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El COVID 19 ha sido durante las últimas semanas el tema más importante en todo el mundo. Este virus detuvo la vida en prácticamente todo el planeta y esto produjo que miles de millones de personas se resguardaran en sus domicilios. El confinamiento y las redes sociales han sido una combinación chispeante. La gente está dedicando gran parte de su tiempo a buscar información que, en muchos casos, es errónea. Las comúnmente conocidas “fake news” se han esparcido con una facilidad y velocidad que pueden comprometer la vida de las personas.

 

Coronavirus, Edgar Arenas

 

Las fake news del Coronavirus. Del chiste a la tragedia en un click

 

Mucha de esta información tiene que ver con la escasa educación de amplios sectores de la sociedad que tienen a su alcance la posibilidad de viralizar información que consideran real. En muchos casos no existe dolo, es simple, lo que comparten no tiene la finalidad de desinformar, quién comparte en Facebook o Twitter su “realidad” lo hace porque tiene total certeza de ella. 

 

Es común encontrar posts o videos sobre un virus que fue creado en un laboratorio ultrasecreto y propagado en el mundo por una secta de personas que desean desestabilizarlo para apoderarse de él, o bien, en México se ha vuelto común leer sobre médicos que están asesinando a los pacientes que ingresa a un hospital para luego extraerles el líquido de las rodillas y venderlo en el mercado negro porque es más valioso que el oro y el platino. Estos son dos ejemplos, pero en las redes sociales se pueden contar cientos de ejemplos de este tipo. En México existe un grupo muy amplio de la sociedad que mira con recelo al gobierno producto de un histórico abandono, un mecanismo natural de defensa de este sector es desconfiar de toda información procedente del Estado. En todo caso, creer o no creer, se vuelve un tema personal, pero es delicado convocar o darle seguimiento a los llamados a la desobediencia civil en un momento en donde lo que se pone en juego es la vida.

 

Isaac Asimov escribió un artículo en 1980 donde hablaba del “Culto de la ignorancia”, en donde denunciaba un clima anti-intelectual en Estados Unidos. De acuerdo a Asimov el anti-intelectualismo afirma que “mi ignorancia vale tanto como tu saber”. Básicamente este principio busca convencer a la gente de que los problemas colectivos son fáciles de resolver, pero que los expertos, periodistas y académicos buscan complicar la situación porque tienen intereses personales o de grupo. En ese contexto, encontramos una gran cantidad de personas que se niegan a creer en los expertos y a dudar de ellos, en algunos casos como resultado de su ignorancia, en otros casos, con la convicción de que el razonamiento no es fuente de soluciones.

 

De acuerdo a la BBC el 90% de lo que existe en Internet es basura. En esta situación de confinamiento el Internet se ha vuelto la fuente de información número uno de consulta, y lamentablemente, se puede volver la principal fuente de desinformación. Actuar con responsabilidad es tarea de todos. Es prioritario consultar fuentes oficiales y de forma constante, puesto que la información puede cambiar muy rápido.

 

Por cierto, Asimov, proponía cómo antídoto al culto a ignorancia que la cultura “debe ser una actividad respaldada y abrazada por la sociedad”.

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