje todo lo respecto a las elecciones, así que el debate fue la última oportunidad de mostrar la cara con la que querían convencer al electorado de apostar por su proyecto de nación.

Empezó el debate con crecimiento económico, temática en la que Carlos Puig quiso que los candidatos especificaran detalladamente la estructura fiscal y el cómo saldrán los ingresos que sustenten el enorme gasto público que promete tanto el candidato del frente como el de morena. Afirmó Anaya la reducción de impuestos, específicamente el IVA en la frontera, así como el IEPS, jactando que el componente fiscal de las gasolinas es dañino para la economía familiar y se vuelve una necesidad su reducción; esto viene acompañado con una inversión pública sustancial, pero de donde no se esclarece el uso de recursos públicos, comentando que a través de un mejor gasto público darán las cuentas para que el dinero dispuesto sea suficiente, ofreció el caso específico del gasto en publicidad social por parte de la Secretaría de Educación para fortalecer su argumento.

El candidato puntero de las encuestas tuvo una participación muy similar ofreciendo muchos subsidios, inversión pública productiva, así como becas a todos los jóvenes. Al momento de preguntársele el financiamiento de sus proyectos se refirió a la corrupción como el costo que erradicaría, ahorrándose anualmente quinientos mil millones de pesos diciéndose que se basa en un estudio del Banco Mundial, aunque Verificado 2018 esclareció que no existe dicho estudio o estadística de parte del Banco Mundial que avale esa cifra, y aunque existiese, es irreal asumir que ese costo se pondría a disposición del ejecutivo al instante; también la reducción del gasto corriente y de los sueldos de altos funcionarios le habrá de dar otro fuerte monto para sus proyectos de inversión pública, entre los que destaca refinerías.

Ambos candidatos tocan un tema muy cierto, pero lo desarrollan de una manera ficticia. El gasto público mexicano es de los más ineficientes del mundo, en el último reporte de Competitividad del Foro Económico Mundial se data a la eficiencia del gasto público en México en el puesto 134 de 137. Pero ninguno de los dos ofrece un mecanismo con el que el cual corregir el gasto federal y los respectivos gastos estatales, que ahí es donde surge mayor parte de la deuda pública.

Meade sustentó la reducción de pobreza extrema, pero le achacaron el cambio de medición que hubo, sin embargo él defendió que es más estricta la nueva metodología y ello le da mayor valor a las cifras conseguidas mientras fue Secretario de Desarrollo Social. No obstante continuó cargando el enorme peso de la administración de Peña Nieto, y el hecho que no hay explicación de por qué muchas de sus propuestas no fueron implementadas mientras estaba en alguna secretaría de estado.

Entre lo lamentable estuvo que Anaya fue incapaz de explicar debidamente el Ingreso Básico Universal y el cómo erradicaría la pobreza extrema en el país, en cambio le dedicó más tiempo a una propuesta menos asequible en el acceso a dispositivos móviles de todos los mexicanos; López Obrador defendió los subsidios a las gasolinas cuando le preguntaron directamente del cambio climático y la necesidad de energías verdes, empezó a hablar de la eliminación de gasolinazos, de la construcción de una refinería, demostrando lo perdido que está en este tema, porque subsidiar gasolina y construir refinerías es permear la emisión de contaminantes, y dicho subsidio es regresivo porque beneficia principalmente a los más ricos; y Meade habla de la necesidad de equilibrio y estabilidad, pero no del mediocre crecimiento que ha tenido la economía mexicana durante el sexenio.

Adherir que los tres son fiscalmente irresponsables por no esclarecer sus planes de financiamiento. En el pasado los ingresos del estado equivalían a un 10% del PIB, el gasto público a un 20%, el diferencial se compensaba por el ingreso petrolero, ello ya no existe como tal, es absolutamente necesario un plan fiscal responsable y que sea progresivo, con subsidios que benefician al 10% más pobre, e impuestos que graven al 10% más rico.

Este debate fue el último evento mayúsculo con la atención de los votantes, ahora quedará ver cómo se acomodan las encuestas para los últimos días y entender cómo resulta la distribución de indecisos. Se invita a la gente a votar por el candidato con el que se sientan más identificados, que sin importar quien gane, la crítica y el seguimiento a las políticas públicas son responsabilidad de los medios y la sociedad civil, que nuestra responsabilidad no empieza ni termina con ir a las urnas.

 

David Abraham Ruiz Ruiz

Licenciado en Finanzas por la Universidad de Sonora

Correo: [email protected]

Twitter: @Ruiz4D

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