Para quien desde hace años haya estado desenvolviéndose como inversionista o simplemente como observador de los mercados financieros, las últimas sesiones bursátiles deben estar pareciéndole verdaderos «ecos del pasado», pues estamos atestiguando retrocesos consecutivos en las Bolsas justamente en el mismo periodo que durante el 2020, 2022, 2023 y 2025. ¿La razón esta vez? La geopolítica.
Comenzando y respondiendo directamente a la pregunta que podría estar haciéndose justo ahora: ¿cómo le impacta al mercado un incremento del precio del petróleo?
Primeramente, hay que precisar que, en términos teóricos, el petróleo funciona más como un indicador de la actividad económica que como un shock inflacionario negativo; soliendo aumentar su cotización en periodos de fortaleza económica.
Ahora bien, contrario a lo que se pensaría, un aumento en el precio del petróleo no necesariamente es negativo para la Bolsa, incluso, históricamente, desde 1986, ha tendido a registrar un desempeño anual ligeramente mejor (de 1.8 puntos porcentuales más que en años bajistas para el petróleo), al tiempo que la proporción de años positivos se incrementa igualmente en 2 puntos porcentuales (Gráfica 1).
No obstante lo anterior, tal como se lo mencioné al inicio, la causa de la volatilidad actual no es en sí el petróleo, sino la guerra en Irán, en la cual se está utilizando al flujo petrolero internacional como herramienta de presión geopolítica, de manera tal que su durabilidad y extensión definirán el rumbo del mercado en el corto plazo con implicaciones sobre la economía en el mediano plazo.
Dicho lo cual, revisemos cuáles serían los canales de afectación mencionados en un análisis realizado por Deutsche Bank (Tabla 1):
I. Un encarecimiento sostenido de los energéticos eleva los costos de producción, afectando directamente a los márgenes de rentabilidad, deteriorando el apetito de los inversionistas por activos de riesgo, tales como las acciones.
II. El petróleo deja de visualizarse como una variable relativa, convirtiéndose en un freno macroeconómico, incidiendo en las utilidades esperadas y las proyecciones económicas, las cuales, de materializarse, marcarían los indicios de una crisis económica.
III. Una economía ya presionada con un incremento en el costo del dinero (como medida de contención inflacionaria), se vería fuertemente presionada a razón de una desaceleración en el consumo y la inversión, a la vez que las valuaciones bursátiles se comprimirían aún más.
Sintetizando, el contexto presente, de descontrolarse, podría tener el potencial de generar efectos negativos en la economía y la Bolsa.
Explicado esto, la siguiente pregunta lógica sería: ¿cómo gestionar las inversiones en un panorama tan incierto?
La respuesta corta descansaría sobre el núcleo del fenómeno, la geopolítica, cuya característica predominante es, precisamente, la ignorancia, en el sentido que nadie sabe hasta cuándo y cuál será el impacto real, por lo que posiblemente lo mejor sería quedarse quieto.
Ahora, la respuesta práctica podría desglosarse de la siguiente forma (Tabla 2):
I. Así como en los bull markets, ocasionalmente, se olvida que algún día lo que subió va a ajustar, en los bear markets, tiende a olvidarse que en algún momento lo que ha caído va a subir (es una cuestión conductual), y, en éstos es incluso más importante no dejarse dominar por la amnesia que en los tiempos de subidas consistentes, pues muchos valores y activos se ponen «a descuento», siendo entonces vital contar con excedentes de liquidez para abrir posiciones cuando sea el momento.
II. Desde hace tiempo, tanto desde la perspectiva fundamental como de la técnica, se ha venido señalando cuán sobrevalorado se encontraba ya el S&P 500, y, más allá de segmentarlo por sectores, como el de Inteligencia Artificial (AI, por sus siglas en inglés), la relación precio/utilidad (PER, por sus siglas en inglés) se situó en 39.72x en enero pasado, el nivel más alto registrado desde octubre de 2000; sin embargo, la caída acumulada desde su último máximo al corte de la sesión bursátil del 13 de marzo de 2026 oscila en el orden de -4.96%, con lo que aún no podría catalogarse como una corrección y mucho menos un mercado bajista. Pese a esto, y adelantándome brevemente a la última estrategia, es importante ir calibrando la velocidad del ajuste, así como la solidez de los puntos de inflexión (puntualmente, los soportes y promedios móviles), para así, suponiendo un perfil agresivo, abrir posiciones cortas o bien, exponerse a instrumentos financieros bearish con mesura, pues, por naturaleza, implica un riesgo mayor.
III. En línea con el punto previo, pero sin subestimar el sentimiento de mercado, en términos cuantitativos, la data apunta más a un ajuste relativo que estructural, significando que muchas acciones no han sufrido el deterioro de sus fundamentales. Bajo este entendido, y, más aún si se tiene la posición en rojo, podría ser prudente buscar la reducción del costo promedio inicial, incrementándola mediante la adquisición de más acciones a precios más bajos. Desde la visión de la gestión de portafolios de inversión, esto permite participar en los rebotes sin depender de la cronometración del mercado, considerándose una estrategia que privilegia la disciplina sobre la predicción.
IV. Nadie, por muy experimentado que sea, puede delimitar con certeza hasta qué nivel un determinado activo va a ajustar o va a rebotar, pero los elementos técnicos resultan muy útiles para fijar niveles que podrían ser relevantes en un marco temporal específico. Dentro del periodo que se está analizando, el respeto de la cinta de medias móviles y señales de moderación confirmadas por indicadores técnicos u osciladores técnicos, cimentan una base relevante en una tesis de inversión.
Explicadas las tácticas, estoy seguro en que algún lector podría cuestionar, con justa razón, en qué momento podría ser prudente cerrar la posición, asimilando una pérdida. No hay una respuesta única, pues como cualquier otro aspecto de una inversión, está sujeta al horizonte de inversión y al perfil de inversionista, pero, salvo que se haya perdido el fundamento o el incentivo técnico, quizá sería el momento idóneo, de lo contrario, no. La mayoría de las veces, en las finanzas bursátiles, la paciencia premia más que cualquier otra cosa.
¿Usted, cómo se encuentra gestionando su dinero en estos momentos?
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