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Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer tras su oficialización por parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1975; no obstante, su origen se remonta hacia casi dos siglos atrás, cuando en 1848 la ciudad de Nueva York fue escenario de la celebración de la primera convención de los derechos de la mujer, donde se discutió por primera vez la igualdad de derechos civiles, sociales, políticos y religiosos entre hombres y mujeres.  

A propósito de ello, esta ocasión quiero hablar del papel de la mujer a través de una selecta serie de estadísticas, buscando concientizar su lucha y honrar todas estas décadas del movimiento femenil.


Desde 1960, 76 féminas han gobernado en sus respectivas naciones, es decir, en aproximadamente 63 países del mundo.

Si bien el número de mujeres en el poder ha registrado un alto crecimiento en los últimos doce años, nunca ha habido más de 18 mujeres ostentando el poder ejecutivo en un solo año, significando menos del 10% del número de hombres que han ocupado dicho cargo (Gráfica 1).


El promedio global de la proporción femenil en los parlamentos nacionales es del orden de 26%. Por naciones, Ruanda, Cuba, Nicaragua, Emiratos Árabes Unidos y México conforman el top 5 (Gráfica 2). En el caso particular de nuestro país, 250 de 500 escaños de la Cámara de Diputados son representados por mujeres.


En 2021, de acuerdo con el Global Gender Gap Index (Índice Global de la Brecha de Género), la brecha de género global en las áreas de educación y salud se encontraba casi equidistante; sin embargo, las diferencias siguen siendo muy pronunciadas en la dimensión económica y política, particularmente en esta última, donde se cerró solamente el 22% de la brecha (Gráfica 3).


De acuerdo con la última edición del Global Gender Gap Index, Islandia se sitúa como el país con la mayor igualdad de género a nivel mundial con una puntuación de 89%, seguido de dos países nórdicos, Finlandia con 86.1% y Noruega con 84.9%. Mientras tanto, México se posiciona en el lugar 34 con 75%, detrás de Bielorrusia que tiene una puntuación de 76% (Tabla 1).


Hablando de empleo, la disparidad laboral se ha acentuado en los últimos dos años, debido a que la gran mayoría de las mujeres se encontraban empleadas en los sectores e industrias que resultarían las más afectadas por la pandemia de COVID-19 (Gráfica 4).


A pesar de la interrupción parcial y total de las actividades económicas como consecuencia de la crisis pandémica iniciada en 2020, cuatro industrias destacan por achicar de forma progresiva la brecha de género en puestos de alta dirección en pro del sexo femenino en el segundo quinquenio de la última década: tecnologías de la información y software (3.6%), servicios financieros (2.6%), salud (1.9%) y manufactura (2%). Por el contrario, el comercio minorista, la industria de recreación y viajes, así como las organizaciones sin fines de lucro, registraron los menores avances en materia de inclusión laboral, con 0.5%, 0.7% y 0.8%, respectivamente (Tabla 2).


En la industria financiera existe la mayor diferenciación salarial, pues los hombres perciben anualmente un 39.69% más que las mujeres. A la inversa, la industria constructora representa la menor desigualdad salarial, el sexo masculino gana 6.83% más que el sexo femenino (Gráfica 5).    

Durante 2019, en Estados Unidos de América los hombres registraron un ingreso promedio anual de USD$ 45.9K frente a los USD$ 32.4K de las mujeres. En conclusión, la mujer gana un 30% menos que el hombre.


Cuba y Filipinas son el hogar de la mayor proporción de mujeres asociadas a invenciones, con el 53% y 38%, respectivamente (Gráfica 6).

Si bien la proporción de mujeres inventoras va en aumento, y, con ello, se cierra cada vez más la brecha de género en materia de innovación, en 2021 éstas solo representaban el 17% de los solicitantes de patentes internacionales.

Como podemos ver, en diversos campos, dimensiones y sectores económicos, la igualdad de género registra un avance lento, pero después de todo hay un progreso. Para lograr tenerla a cabalidad, es imprescindible que tanto mujeres y hombres, en conjunto, sigamos enfocando nuestros esfuerzos, pues no olvidemos que todos somos iguales.

Para finalizar, le dejo una frase de la filósofa Simone de Beauvoir:

«No nacemos como mujer, sino que nos convertimos en una».

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