Cuando hay crisis en la economía, es usual escuchar que muchas personas hablan sobre fluctuaciones y ciclos, pero ¿a qué se refieren?

Un ciclo económico consiste en diferentes fases: expansión, auge, recesión o contracción y depresión.
La expansión hace referencia a cuando la actividad económica crece y aumenta constantemente, lo que se traduce en mayor producción y empleo, entre otras cosas.

Después sigue el auge, considerado el punto más alto de un ciclo económico y este representa el momento en el que la economía está en las mejores condiciones posibles.
Sin embargo, esta situación no dura para siempre y es cuando entra la fase de recesión, la cual se caracteriza por una disminución progresiva de la producción, ingreso y empleo, entre otros indicadores.

Finalmente, tenemos el punto más bajo de este ciclo, la depresión. En esta fase, la situación que vimos en la recesión se agrava aún más, es decir, aumenta el desempleo, el ingreso de las personas disminuye considerablemente, la producción nacional no tiene crecimiento...
Algo importante a destacar es que no debe confundirse un ciclo económico con las fluctuaciones, porque de hecho, en los ciclos la actividad económica fluctúa ya sea contrayéndose o expandiéndose.

Las variaciones y magnitudes de estos movimientos dependen de varios factores macroeconómicos: el empleo, el consumo, la inversión y la producción de las empresas. Asimismo, existen otras características que influyen en estas fluctuaciones como la productividad del país, estructura jurídica y la situación política. (Grande Trejo, 2019)

¿Qué hacer ante estos ciclos? En estos casos el gobierno puede apoyarse de la política fiscal y monetaria, de las cuales hablamos en el post anterior.
Sin embargo, la transición de una fase a otra del ciclo no es instantánea, puede durar varios meses e incluso años.
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