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Utopía inflacionaria

Tomás Moro describió un estado ideal donde no existen el dinero ni la propiedad privada; la producción es multilateral entre sus residentes, quienes poseen expertise en las labores del campo, pero pueden aprender diferentes oficios por igual, y, hay pleno empleo. Ese estado ideal fue nombrado «Utopía», vocablo compuesto por las palabras griegas «u» y «topos», que significa «lugar inexistente».

La semana pasada, el gobierno mexicano dio a conocer el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC), cuyo objeto es combatir la desmedida y descontrolada inflación, que al momento en que escribo este artículo, se sitúa en 7.68% anual, cifra no registrada desde enero de 2001, mediante la homologación de los precios de 24 productos de la canasta básica en todo el país.

Para lograr su cometido, el proyecto, cuya duración será de 6 meses, plantea los siguientes lineamientos:

  • Estabilización de los precios de la gasolina y el diésel, precios de referencia del gas LP y electricidad.

  • Aumento de la producción de maíz, frijol y arroz.

  • Entrega de fertilizantes en 9 entidades federativas, al tiempo que se anula por un año las cuotas compensatorias del sulfato de amonio.

  • Arancel cero a la importación de básicos e insumos, abarcando 21 productos de la canasta básica y 5 insumos (harina de maíz, harina de trigo, maíz blanco, sorgo y trigo).

¿Cuáles son esos 24 productos que se buscará homologar su precio?


De los 40 productos que conforman la canasta básica en México, la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) solamente incluyó 24 en el plan antiinflacionario, destacando productos alimenticios (Tabla 1).

Ahora bien, hablemos de lo bueno y lo no tan bueno del PACIC, así como de sus repercusiones tanto en el bolsillo consumidor como en la caja del empresario.

Desde un punto de vista general, la intención y la estructura teórica del proyecto son buenas. Primeramente, porque se busca, de algún modo, preservar el poder adquisitivo del consumidor en medio de una de las espirales inflacionarias más pronunciadas que se hayan vivido en los últimos 50 años, y, segundamente, porque no se establecieron mecanismos de control de precios (situación que podría haber atado de manos a las leyes del mercado), además que se incorporaron medidas de fomento a la producción (particularmente la agropecuaria) y de colaboración entre los sectores público y privado (inusitado en los últimos 3 años y medio).

Sin embargo, al hablar de la parte práctica, su implementación, existen aún muchas interrogantes sobre su alcance en torno al tiempo, efectos y estrategias.

Si bien incrementar la productividad de granos estratégicos, pensando en contar con una reserva estratégica de maíz, coadyuvaría a aminorar los precios de diversos productos, su éxito dependerá de factores como lo son el clima, sequía, calidad del suelo y la restructuración de las cadenas de suministro, que, en la actualidad, salen del alcance público.

En cuanto a los oferentes de los 24 productos de la canasta básica, coexisten desigualdades entre los participantes, puesto que las empresas más grandes poseen mayor margen de maniobra en cuanto a la implementación de accionarios que sus pares pequeñas y medianas, tanto en materia comercial como de rentabilidad. De igual manera, es de esperarse que surjan mayores presiones en las finanzas públicas, conllevando, en el peor de los escenarios, a un recorte de la calificación crediticia de México.

Por otro lado, y, quizá el punto más importante, es que los beneficios de este plan, por naturaleza, tendrán efectos temporales severamente limitados, es decir, de corto plazo.

Concluyamos recordando que los precios son las válvulas que regulan la economía. Cuando los precios incrementan, se generan incentivos para aumentar la producción, lo que ocasiona que desciendan nuevamente. A su vez, cuando los precios decrecen, la producción se reduce, y, por consiguiente, los precios terminan por volverse a incrementar. Dicho esto, el consumidor anhela que su poder adquisitivo perdure no sólo unas cuantas semanas, sino permanentemente, por lo que la verdadera tónica del PACIC o cualquier otro plan, bajo la realidad económica actual, podría estar centrado en la promoción de la competencia, pues indudablemente la solución a los precios altos son los precios altos, y sólo así se logrará evitar una utopía inflacionista.

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