A fuego lento

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Si hay una métrica que forma parte del arsenal tanto de un analista fundamental como de un analista técnico es la Beta. ¿De qué se trata? La respuesta, a continuación.

El coeficiente Beta es, por excelencia, la herramienta más importante dentro de la administración y gestión de riesgos financieros, ya que devela el nivel de riesgo sistemático (riesgo no diversificable) que posee un activo o un portafolio de inversión respecto al mercado, al mismo tiempo que proporciona información acerca del grado de correlación entre ambas variables, permitiendo tener un mayor entendimiento del activo o conjunto de activos en cuestión, y, con ello, lograr una mejor diversificación.


Su cálculo se obtiene dividiendo el producto de la covarianza de los rendimientos del activo y los  rendimientos del mercado por la varianza de los rendimientos del mercado (Figura 1). Como anotaciones generales, el activo puede ser financiero o no financiero, y, en cuanto al mercado, si el activo que se eligió, por ejemplo, es una acción, generalmente se utilizará el índice de referencia del mercado donde ésta cotiza.


De arriba hacia abajo. Una Beta mayor que 1 significa que la acción fluctuará de forma más agresiva en que lo hará la Bolsa. La Beta igual a 1 indica que la acción se mueve igual que la Bolsa; es decir, hay una correlación alta. Cuando la Beta es menor a 1 significa que la acción se moverá más lento que la Bolsa. Una condición donde el coeficiente Beta sea menor a 0; es decir, cualquier número negativo, indica que la acción se mueve de manera opuesta a la Bolsa (Figura 2).


La teoría y la práctica son muy diferentes en casi todo; sin embargo, al comparar el desempeño del S&P 500 High Beta Index (NYSE Arca: SPHB), junto con el S&P 500 Low Volatility Index (NYSE Arca: SPLV) contra el Índice S&P 500, medido por la tasa de crecimiento anual compuesto (CAGR, por sus siglas en inglés) de los últimos 10 años nos encontramos con que el SPHB superando con 47.41% al mercado estadounidense y casi con el doble al SPLV. Por el contrario, el SPLV ha devuelto un -20% que la Bolsa y, como era lógico y se expresó anteriormente, 50% menos que lo ofrecido por el SPHB (Gráfica 1).

Es importante recordar dos limitaciones del coeficiente Beta; sobre la mesa: un valor alto o bajo no dice nada sobre la dirección del precio de la acción y la importancia de comprender la periodicidad de las Betas bajo las cuales se está haciendo el análisis, recordando que se trata de información histórica y que, entre más corto sea dicho periodo, menos alcance futuro tendrán (basta con observar cómo se ha ido elevando el nivel de volatilidad del SPHB respecto al mercado).

A propósito del título y como conclusión, recordemos que durante la corrección de marzo de 2020, el S&P 500 en tan sólo 33 días ajustó -33.92%, moderadamente mejor si lo comparamos contra las canastas de las acciones más y menos volátiles del índice, SPHB y SPLV, las cuales corrigieron en -46.82% y -35.88%, respectivamente. Es imprescindible que al estructurar un portafolio de inversión se busque, en términos de riesgo, un punto medio, entre volatilidad y correlación, ni mucho riesgo ni tan baja correlación; es decir, a fuego lento.

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