Estoy seguro de que durante la última mitad de la semana pasada leyó o escuchó que el Banco de México (Banxico) subió la tasa de interés, situándola en 4.25%, ¿de qué va esa decisión?

Primeramente, recordemos que el Banxico es el banco central de nuestro país, el cual por mandato constitucional tiene encomendado como objetivo prioritario procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional (Artículo 28); que no es otra cosa que mantener una inflación baja y estable, en un rango objetivo de 3 por ciento +/- un punto porcentual. Al mismo tiempo que promueve el sano desarrollo del sistema financiero y propicia el buen funcionamiento del sistema de pagos (Artículo 2 de la Ley del Banco de México). Para el alcance de este artículo, me enfocaré en el objetivo prioritario. 

Si bien la banca central por naturaleza no puede controlar o alterar de manera directa a la inflación, a través de la instrumentación de la política monetaria es capaz de generar un impacto sobre los determinantes de ésta; conocidos como objetivos operacionales. Desde enero del 2008 se definió a la tasa de interés interbancaria a un día como objetivo operacional. 

Ahora bien, ¿qué es y cómo funciona la política monetaria? Es un proceso que comprende una serie de medidas empleadas por la autoridad monetaria de un país, manifestándose con el movimiento de la tasa de interés, en México, como expliqué al inicio con la finalidad de preservar el poderío de compra. Ya sea que se registre un incremento (política monetaria restrictiva) o disminución de la tasa de interés (política monetaria expansiva), se surtirán efectos intencionados y no intencionados sobre la economía, mediante canales de transmisión, como el ahorro; el crédito, y el tipo de cambio, sólo por mencionar algunos.



Al considerar la cifra más reciente del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), correspondiente a mayo, ubicada en un nivel de 5.89% a tasa anual, se han acumulado ya 3 meses consecutivos fuera del rango objetivo fijado por el Banxico, ¿las razones? Podrían ser atribuibles a diversos factores, como lo son, efectos base; disrupciones en las cadenas de suministro; alteraciones en el cambio climático, manifestándose en el último medio año por medio de sequías; exceso de liquidez en la economía global, impulsada por los paquetes de estímulo fiscal, lo que en conjunto supone un desequilibrio de oferta y demanda, representando un gran obstáculo para la incipiente y fortuita recuperación económica; que de acuerdo con los datos más recientes, el consenso de analistas augura que la economía mexicana registre un crecimiento de 6% en el 2021 (influenciado mayormente por aspectos externos que internos).

Gráfica 1. Tasa Objetivo del 01 de agosto del 2019 al 25 de junio del 2021. Fuente: elaboración propia con datos de Banxico.
Gráfica 1. Tasa Objetivo del 01 de agosto del 2019 al 25 de junio del 2021. Fuente: elaboración propia con datos de Banxico.


La decisión tomada por la Junta de Gobierno del Banxico el pasado jueves 24 de junio (que por cierto no fue unánime), da por finalizado un ciclo bajista de tasas de interés que dio inicio hace 22 meses y que se endureció en marzo del 2020 de forma homologada con la banca central internacional como medida amortiguadora ante los indicios de desaceleración económica a raíz de la pandemia de COVID-19 (Gráfica 1).

Y a todo esto, ¿qué nos depara el futuro? Cualquier movimiento de tasas no altera de forma inmediata el contexto económico, ya que depende de su intensidad y persistencia; sin embargo, sobre la mesa le dejo lo siguientes supuestos: un mejor premio al ahorrar, a la par que se encarece el financiamiento, y, la retención y atracción de un mayor número de inversionistas extranjeros, traduciéndose en apreciación cambiaria, lo cual a su vez y junto con otros factores, reduciría costos. 

Sea como sea, recuerde el adagio de John Stuart Mill,《ningún problema económico tiene una solución puramente económica》.
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