Una montaña rusa

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La historia nos sirve para dos cosas: no volver a cometer los mismos errores y ofrecernos una idea de lo que podría suceder.

Cuando se analiza el desempeño de cualquier activo, sea financiero o no financiero, es primordial que en un primer paso sean revisados los datos históricos, cuando menos de los últimos 15 o 20 años (cuán más tiempo, mejor), pues nos dará una visión mucho más amplia de qué factores, intrínsecos o extrínsecos, le han acompañado a través del tiempo, permitiéndonos entender el activo en cuestión y, sobre todo, prepararnos mentalmente.


Si algo la historia nos ha demostrado una y otra vez es que uno de los mejores vehículos de inversión, sin lugar a duda ha sido el mercado accionario, generando un retorno promedio de 7.05% cada 10 años desde hace 22 décadas, superando con creces a otros instrumentos financieros, como los bonos del Tesoro a 10 años, el efectivo y las materias primas (Tabla 1).

La renta variable, como su mismo nombre lo dice no es constante y, por lo tanto, no hay garantía de rendimientos, a diferencia de lo que nos ofrece el mercado de renta fija, por ejemplo; sin embargo, esa impredecibilidad y ese desconocimiento de cuánto es lo que se podría ganar es lo que la hace especial, convirtiéndola en la alternativa preferida tanto para principiantes como para los más experimentados.


Si bien es cierto que el factor psicológico juega un papel protagónico en las inversiones, siendo un parteaguas al momento de tomar decisiones, es imprescindible que en todo momento el inversionista tome decisiones basadas en la realidad y no en la emoción.

Un ejemplo de ello fue el mercado bajista que experimentó la Bolsa neoyorquina del 19 de febrero al 23 de marzo de 2020, periodo en el que descendió 33.92% hasta situarse en los 2,240 puntos, nivel no visto desde finales de 2016 (Tabla 2). Es posible que en ese momento diversos inversionistas hayan decidido deshacerse de toda o una parte de su posición en el mercado de capitales, considerando que el punto de partida de esa caída fue un máximo histórico. Quizá para quienes tenían un horizonte de corto plazo fue lo más idóneo, mas no para quienes figuraban a largo plazo.

Desde que finalizó aquel mercado bajista hasta el 30 de agosto del año en curso, el S&P 500 ha marcado 73 nuevos máximos históricos hasta situarse en niveles de 4,500, significando una recuperación del orden de 102.41%.

Gráfica 1. Desempeño histórico del índice S&P 500 ajustado por inflación de los últimos 90 años. Fuente: Macrotrends.
Gráfica 1. Desempeño histórico del índice S&P 500 ajustado por inflación de los últimos 90 años. Fuente: Macrotrends.


El comportamiento del mercado accionario se asemeja a una montaña rusa, registrando en diferentes periodos del tiempo subidas y bajadas, algunas súbitas y otras, no tanto, pero desde hace casi un siglo y un poco más, ha demostrado que, en el largo plazo, continuará alcanzando niveles nunca vistos, como bien dice Peter Lynch en su adagio:

«No sé si los próximos 1,000 puntos del Dow serán hacia arriba o hacia abajo, pero estoy seguro de que los próximos 10,000 serán hacia arriba».



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