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La mayor prueba que los mercados han visto en décadas

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La mayor prueba que los mercados han visto en décadas
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La mayor prueba que los mercados han visto en décadas


El miércoles 11 de junio, SpaceX fija el precio de su salida a bolsa. El jueves 12 empieza a cotizar en el Nasdaq bajo el ticker SPCX. Cuatro meses después, si el calendario aguanta, Anthropic podría seguir el mismo camino. Y antes de que termine el año, OpenAI quiere hacer lo propio. Tres empresas. Cerca de tres billones de dólares de capitalización combinada. Llegando al mercado público en apenas seis meses.

No parece una ventana de IPOs. Parece una prueba de carga.

Para ponerlo en contexto: el mercado estadounidense de salidas a bolsa recaudó 45.000 millones de dólares en todo 2025. SpaceX, por sí sola, aspira a levantar 75.000 millones. No hace falta adornarlo mucho más. Cuando una sola operación pretende superar en tamaño a todo un año de actividad, ya no estás ante una transacción. Estás ante un evento que obliga a Wall Street a mirarse al espejo.

SpaceX presentó su S-1 público el 20 de mayo. El dato que domina el documento no tiene que ver con cohetes, ni con Starlink, ni siquiera con Marte. Tiene que ver con inteligencia artificial. En 2025, la compañía invirtió 12.700 millones de dólares en IA, más que en cohetes o en conectividad por satélite. Solo en el primer trimestre de 2026 ya había añadido 7.700 millones más. La vieja imagen de SpaceX como empresa espacial empieza a quedarse corta. Hoy se parece más a una compañía de inteligencia artificial financiada por un negocio aeroespacial excepcional. La valoración objetivo se mueve entre 1,75 y 2 billones de dólares, con Goldman Sachs al frente de un sindicato de 21 bancos.

Anthropic presentó su S-1 confidencial el lunes 1 de junio, apenas unas horas antes de que el S&P 500 y el Nasdaq cerraran en nuevos máximos históricos. La empresa, fundada en 2021 por antiguos ejecutivos de OpenAI, viene de cerrar una Serie H de 65.000 millones de dólares que la valora en 965.000 millones, superando por primera vez a OpenAI en valoración privada. Su crecimiento, además, tiene algo de irreal incluso para los estándares actuales del mercado: sus ingresos anualizados pasaron de 10.000 millones a finales de 2025 a 47.000 millones en mayo de 2026. Un salto del 370% en menos de seis meses. En software empresarial, eso no es crecimiento. Es combustión.

OpenAI llega un paso por detrás, aunque solo en calendario. Sam Altman quiere debutar en septiembre. Morgan Stanley y Goldman Sachs ya trabajan en el prospecto. La valoración en discusión supera el billón de dólares, sobre una última ronda privada de 852.000 millones cerrada en marzo.

Sumadas, las tres operaciones podrían absorber más de 200.000 millones de dólares de liquidez del mercado en muy pocos meses.

Lo que el mercado ya ha decidido creer


El S&P 500 acumula nueve semanas consecutivas de subidas. El Nasdaq cerró el lunes por encima de los 27.000 puntos por primera vez en la historia. Justo en ese momento, Jamie Dimon eligió el 29 de mayo, en el Reagan National Economic Forum, para recordar que los riesgos en renta variable podrían estar mal valorados. No fue casualidad. Fue una forma elegante de decir que cuando el entusiasmo sube demasiado, el mercado empieza a parecerse más a sí mismo en sus peores momentos.

Bank of America ha encendido, además, una señal contraria que conviene no ignorar. Su Sell Side Indicator, que mide el grado de optimismo de los estrategas de Wall Street sobre la asignación en bolsa, cerró mayo en su nivel más alto desde febrero de 2025, el mismo punto que precedió una caída de más de 1.000 puntos en el S&P 500. No significa que el mercado tenga que girarse mañana. Significa algo más incómodo: que el consenso empieza a parecerse demasiado al entusiasmo.

El mercado, a estas alturas, está descontando tres cosas a la vez. Que la ola de IA todavía tiene mucho recorrido. Que las valoraciones billonarias son sostenibles. Y que existe demanda suficiente para absorber toda esta oferta sin que pase nada especialmente traumático. Los alcistas tienen una cifra favorita para defender esa tesis: 8 billones de dólares aparcados en fondos monetarios estadounidenses. En términos estrictamente matemáticos, tienen razón. 75.000 millones de SpaceX son menos del 1% de ese dinero.

El problema nunca ha sido la existencia del capital. El problema siempre ha sido el precio al que ese capital acepta entrar.

La aritmética que casi nadie quiere pronunciar en voz alta


SpaceX generó 18.700 millones de dólares de ingresos en 2025. Si debuta a 1,75 billones, eso implica un múltiplo de aproximadamente 94 veces ventas. No beneficios. Ventas. La compañía perdió 5.000 millones el año pasado.

