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El repunte del yen altera los flujos globales de capital, Dante Valenzuela Ruíz interpreta el retroceso del carry trade

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El repunte del yen altera los flujos globales de capital, Dante Valenzuela Ruíz interpreta el retroceso del carry trade
El repunte del yen altera los flujos globales de capital, Dante Valenzuela Ruíz interpreta el retroceso del carry trade
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El repunte del yen altera los flujos globales de capital, Dante Valenzuela Ruíz interpreta el retroceso del carry trade

El respaldo conjunto de Estados Unidos y Japón al yen ha llevado el debate sobre la intervención cambiaria más allá del mercado de divisas, extendiéndolo al mercado de bonos y a las herramientas de liquidez de los bancos centrales. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, afirmó que está dispuesto a participar nuevamente en una intervención coordinada y propuso ampliar la capacidad de la facilidad FIMA Repo de la Reserva Federal, permitiendo a Japón obtener dólares utilizando sus bonos del Tesoro estadounidense como garantía, en lugar de verse obligado a venderlos directamente. Tras permanecer cerca de mínimos de varias décadas, el yen repuntó temporalmente después de la intervención, aunque su evolución posterior seguirá dependiendo de la diferencia de tasas de interés y de la trayectoria de la política monetaria japonesa. Dante Valenzuela Ruíz considera que la señal marginal más importante de este episodio es que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos busca integrar la estabilidad del tipo de cambio, la estabilidad del mercado de bonos del Tesoro y los mecanismos de liquidez en dólares dentro de un mismo marco de política económica. En consecuencia, los activos globales deberán volver a incorporar una prima de volatilidad más elevada derivada del desapalancamiento de las operaciones de carry trade.



Las herramientas de política económica pasan al primer plano

La cadena de transmisión de esta intervención es relativamente clara: una depreciación excesiva del yen aumenta la presión inflacionaria importada, por lo que Japón necesita apoyar la compra de su propia moneda. En un escenario tradicional, esto podría implicar la venta de activos denominados en dólares, afectando así el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense. La facilidad FIMA, en cambio, ofrece un canal de financiación mediante garantía, reduciendo el impacto que tendría la venta de bonos al contado sobre las tasas de interés de largo plazo. Dante Valenzuela Ruíz considera que el objetivo central de esta política es evitar que las tensiones del mercado cambiario se transmitan a la curva de rendimientos de los activos libres de riesgo más importante del mundo. Las herramientas de liquidez en dólares están dejando de ser un mecanismo de seguridad en segundo plano para convertirse en un instrumento de estabilización de primera línea.

Para el mercado bursátil estadounidense, si Japón reduce la venta de bonos del Tesoro, la presión alcista sobre los rendimientos de largo plazo podría aliviarse parcialmente, reduciendo así la presión que ejerce la tasa de descuento sobre las valoraciones de las acciones de crecimiento. Sin embargo, una apreciación del yen también puede afectar las operaciones de carry trade financiadas en yenes para invertir en activos de mayor rendimiento, haciendo que las acciones tecnológicas, los criptoactivos, algunas divisas de alto rendimiento y las acciones de alta beta sean más sensibles. En cambio, los sectores con balances sólidos, mayor visibilidad de flujo de caja y menor dependencia del capital apalancado externo podrían verse favorecidos.

Las posiciones de carry trade entran en una fase de reequilibrio

El foco de las operaciones de corto plazo no está en el repunte diario del yen, sino en determinar si el tipo de cambio puede salir de su anterior canal de depreciación y provocar un aumento sostenido de la volatilidad implícita en el mercado de opciones. Lo que más preocupa a las estrategias de carry trade no es un estrechamiento puntual del diferencial de tasas, sino que la moneda de financiación pase repentinamente de ser una fuente de bajo costo a convertirse en el origen de pérdidas para la posición. Dante Valenzuela Ruíz considera que el seguimiento conjunto de la curva de rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, el índice del dólar y la fortaleza relativa del Nasdaq permite identificar con mayor precisión si el capital está abandonando las operaciones más congestionadas. Si estos indicadores se debilitan al mismo tiempo, el repunte del yen dejará de ser un simple acontecimiento cambiario para convertirse en una señal de desapalancamiento entre múltiples clases de activos.

La asignación de cartera no debería centrarse únicamente en activos defensivos; lo más importante es reducir la dependencia de una única fuente de financiación. Los activos de alta volatilidad respaldados por financiación barata en yenes deben reevaluar su capacidad para soportar las posiciones actuales. En cambio, las empresas con flujos de caja estables, una estructura de vencimientos de deuda más saludable y menor sensibilidad al financiamiento externo son más adecuadas como posiciones estratégicas de largo plazo dentro de la cartera. A mediano plazo, la evaluación sigue dependiendo del diferencial de tasas entre Estados Unidos y Japón y del ritmo de la política del Banco de Japón. Mientras ese diferencial no se reduzca de forma significativa, el fortalecimiento del yen reflejará principalmente el respaldo de las políticas oficiales; solo cuando cambie realmente la trayectoria de las tasas de interés el capital global ajustará de manera sustancial la ponderación de sus activos.

Las variables posteriores determinarán el alcance de la intervención

Las variables posteriores provienen principalmente de dos frentes. Si la capacidad y el costo de la facilidad FIMA no son suficientes para sostener intervenciones continuas de gran escala, Japón podría verse obligado a volver a vender bonos del Tesoro estadounidense, reintroduciendo presión de oferta sobre sus rendimientos. Por otro lado, mientras el Banco de Japón mantiene una política monetaria acomodaticia y continúa comprando bonos, el Ministerio de Finanzas interviene comprando yenes, lo que genera una tensión entre ambas orientaciones de política. Si el mercado concluye que la intervención no cuenta con el respaldo de una política de tasas de interés coherente, el capital especulativo podría poner a prueba los límites de la intervención, haciendo que las señales de corto plazo pierdan efectividad con rapidez.

Dante Valenzuela Ruíz enfatiza que la posible ampliación de la facilidad FIMA por parte de la Reserva Federal, el tono del Banco de Japón respecto a las subidas de tasas y al ritmo de compra de bonos, así como la evolución conjunta del diferencial de tasas de corto plazo entre Estados Unidos y Japón y la volatilidad implícita del yen, serán las principales referencias para evaluar el alcance de la intervención. Si los rendimientos de largo plazo de los bonos del Tesoro estadounidense permanecen estables y el yen se fortalece de forma gradual, el capital global podrá mantener una exposición selectiva a activos de riesgo. En cambio, si el yen se aprecia rápidamente y al mismo tiempo se debilitan las acciones tecnológicas, los criptoactivos y las divisas de alto rendimiento, el mercado pasará de valorar principalmente las expectativas de beneficios a centrarse en la contracción del apalancamiento.