Hablando desde la postura de inversionista (y no de profesionista financiero), el aspecto más importante que debemos evaluar de nuestro estratega de inversión (más allá de su experiencia y credenciales, desde luego), por extraño que parezca, no descansa en su «habilidad» para generar retornos, sino en la forma en la que se adueña y domina sus emociones, pues ahí radica la verdadera preservación del capital a lo largo del tiempo.
Hace una semana, compartí, para fines meramente académicos, un caso práctico de una estrategia de inversión en una emisora mexicana, la cementera CEMEX, S.A.B. de C.V. (BMV: CEMEXCPO). El motivo es el mismo que me inspira a hacerlo ahora por aquí, que es conocer cuál habría sido el actuar del público (en este caso, de usted, estimado lector) al ver que una posición de MXN$ 76.69K en un lapso de 14 días llegó a registrar una minusvalía de -15.63%, significando una pérdida potencial de MXN$ -11.97K (Figura 1).
Hablando de las respuestas, no hay buenas o malas, ya que cada una dependerá de la subjetividad del participante (en un momento ahondaremos más en ello).
Hasta cierto punto es razonable si su respuesta fue un automático «vender» (independientemente de su estilo de inversión), pues a mediados de marzo nos encontrábamos sopesando uno de los momentos más álgidos del conflicto bélico en el Golfo Pérsico; puntualmente, el 18 de marzo (fecha de la Figura 1), el riesgo inflacionario se acentuó más (hecho perjudicial para la cementera mexicana) por la confirmación de la FED en cuanto a precisar que la Unión Americana se encontraba en un escenario difícil, esto tras dejar inalterada la tasa de interés en el rango objetivo de 3.5 – 3.75%.
No obstante lo anterior, para ese momento (flecha azul), a nivel técnico, la acción ya se encontraba castigada en demasía, enviando las lecturas técnicas señales de una sobreventa, sino extrema, sí bastante fuerte. En línea con esto, cuando la cotización osciló entre MXN$ 18.30 y MXN$ 18.50, ya estaba tocando uno de los soportes de mediano plazo más relevantes, el cual probó exitosamente por última vez en noviembre de 2025, e incluso de no haberlo respetado seguía un punto técnico aún más relevante, el nivel 38.20% de los retrocesos de Fibonacci en MXN$ 17.96, que, sin tocarlo, ratificó la fortaleza de la tendencia dominante, alcista en este caso (Gráfica 1).
Asimismo, la perspectiva fundamental más reciente para ese momento (que databa del 12 de marzo), medida por el precio objetivo, se ubicaba en MXN$ 23.82 (media), que, considerando el precio de cierre de ese día de MXN$ 18.70, existía una margen de seguridad de alrededor 31.60%. Esto deja al descubierto una de las variables más relevantes de la inversión (e incluso de la especulación), el valor intrínseco, pues mientras el mercado en su conjunto estaba reflejando una desmedida aversión al riesgo, los analistas mantenían una perspectiva alcista para CEMEXCPO, a razón de su estabilización operativa, su gestión de la deuda (si bien también impactada por la depreciación del peso mexicano, ha mejorado bastante en los últimos años, recuperando incluso su grado de inversión), así como la mejora de sus márgenes (Gráfica 2).
En conclusión, desde una visión meramente analítica, los titulares pasaron a segundo plano, sobreponiéndose la estructura bursátil de la compañía.
Ahora, vuelvo a preguntarle, teniendo todo esto en mente, ¿Su decisión habría cambiado o se hubiera mantenido?
Si es que no, independientemente de haberse decidido por la venta o el hold, hay más factores detrás de lo que dicta el mercado (Tabla 1):
I. En estricto sentido, con excepción del inversionista agresivo, para el moderado e incluso para el conservador (que, por principio, debe tener una baja o nula exposición a renta variable), lo más apropiado habría sido cerrar la posición; sin embargo, esto se vuelve relativamente más complejo al añadir factores adicionales, como la ponderación de la participación accionaria en el portafolio de inversión (y del peso que CEMEXCPO tiene en ésta), la edad y la aproximación de la meta financiera.
II. En sintonía con el punto anterior, por más tolerancia al riesgo que tuviera el inversionista, si su horizonte temporal es de corto plazo, a la vez que el retorno estimado se encontrara aproximándose hacia el objetivo fijado, quizá la asimilación de la pérdida total o incluso, parcial, habría sido la mejor ejecución.
III. Bajo el supuesto de una gestión a partir de un contrato de intermediación bursátil discrecional, este factor podría darse por descontado, considerando que las casas de bolsa cuentan con modelos de riesgo estandarizados que actúan en condiciones muy específicas, pero en el caso que el contrato fuera semidiscrecional o no discrecional, éste toma mayor relevancia, saliendo a escena tanto la cuestión psicológica como la emocional y, como podría suponerlo, casi nunca para bien, pues el cerebro humano amplifica mucho más las pérdidas (aunque, ciertamente, para el punto en el que se encontraba el caso práctico, aún no lo era) que las ganancias. Dicho lo cual, lo más esperable, especialmente en un principiante, habría sido una venta de pánico.
IV. Quien participa en los mercados, por principio, debe tener un benchmarking, que, en el caso muy específico de la Bolsa es el referencial bursátil. Si bien para esa fecha, el S&P/BMV IPC se encontraba en la misma dirección, registraba un ajuste de sólo -7.86%; es decir, la mitad de lo que CEMEXCPO (algo, estadísticamente, incoherente, considerando que la interpretación de su beta invitaría a que su desempeño tiende alinearse al del mercado). Considerando estos puntos, el inversionista pudo haberse cuestionado qué tan conveniente sería continuar «aguantando» la minusvalía, mientras que la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) estaba cayendo en menor medida e incluso otro tipo de acciones, como las energéticas, estaban subiendo, aunque lo cierto es que para recuperar su pérdida que, considerando las comisiones, habría totalizado MXN$ -12,347.07 (-16.09%), significando que tendría que buscar un trade de mínimo 19.19% para recuperarse, algo complicado para la mayoría (al menos en el corto plazo), pues en los últimos 100 años el S&P 500 ha redituado en promedio anualmente 8.21%.
V. Éste es uno de los puntos que hubiera marcado la diferencia para bien desde diferentes ángulos, desde un Dollar Cost Average (DCA) hasta la búsqueda de exposición en otros activos financieros.
Y, ante todo, su lectura unilateral de sus inversiones.
¿Qué sucedió al final?
Luego de 44 sesiones bursátiles, la posición no sólo retornó hacia su zona de neutralidad, sino que ya registraba una plusvalía de 2.47% con un precio de las acciones de MXN$ 22.30 (Gráfica 2).
En términos de resultados, la mejor decisión habría sido «aguardar».
¿Usted, de qué forma gestiona el riesgo?
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