Anthropic cerró 2025 con 10.000 millones de ingresos. A una valoración de 965.000 millones, la matemática conduce al mismo lugar: el mercado no está pagando presente, está pagando un futuro que da por bastante más seguro de lo que los números actuales pueden justificar.

Eso no convierte automáticamente estas operaciones en malas inversiones a largo plazo. Lo que sí hace es estrechar muchísimo el margen de error. En mercados así, no hace falta que una tesis sea equivocada para perder dinero. A veces basta con que llegue demasiado cara.

Ahí es donde aparecen las comparaciones que a nadie le gusta hacer en una fiesta alcista. A finales de los noventa, muchas tecnológicas cotizaban a valoraciones que parecían desprendidas de la realidad. Durante un tiempo, el mercado llegó a convencerse de que los fundamentales habían dejado de importar. No fue verdad. Lo que pasó es que tardaron bastante en volver a importar. La diferencia con aquella época es real y no conviene caricaturizarla: estas compañías tienen ingresos, clientes, contratos y crecimiento auténtico. No son castillos de humo. Pero conviene recordar también algo que el mercado tiende a olvidar cuando se enamora de sí mismo: Cisco e Intel en 2000 también tenían ingresos reales, clientes reales y crecimiento real.

La historia nunca se repite con educación. Solo rima lo suficiente como para que muchos vuelvan a ignorarla.

El efecto contagio


Cuando entra en bolsa una empresa valorada en 1,75 billones, los fondos pasivos tienen que reaccionar. No pueden mirar hacia otro lado. Si el nombre entra en índices, tienen que comprar. Y para comprar, tienen que vender otra cosa.

Goldman Sachs ya ha advertido de que fondos mutuos y vehículos indexados están acumulando liquidez precisamente para absorber SpaceX. Parte de esa rotación puede salir de grandes tecnológicas ya cotizadas, incluidas algunas que hoy siguen siendo pilares del Nasdaq. El corto plazo, por tanto, podría traer una paradoja bastante interesante: el debut de una gran estrella de IA puede generar presión vendedora en otras estrellas ya instaladas mientras el mercado reorganiza el espacio.

Aquí hay, además, una forma indirecta de seguir toda esta historia sin necesidad de entrar en las IPOs. Amazon y Nvidia concentran buena parte de la exposición cotizada a Anthropic: Amazon por accionariado y por AWS como columna vertebral de infraestructura; Nvidia por los chips que permiten que esos modelos existan más allá del powerpoint. Microsoft sigue siendo el canal más directo hacia OpenAI. Alphabet, por su parte, juega un papel doble: competidor directo y posible damnificado si SpaceXAI termina capturando una parte desproporcionada del entusiasmo del mercado.

La fecha que de verdad importa


No será el día del debut. Los primeros días de una gran IPO están coreografiados para parecer un éxito. El roadshow filtra a los compradores más entusiastas. El sindicato colocador ordena el libro. La narrativa se sirve caliente. El precio inicial suele decir menos sobre la salud real del valor que sobre el talento de los bancos para administrar el entusiasmo.

La prueba de verdad llega más tarde. Llega cuando vence el lock-up de 180 días y los insiders pueden vender. En el caso de SpaceX, eso ocurrirá en el otoño de 2026. Ese momento dirá mucho más sobre la calidad real de la valoración que cualquier subida de la primera semana. Porque una cosa es comprar una historia brillante cuando apenas hay papel disponible. Otra cosa muy distinta es sostener esa valoración cuando empiezan a salir al mercado quienes conocen la compañía mejor que nadie.

La prueba no es para SpaceX. Es para el mercado


Lo que está ocurriendo este verano es histórico en escala y también en simbolismo. Las tres compañías que hoy representan el núcleo de la revolución de la inteligencia artificial están acercándose al mercado público prácticamente en el mismo ciclo. Los índices llevan meses subiendo, en parte, porque han anticipado este momento. Porque han querido creer que el futuro llegaba en bloque, cotizable y con ticker.

La verdadera pregunta no es si el debut será fuerte. Lo más probable es que lo sea. La verdadera pregunta es si el mercado será capaz de absorber estas valoraciones sin forzar aún más una estructura que ya empieza a parecer exigente. Si la realidad del S-1, del roadshow y de las cuentas públicas estará a la altura de la narrativa que ha llevado a estas compañías hasta aquí.

Ahí estará la prueba.

Y será una prueba grande. No para SpaceX, Anthropic u OpenAI, que bastante tienen con justificar su precio. La prueba será para el mercado mismo. Para ver si todavía distingue entre una gran empresa y cualquier precio.