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Más que mil palabras

Leer frases célebres y viejos adagios es uno de mis pasatiempos favoritos. No hay mejor manera de aprender de las mentes célebres que han habitado en el planeta Tierra que estudiando y poniendo en práctica su visión de vida. Por ello, en esta ocasión le propongo analizar una triada de adagios financieros.


Las finanzas conductuales revelan que los inversionistas actúan mayormente por emoción e impulso que por raciocinio y lógica.


Para confirmarlo, basta con revisar los volúmenes de negociación del S&P 500 en los periodos adyacentes a las crisis inmobiliaria (2008) y del COVID-19 (2020), cuando el volumen promedio trimestral rebasó la barrera de las 200,000,000,000 operaciones (Gráfica 1).


Aunado a que, precisamente, esos periodos han sido los que han registrado las minusvalías trimestrales más pronunciadas en lo que va del siglo (Gráfica 2).

Tanto en las inversiones como en la vida, la actitud, claramente, predominará sobre la aptitud.


Toda frase atribuida a Albert Einstein engloba sabiduría y un profundo pensamiento científico, y ésta no es la excepción, veamos el porqué.


Una inversión de MXN$ 1,000 a una tasa de 10% mensual a 1 año, bajo la lógica del interés compuesto, al segundo mes redituaría MXN$ 110, diez pesos más que los MXN$ 100 que ofrecería el interés simple. Al llegar el último mes, la inversión pagaría MXN$ 285.31, significando MXN$ 185.31 de diferencial frente al interés fijo de MXN$ 100 (Gráfica 3).

¿Dónde está la ciencia? En el cálculo de los intereses. Mientras que el interés simple se calcula a partir del capital inicial (MXN$ 1,000), el interés compuesto se determina sobre la suma del capital inicial más los intereses generados a través del tiempo.

Usted decide si invierte o se endeuda bajo un esquema de intereses sobre intereses.


Puede que se cuente con un plan, una estrategia y un objetivo bien definidos, pero si nos concentramos solamente en ese plan, esa estrategia y ese objetivo, posiblemente se nos complique lograr el cumplimiento de nuestro cometido o, en el peor de los casos, la imposibilidad de concretarlo.


Casi siempre la emoción y el impulso nublan la visión asertiva del inversionista, y más en épocas de tanta incertidumbre como la que impera, conllevando a la realización de ajustes y rebalanceos de la cartera que, por muy acertados que parezcan, en contextos «normalizados» distan de serlo. Si bien el comportamiento de la renta fija y la renta variable depende, en gran medida, del ciclo económico, no deben subestimarse. Un ejemplo de ello es que en las últimas siete décadas una mezcla de acciones y bonos nunca ha producido un retorno negativo en un periodo móvil de cinco años (Gráfica 4).

El mejor camino para aprender algo es experimentándolo y errando, lo mismo con la inversión, debe vivirse, debe sentirse; no obstante, dejarse aconsejar por palabras de quienes ya lo hayan hecho, sin duda alguna, nos hará la vida mucho más sencilla.

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