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¿Cuántos, joven?

Hace apenas unos días, en México celebramos el 212° aniversario del Grito de Dolores, uno de los eventos históricos de mayor relevancia de mi país, pues marca el inicio del movimiento independentista.

Tras dos años consecutivos de pandemia, esta ocasión nuevamente familias enteras, amigos y conocidos pudieron reunirse para celebrar la fiesta patria más importante de México, acompañados, como siempre, de buena música y comida.

Hablando de comida, la gastronomía mexicana posee una profunda tradición. En 2010, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y, siete años más tarde, en 2017, el taco, el platillo mexicano por excelencia, recibió el mismo nombramiento.


La dicha completa no existe y en este caso no es la excepción. La inflación «no da tregua» a la comida mexicana, haciéndose presente no sólo en la mesa, sino también en la cuenta del restaurante.

En agosto, las loncherías, fondas, torterías y taquerías del país reportaron un incremento inflacionario anual de 11.31%; niveles no vistos desde noviembre de 2000, mientras que los restaurantes y similares (restaurantes, cantinas y cafeterías) de 9.74%; cifra nunca vista (Gráfica 1).

Y, ciertamente, no es algo fortuito, basta con ver el exorbitante incremento que han sufrido en el último año dos de los más icónicos platillos mexicanos.


En agosto, cocinar pozole costó un 24.01% más que hace un año, 30.71% más que el 2020 y 33.53% más que el periodo prepandemia, 2019, habiendo productos como la cebolla que han visto incrementar su precio en triple dígito en el último año, en 100.82% (Gráfica 2).


Los tacos tampoco «cantan malas rancheras», como decimos en México, pues su inflación promedio en los 8 meses de 2022 ha sido de 21.52%, cifra no vista por lo menos en los últimos diez años (Gráfica 2).

Esta información seguramente le ha permitido comprender el porqué el plato de pozole blanco o la orden de tacos al pastor de su taquería de cabecera ya cuestan más que a inicios de año; sin embargo, hay otras variables detrás de ese incremento que, para fines de este artículo y de manera intencionada, no se desglosaron, como lo son la energía eléctrica, el gas, la gasolina y el dólar estadounidense.

Haciendo un recorrido por diversas taquerías encontré que, en la actualidad, un taco al pastor se vende en 5 pesos más de lo que costaba hace apenas unos meses, lo que, al menudeo, parecería insignificante, pero supongamos el escenario siguiente: la cuenta por 5 tacos (MXN$ 10 c/u) y un refresco (MXN $15 c/u) rondaba en promedio en los MXN$ 71.5 más propina (considerando el 10%, MXN$ 6.5), ahora, esa misma cuenta oscilaria en los MXN$ 104.5 con propina; es decir, un 46.15% más caro.

Éste es un ejemplo más de cómo la inflación merma nuestro poder de compra. Y, a propósito y para no perder la costumbre, ¿con todo?

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