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Después de casi una década (con precisión, el 13 de junio de 2018) que el organismo rector del fútbol mundial eligiera a los 3 países que conforman la región de América del Norte para compartir la anfitrionazgo de la Justa Deportiva de 2026, hoy, nos encontramos prácticamente a un par de días de ver la inauguración de este evento en el Estadio Banorte (anteriormente, Estadio Azteca) con el partido de México contra Sudáfrica.

La vigésima tercera edición de este torneo guarda matices especiales, pues no sólo es la primera vez que se repartirá en tres sedes de forma simultánea, sino que albergará el mayor número de selecciones, 48 contra 32 de las últimas 7 ediciones, y, por ende, la cantidad más alta de encuentros, 104 frente a 64 desde 1998.

Bajo la óptica empresarial, estos datos nos invitan a dilucidar una época de gran dinamismo económico, pues la presencia de más equipos tendría un efecto multiplicador en las siguientes variables: aficionados, desplazamientos, hospedaje, consumo y publicidad. En esa línea, se estaría esperando el arribo de más de 6.5M de visitantes internacionales y una derrama económica entre US$ 11B y US$ 12B (de los cuales, se proyectan entre US$ 1.8B y US$ 3B en México).

Ante esto, naturalmente, quienes monitorean al mercado bursátil perciben una oportunidad interesante. Desglosémoslo, revisando data selecta histórica.


El punto de partida debe ser el estudio del comportamiento de los referenciales bursátiles de los países anfitriones en 2 periodos más aparte del inter, 1 año antes y 1 año posterior, esto con el objetivo de entender cuál es el efecto global en el mercado accionario, recordando que la Bolsa, de forma general, no reacciona en la misma medida y en el mismo tiempo que la economía, y, en este sentido, se estarían capturando tres fenómenos: la expectativa (que, usualmente en términos financieros se le acuña como «el descuente»), la ejecución (ver cómo se está capturando el momentum) y la materialización (los efectos tangibles).

Analizando las últimas 7 copas, concentrándonos sólo en el desempeño en los tres marcos temporales establecidos, destacaron particularmente tanto el periodo de expectativa (salvo en la edición 2002) y el periodo de materialización (salvo en las ediciones 2002 y 2022), registrando un retorno positivo promedio de 20.86% y de 15.73%, a correspondencia. No obstante lo anterior, encontramos que por sí solas éstas no necesariamente fungen como un catalizador de impulso automático para las acciones, pues al contrastar estos números con los anotados por el MSCI ACWI Index, se evidencia que la organización de este evento dista de garantizar un desempeño superior al del mercado global (Tabla 1).

En síntesis, los beneficios esperados parecen reflejarse con mayor frecuencia antes de la celebración de la competición.


Extrapolando las conclusiones anteriores, viendo únicamente el desenvolvimiento que han estado registrando las Bolsas canadiense, americana y mexicana durante el último año desde la óptica de la Justa, si bien la triada ha tendido a apuntar avances interesantes, promediando 23.15%, sólo el índice de Canadá ha logrado superar al referencial global, en tanto que el americano y el mexicano muestran retornos inferiores a este último. Esto nos invitaría a sugerir que, por ahora, los inversionistas han respondido más hacia los factores económicos y corporativos propios de cada mercado que a la narrativa deportiva. En consecuencia, se esperaría que la materialización cimbrará en sectores e industrias puntuales que en los índices conjuntamente (Tabla 2).


Pero ¿qué sectores podrían beneficiarse entonces? Revisémoslo (Tabla 3):

  • I. La llegada de visitantes nacionales e internacionales podría incrementar el tráfico de pasajeros, repercutiendo en los ingresos aeronáuticos y consumo dentro de terminales.

  • II. Tanto por el mismo efecto mencionado en el punto anterior como por el gasto «especial» (viajes, y, reuniones en familia y/o amigos) que tenderían a ejercer los habitantes de los 3 países, se esperarían beneficios adicionales en los supermercados.

  • III. En un primer punto, los niveles de ocupación hotelera en las 3 naciones tenderían a dispararse al alza. La predilección de los consumidores (locales y foráneos) por refrescos, spirits, botanas y productos de conveniencia, tanto en los estadios como en los hogares. En esa línea, sería natural el incremento en el gasto en alimentos y bebidas fuera del hogar (o a domicilio), ya sea antes, durante o después de las disputas. Así también, la compra de merchandising podría seguir fuerte a lo largo de todo el torneo.

  • IV. La elevada audiencia asociada al evento favorecería los ingresos por publicidad, transmisión de contenidos y entretenimiento.

De forma general, se espera un efecto estacional positivo en el consumo discrecional.


Analizando los desempeños del último año de las emisoras que mencioné en la Tabla 3, encontramos, en primer lugar, que no parece existir un comportamiento homogéneo. Mientras que las dos emisoras pertenecientes al subramo de hoteles y centros de vacaciones figuran en el top 3 de la muestra, los que podrían ser sus «pares», las acciones del subramo de servicios aeroportuarios, muestran resultados negativos. En cuanto a las compañías de consumo y de telecomunicaciones hay heterogeneidad muy clara (Tabla 4).

Estos datos reforzarían la idea que, durante este lapso, los participantes de los mercados financieros han estado concentrados en los modelos de negocio y el entorno económico en general que en otros factores.


Para finalizar, algo que compartimos los financieros y los fanáticos futboleros es que una gran parte de nuestra labor se enfoca en pronosticar; para los segundos y dentro de este contexto, el ganador.

De acuerdo con las proyecciones más recientes de una selección de instituciones, entre ellas 2 bancos y una plataforma, se posicionan el equipo español y el francés (Tabla 5).

¿Usted, ya está capitalizando la Justa?



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