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Una de las preguntas más recurrentes que he recibido durante días recientes es si ya llegó el “gran momento” para invertir en plata física. Lo anterior debido a que la cotización de la onza troy en los mercados internacionales se ha desplomado casi 10 por ciento en dólares tan sólo este mes.

 

Sin embargo, antes de responder la pregunta, es conveniente recordar primero que nada por qué y para qué debe tenerse este metal precioso.

 

El actual sistema monetario de dinero fíat –inconvertible-, esto es, sin respaldo más allá de la deuda, es una carrera global hacia el fondo en la que los billetes y monedas que cargamos en los bolsillos se devalúan más o menos rápido según la divisa de que se trate a lo largo del tiempo. Este dinero tiende siempre hacia su verdadero valor: cero.

 

De este modo, el poder de compra de nuestros ingresos y ahorros, si se estancan en divisa, está condenado a irse diluyendo.

 

Justo por eso ningún inversionista serio al que le preocupe la conservación de su patrimonio, debe quedarse sin este amparo en dinero real, o sea, oro y plata. El valor de estos nunca llegará a ser cero, por lo que constituyen una especie de seguro financiero: no pueden ser desaparecidos de un plumazo ni borrados de ninguna hoja de balance. Son propiedad privada en sí mismos y no la deuda de alguien más que puede ser incumplida.

 

Hay diversas formas de tenerlo, como en joyas, medallas, monedas, barras y lingotes. La más conveniente para la gran mayoría es la moneda por su superior negociabilidad (es más fácil de vender y con un castigo menor sobre el valor metálico a la hora de revenderla).

 

En países como México ciertos tipos de moneda de metal fino gozan incluso de curso legal. La Ley Monetaria de los Estados Unidos Mexicanos establece en su Artículo 2º. Bis. que “También formarán parte del sistema las monedas metálicas acuñadas en platino, en oro y en plata, cuyo peso, cuño, ley y demás características señalen los decretos relativos.”

 

Según el mismo artículo, dichas piezas gozan de curso legal por el equivalente en pesos de su cotización diaria, y el Banco de México está obligado a recibirlas ilimitadamente.

 

En ese rubro entran las de la serie Libertad. Seguro que es más fácil para la mayoría adquirir una onza de plata de dicha serie –que esta semana se vende ya por menos de 400 pesos, y que en septiembre se vendió en más de $450 -, que una de oro de más de 25 mil pesos.

 

Cabe recordar que el máximo histórico para la onza Libertad de plata se alcanzó en abril de 2011, cuando se vendió en 610 pesos. El abaratamiento de octubre en pesos, ha sido posible gracias a que también el dólar ha bajado.

 

Como cualquier inversión, lo conveniente es comprar plata cuando está más barata y no cuando ha estado subiendo a nuevos máximos. La experiencia por desgracia, nos enseña que la mayoría hace justo lo contrario, compra caro y luego vende al ver caer las cotizaciones, lo que le genera pérdidas importantes. No caiga en ese error.

 

La tenencia de monedas de metal fino es indispensable como protección financiera de mediano y largo plazos, pero por supuesto, no debe ser su única inversión.

 

Si lo que busca es especular con ganancias prontas, la inversión física no es para usted. Para eso acérquese con un buen bróker que le ofrecerá diferentes mecanismos de exposición al precio de este metal.

 

La recomendación entonces, más que tratar de adivinar si se va a abaratar más o encarecer, es comprar de manera periódica, sin importar que suba o baje. Al final, tendrá un costo medio de adquisición conveniente.

 

Nadie tiene ni puede tener idea de cuándo se tocará el mínimo definitivo, con la agravante de que incluso si la plata se desploma en términos de dólar, la subida del tipo de cambio podría impedir que el precio mejore mucho en moneda nacional.

 

Aproveche entonces los niveles actuales, es cuestión de tiempo para que nunca más los volvamos a ver.

 

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