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La FED tiene un mandato dual: estabilidad de precios y maximizar el empleo. En un entorno económico donde se registra una tasa inflacionaria de 6.4%, medida por el Índice de Gastos de Consumo Personal (PCE, por sus siglas en inglés), y una tasa de desempleo de 3.6%, es natural que la tónica monetaria priorice a la primera sobre la segunda. En las últimas semanas, los gobernadores del banco central americano han señalado que hacia el horizonte se vislumbran más movimientos al alza en el rédito referencial, mencionando que no se descarta que éstos sean de 50 básicos, lo cual deja entrever que nos encontramos frente a una política mucho más agresiva de la que el consenso de analistas esperaba.

A razón de lo anterior, surgen diversas incógnitas acerca de cuáles podrían ser los efectos que tendrá el recién iniciado ciclo restrictivo en la economía y los mercados financieros, así como qué tanto podría la FED elevar la tasa de interés sin ocasionar (indirectamente) una recesión.

Buscando responder ésas y otras preguntas, prosigamos analizándolo desde un punto de vista teórico – práctico.


Como es de su conocimiento, estimado lector, el pasado 16 de marzo el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) optó por incrementar en un cuarto de punto porcentual la tasa de interés de referencia, ubicándola en el nuevo rango objetivo de 0.25 - 0.50%, significando su primer aumento en más de 3 años (Gráfica 1).

Asimismo, la autoridad monetaria dio a conocer que comenzará a reducir el tamaño de su balance en US$ 95B por mes, cuestión que disminuiría gradualmente la liquidez.


El Índice de Precios al Consumidor (CPI, por sus siglas en inglés) y el PCE son métricas seguidas por el mercado para analizar la inflación; no obstante, la segunda representa el indicador clave utilizado por la FED para hacer política monetaria, estableciendo un rango objetivo de 2% en un horizonte de largo plazo.

Tal como señalé al principio, el PCE de febrero se sitúa en 6.4%; es decir, tres veces por encima del nivel ideal. Dicho número, junto con otros factores, coadyuvó a que la tasa de interés se incrementara, con la finalidad de alinear a la inflación a su rango objetivo, y, por consiguiente, cesar la erosión de la riqueza de los agentes económicos participantes.

Pero ¿en dónde descansa el fundamento de que podría desencadenarse un periodo recesivo por la subida de tasas?

En la teoría, una política monetaria restrictiva es un mecanismo que se emplea para enfriar una economía con signos de deterioro en los niveles generales de precios, mediante la generación de una serie de efectos en los diversos canales de transmisión (Figura 1).  

Dentro del contexto actual, en una economía postpandemia, se estima que una política en exceso agresiva afectaría la recuperación de la demanda agregada, a la vez que se empujaría (directamente) a impulsar al alza la tasa de desempleo (en medio de uno de los mercados laborales más fuertes de la historia), no sin olvidar que se presenciaría un proceso de recalibración generalizada de los portafolios de inversión por medio del aumento del rendimiento de los bonos. He aquí la respuesta.

Ahora, ¿cómo suelen redituar los activos financieros y no financieros cuando la FED endurece su política monetaria?


Analizando los retornos anualizados por clase de activo, la renta fija resulta ser una gran alternativa para lograr una cartera equilibrada en términos de riesgo, al combinar bonos de diferente duración y vencimiento. Los activos alternativos, como los commodities (considerando el oro) y los REITs, si bien registraron el retorno promedio más alto, tuvieron el riesgo más alto. En tanto, la renta variable, considerando únicamente acciones, las acciones de mayor capitalización (que incluye acciones de valor y acciones de crecimiento), históricamente han registrado el menor riesgo (Gráfica 2).

En ese último punto, también quisiera aprovechar para desmitificar uno de los dogmas de asset allocation más escuchados en épocas como la que impera, relacionada a las acciones financieras.

Como se vio en la Figura 1, un aumento de tasas de interés conlleva a que los bancos eleven el costo del dinero, lo cual incide positivamente en el rubro de ingreso neto por intereses; no obstante, las instituciones financieras que poseen, por su objeto social, una mayor exposición a la cartera de crédito al consumo se colocarían como las menos atractivas, puesto que al encarecerse los créditos aumenta la probabilidad de morosidad de los prestatarios, lo que, consecuentemente, afectaría la utilidad neta


Como conclusión, en abril de 2022, persiste un balance de riesgos a la baja para el proceso de recuperación económica global, considerando el riesgo pandémico y sus efectos en las cadenas de suministro, los riesgos geopolíticos derivados del conflicto armado en Ucrania, y, desde luego, la creciente inflación.

Hablando meramente del riesgo de recesión, reitero una vez más que tarde o temprano sucederá, pues es una fase del ciclo económico, pero, en mi opinión, los datos muestran que no se desencadenará, al menos, en el futuro previsible.

Al momento en que escribo estas líneas, se pronostica que la FED subirá la tasa en tres cuartos de punto porcentual en la reunión de política monetaria del 3 y 4 de mayo (Gráfica 3). ¿Política de fuego alto o fuego medio, qué dice, usted?

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