A casi 5 años, ¿cuál fue el costo económico de la pandemia A H1N1 de 2009?

A casi 5 años, ¿cuál fue el costo económico de la pandemia A H1N1 de 2009?

A casi cinco años del inicio de la pandemia en México por el virus A H1N1, vale la pena destacar y recordar que casi en cualquier ámbito de la vida es más económico y menos estresante prevenir que corregir.

Recordemos: en abril de 2009 se detectaron los primeros casos de este virus y México fue el primer país en reportar pacientes con A H1N1. En cumplimiento del reglamento sanitario internacional, México tuvo que informar antes de 72 horas la presencia de este “virus desconocido” (no olvidemos que fue una mutación), y sólo unas pocas semanas después, la Organización Mundial de la Salud declaró pandemia en nuestro país, con sus respectivas consecuencias sociales y económicas.

El Distrito Federal fue el epicentro de la oficialmente declarada pandemia, de modo que el 23 de abril de 2009 se declaró una alerta sanitaria por una enfermedad que había cobrado la vida a 17 mil 798 personas en todo el mundo. De este modo, la vida de 8.5 millones de habitantes de la capital del país tuvo cambios significativos y en algunos aspectos (y para bien) ya no volvió a ser la misma.

Los centros educativos, desde preescolar hasta nivel superior se suspendieron en la Ciudad de México y el Estado de México como una medida preventiva, en algunas empresas sucedió lo mismo, incluso en algunas la gente trabajó desde sus hogares y las calles de la capital quedaron vacías, así como los cines, restaurantes y prácticamente cualquier lugar que significaba aglomeración de personas.

La influenza AH1N1 significó pérdidas de 0.7% del Producto Interno Bruto según la Secretaría de Salud Federal, es decir unos 4 mil millones de dólares en apenas un corto periodo de tiempo.

En un hecho histórico, en tres meses se vacunaron a 25 millones de mexicanos y en ese mismo tiempo se inmunizó a 90% del personal médico del país. De acuerdo con expertos internacionales, las acciones de México para contener y evitar el contagio de ese nuevo virus fue la correcta.

Para 2010, el gobierno federal compró 30 millones de vacunas. Cada dosis tuvo un costo aproximado de 10 dólares (que al tipo de cambio de ese año fue de 12 pesos), lo que significó una inversión total de 360 millones de pesos.

Sin embargo, las dosis no fueron suficientes, pues primero se vacunaron a grupos de alto riesgo (niños menores de cinco años, adultos mayores y embarazadas), así que se anunció la venta del medicamento en farmacias a un costo de 300 pesos por dosis y tomando en cuenta que cada frasco contiene 10 de ellas, el costo total de alrededor de tres mil pesos, es decir dos veces más al precio que fue adquirido por el gobierno.

A pesar de ese precio, Laboratorios Biológicos y Reactivos de México (Birmex) dio a conocer que al menos 315 mil dosis fueron distribuidas entre los establecimientos farmacéuticos especializados en el manejo de ese tipo de vacunas. Birmex aseguró que ese costo era “accesible” para contribuir al combate de la epidemia.

Al final México pudo salir adelante de su problema, y esta enfermedad fue motivo por el cual en algunos países la gente lo llamó “fiebre mexicana” y obviamente el turismo extranjero se vio afectado. En los años siguientes la población de nuestro país adquirió hábitos sencillos que a la fecha sigue conservando y acciones tan fáciles como lavarse las manos fueron fundamentales para evitar la propagación de la enfermedad. De hecho un efecto colateral de este cambio de conducta se notó un año después, cuando en la temporada de calor de 2010 las enfermedades diarreicas típicas de la época bajaron al 50% sólo por el simple hecho de lavarse las manos.

En esta próxima época invernal (que comienza en diciembre y concluye en febrero, siendo enero el mes más frío) recordemos los hábitos que han ayudado a contener esta enfermedad:

  • Mantenerse alejado de multitudes y sitios públicos.
  • No saludar de beso ni de mano.
  • Consumir frutas y verduras ricas en vitaminas A y C. La mejor es el Kiwui, luego siguen la guayaba y al último el limón.
  • Lavarse las manos con frecuencia, especialmente después de tener contacto con personas enfermas.
  • Evitar la exposición a contaminantes ambientales.
  • No fumar en lugares cerrados ni cerca de niños, ancianos y personas enfermas.
  • Ante cualquier síntoma de gripe acudir a las clínicas de salud más cercanas, especialmente niños y ancianos con fiebre alta (más de 38 grados), debilidad generalizada, dificultad para respirar, tos seca persistente y dolores musculares.
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