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Costo de oportunidad

Una de las estrategias de inversión más recomendadas y hasta cierto punto «simples» que sugieren algunos expertos es la indexación pasiva a través de un Fondo Cotizado en Bolsa (ETF, por sus siglas en inglés) de bajo costo que replique el comportamiento de algún referente bursátil, como lo pueden ser el S&P 500, el STOXX 600 o el S&P/BMV IPC.


Y, a decir verdad, tal sugerencia no resulta ser tan descabellada después de todo, pues, de acuerdo con el más reciente análisis de fondos de inversión de la agencia S&P Dow Jones Indices publicado en abril de 2020, al corte de 2019, el 88.99% de los fondos americanos de gran capitalización han tenido un retorno inferior al del S&P 500 durante los U10A, asimismo que, entre el 78% y el 97% de los fondos de acciones de gestión activa no lograron superar a su respectivo benchmarking durante ese mismo lapso (Tabla 1).

En pocas palabras, si los inversionistas profesionales, estadísticamente, no han tendido a superar al mercado, ¿qué oportunidad tendría un inversionista individual para poder lograrlo?

Más allá de responder esa pregunta y de entrar en un debate sin culmino, veamos algunas de las principales razones por las que no es recomendable invertir solamente en un determinado activo o instrumento, en este caso, el S&P 500.


El S&P 500 como cualquier otra cosa dinámica sigue un ciclo, por lo que, así como habrá periodos de bonanza habrá algunos otros de decadencia.

Dicho lo anterior, en las últimas 9 décadas, se han registrado 3 mercados alcistas seculares (sumando el actual), de 1950 a 1966, de 1980 al 2000, y, de 2013 a la fecha (que, considerando la duración promedio de los dos anteriores, podría esperarse que concluyera hacia el 2031), con un retorno de 403.53%, 1,170.34, y, 243.99% (al 28 de marzo de 2024), respectivamente (Gráfica 1).

Ahora bien, entre esos periodos, específicamente, de 1937 a 1950, de 1966 a 1980, y, del 2000 al 2013, desde su punto más alto, con una minusvalía media de -54.54%, a los inversionistas les tomó 5,566 días (aproximadamente 15 años) para regresar a su punto de equilibrio.


Dada la composición del S&P 500, naturalmente, está más inclinada hacia grandes empresas de crecimiento; no obstante, se ha descubierto que las empresas pequeñas de valor las superan en el largo plazo.

De 1973 al 2023, el valor de pequeña capitalización registró un retorno anualizado de 16.34%, mientras que el S&P 500, 11.21%. Ejemplificándolo, quien haya invertido US$ 100K, la diferencia al decalustro es de alrededor de US$ 173M (Gráfica 2).


Si bien el S&P 500 está compuesto por empresas que representan el 50% del mercado global, al invertir sólo en él, indirectamente, se está perdiendo la exposición al otro 50%, que está representado por 10K empresas públicas, y, en ese sentido, se podrían perder los beneficios de tener exposición a otros grupos de empresas, como lo son las «GRANOLAS».

Por otro lado, en los últimos 70 años, la ponderación de la Bolsa americana en el mercado accionario internacional ha oscilado entre 30% y 70%, pero, en los periodos que ésta disminuye, generalmente, tiene un desempeño inferior al del resto del mundo, como sucedió la mayor parte de la última mitad del siglo pasado (Gráfica 3).


Otro punto clave y que, claramente, es uno de los temas de momento es la política monetaria de la FED, que, si bien al igual que el mercado, responde a un fenómeno cíclico, esos momentos marcan el porvenir del segundo.

Los periodos de relajamiento monetario son los únicos donde el S&P 500 no ha tendido a redituar, promediando, -0.33%, por lo que sería idóneo rebalancear la cartera hacia otra clase de instrumentos o activos que compensen la minusvalía, con la finalidad de afianzar los retornos acumulados (Tabla 2).

No olvide que en todo momento estamos prescindiendo una opción por otra, la cual no es buena ni mala, siempre que la hayamos comparado y evaluado, de lo contrario, posiblemente, nos habremos perdido de la mejor alternativa de nuestra vida.

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