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A pesar de que todas las noticias hablan de una caída del Producto Interno Bruto de 10.8%, sobre las numerosas empresas perfilándose a la bancarrota y el aumento en la tasa de desempleo hay un problema en particular que venimos cargando desde hace mucho tiempo: la inclusión financiera. Este factor nos puede dar conclusiones acerca del desarrollo de la sociedad, ya que puede destacar el número de personas con una cuenta bancaria, el acceso a un crédito o la capacidad de contratar un seguro.

La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) es uno de los entes encargados de fomentar la inclusión financiera en el país, en especial, de hacer llegar estos beneficios a los grupos vulnerables, ya que esta acción es uno de los elementos que propician la inclusión social, niveles menores de pobreza y desigualdad, así como un mayor crecimiento económico. Este organismo autónomo realizó la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (en conjunto con el INEGI), con la finalidad de poder medir este factor, que es de alta relevancia.

Los resultados demuestran que entre 2012 y 2018 la población adulta incluida financieramente creció 37% y el número de adultos con cuentas, créditos, seguros y Afores se incrementó en 12.3 millones, 5.3 millones, 4.6 millones y 11.7 millones respectivamente. Lo anterior sucedió gracias al esfuerzo conjunto de los bancos (que aumentaron el número de sucursales y desarrollaron servicios de banca móvil) y a organizaciones como la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), que se encargan de dar educación financiera a los mexicanos y protegerlos contra fraudes relacionados con este tipo de servicios.

Sin embargo, el medio de pago preferido por los mexicanos sigue siendo el dinero en efectivo, ya que 87% de las transacciones de 500 pesos o más son con este medio. Es preocupante ya que, a pesar de los 80.6 millones de usuarios de internet, los pagos mediante esta plataforma no se han incrementado de manera significativa; solo 32% de los habitantes de México realizó una compra en línea, poniéndonos por detrás de países con circunstancias similares como Chile (65%) y Brasil (58%). Esto nos puede llevar a concluir que el incremento en la inclusión financiera no ha sido benéfica para la diversificación de los pagos y la futura sustitución del dinero en efectivo, sino que estas herramientas (como las cuentas de débito, crédito, entre otras) solo han sido puentes para la provisión de efectivo.

¿Qué se puede hacer para mejorar? Considerando que 82% de los trabajadores formales tienen una cuenta bancaria, es claro que no ha sido una buena estrategia para su inclusión en actividades financieras. Tal vez sería mejor incentivar el uso de los productos y servicios financieros mediante una reducción en las comisiones por uso de tarjetas de crédito, bajar los costos de transacción, intereses menos agresivos, acceso más fácil para préstamos, entre otros. Esto no solo beneficiaría a la inclusión financiera, sino que reduciría la facilidad del lavado de dinero y actividades ilícitas que son un gran problema dentro del país; además, sería un circulo de beneficios, ya que al haber información de los usuarios sobre el manejo de sus ingresos, las instituciones financieras podrían tomar mejores decisiones para otorgar créditos a quienes, tal vez, no tenían un historial crediticio.

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