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Inteligencia natural

Hace cerca de 1 mes, formalicé una de mis facetas profesionales más especiales y protagónicas de mi carrera (al menos, durante los últimos 5 años), la docencia, con mi incorporación a uno de los grupos privados de educación media superior y superior más importantes de México.

Si bien este hecho responde más a una meta personal de índole profesional, lo es también de vida (he aquí un ejemplo de mi filosofía; este espacio), pues desde una visión subjetiva, el compartir conocimiento no sólo es una actividad meramente laboral, sino también un acto que nos permite conectar de una forma muy humana con otras personas mediante la formación de las mismas, pues más allá de compartir el saber, se están compartiendo competencias, cultura, habilidades, valores, vivencias y, ante todo, nuestra esencia.

Tomando en consideración que hoy mi misión vital, además de promover la cultura financiera entre la sociedad y de crear soluciones empresariales, es también ya formar a los nuevos profesionistas financieros, me resulta completamente necesario emitir una opinión desde mi nueva postura sobre los hechos recientes en materia de educación que se han estado suscitando en nuestro país, refiriéndome puntualmente a los supuestos casos de fraude que cometieron los aspirantes a ingresar en la mayor universidad del país durante el proceso de selección de 2026.

Más allá de retomar el debate vívido en las redes sociales sobre la comparativa del puntaje obtenido por los aspirantes para diferentes carreras, en la cual, por cierto, quedó en evidencia la relevancia de la estadística con la exposición de la gráfica de distribución normal para analizar la anormalidad de los resultados de esta edición o, de despotricar contra la Inteligencia Artificial (AI, por sus siglas en inglés), sugiriendo que se reimplante la aplicación del examen de forma presencial, quiero centrarme en la realidad que nos acecha y acechará a quienes incursionamos en el ámbito de la educación.

Si usted, al igual que yo, estudió la universidad en la década pasada (o incluso más atrás), seguramente, fue blanco de los comentarios de muchos catedráticos en los que señalaban que, nosotros, por haber crecido con la tecnología (internet, sobre todo) teníamos prácticamente la vida resuelta, pues con ella a nuestro alcance, la resolución de las tareas y la preparación para presentar los exámenes se tornaba muy sencilla de lo que a ellos les tocó, cuando la única fuente madre para hacer lo anterior era la biblioteca.

En parte, puedo aceptar que tenían la razón, aunque medianamente, sobre todo si nos enfocamos en aspectos como el tiempo y la eficiencia, ya que realizar una consulta en un motor de búsqueda es, ciertamente, más rápido que acudir a la biblioteca y buscar un ejemplar, el cual además (naturalmente) nos exigirá paciencia para dar con la respuesta que estamos buscando, recorriendo el índice y sus páginas. No obstante, el simple hecho de tener acceso a un motor de búsqueda no hace más fácil el proceso de aprendizaje, pues su rendimiento depende de la habilidad de research del usuario.

Hoy, diez años después, quienes nos encontramos del otro lado del aula, siguiendo la misma tendencia de aquellos que nos formaron, podríamos recurrir al mismo planteamiento con nuestros estudiantes, con la sutil diferencia que ya no es el internet como tal, sino algo que subyace de él, los chatbots de IA; sin embargo, aquí comienza la verdadera evolución, pues en lugar de tratar de imponer involución en el proceso de aprendizaje (sobreponiendo los libros por encima del internet o ahora, los libros y el internet sobre los chatbots de IA), nosotros debemos comenzar aceptando la realidad y el constante desarrollo tecnológico que nos rodea para, posteriormente, incentivar a que las nuevas generaciones se formen en y con IA (desde luego, con ética y responsabilidad), pues desde ya en el mundo profesional se distinguen quienes la incorporan con sabiduría en su labor diaria de aquellos que la utilizan arbitrariamente o de los que son renuentes a ella.

Ahora, una pregunta muy válida que puede surgir es: ¿cómo?

Para responderla, es vital reenfocar la atención en lo importante y no en lo urgente. En los últimos 3 años (desde el lanzamiento púbico de los asistentes de inteligencia artificial conversacional), he notado que el profesorado ha estado invirtiendo mucha energía en detectar el uso de IA, en vez de promover, con su ejemplo, una correcta adopción.

Regresándonos unos pasos antes, no es lo mismo impartir cátedra a estudiantes de grado que a un estudiantado de posgrado (el cual, de inicio, ya se le cataloga como profesionista). Con el primer grupo debemos procurar que antes de encontrarle un sentido práctico a lo que están aprendiendo, logren comprender sus fundamentos teóricos e históricos, mientras que, con el segundo, se debe impulsar el análisis y debate de casos reales, con el fin que robustezcan su conocimiento formativo y profesional.

Poniendo un ejemplo de lo anterior para la carrera de finanzas, hablando de la asignatura de matemáticas financieras, no podremos (o al menos, yo no lo haría) enseñarle una hoja de cálculo con fórmulas o scripts de Python que calculen los intereses de 10 instrumentos financieros con un solo clic (que, ciertamente, es así como se utiliza en la vida laboral) sin que antes se tomen el tiempo de razonar y entender qué hay detrás de ese cálculo; y hasta este punto no estamos hablando siquiera de IA.

Lo que sigue a continuación es impulsar el pensamiento creativo a través de estudios de caso, en los cuales no sólo encuentren la necesidad de resolverlos por resolverlos, sino que generen ideas nuevas y soluciones novedosas; esto no sólo les permitirá poner a prueba su knowledge teórico, sino también adoptar (con causa) las herramientas tecnológicas para completarlo exitosamente.

Aplicando esto en la asignatura ya mencionada, se podría poner el escenario en el que el alumnado funge como asesor financiero de un cliente que busca colocar su excedente de efectivo en el mercado financiero. Para una buena ejecución del ejercicio, se dará información general del cliente, con la cual podrán definir su perfil de inversionista, así como la data de los instrumentos disponibles para que determinen los cálculos necesarios para poder elegir las mejores opciones.

Si bien no habría una sola vía de solución, de entrada, por que la virtud del pensamiento creativo es que es único por persona, se vería algo más allá de la simple aplicación de fórmulas o de la identificación del instrumento con mayor rendimiento. Mediante el uso de herramientas de IA, los estudiantes podrían explorar múltiples estrategias de inversión, plantear escenarios alternativos, modificar variables como el horizonte de inversión, el nivel de riesgo o las condiciones del mercado, e incluso generar el perfilamiento de los clientes con características distintas para contrastar cómo cambiarían sus recomendaciones. De esta manera, la IA dejaría de ser únicamente una herramienta para automatizar cálculos y se convertiría en un apoyo para estimular la generación de ideas, el análisis de diversas alternativas y la construcción de soluciones innovadoras fundamentadas en criterios financieros.

Otro caso práctico, pero ahora para la asignatura de riesgos financieros, consiste en un escenario en el que el estudiantado asumirá el rol de consultores especializados contratados por una empresa que planea expandir sus operaciones hacia un nuevo mercado. Como punto de partida, se les proporcionaría información sobre la organización, el sector en el que participa y las condiciones económicas y regulatorias del país de destino.

Apoyándose de la IA, los estudiantes podrían identificar riesgos financieros, operativos, tecnológicos, legales y reputacionales que podrían afectar el proyecto, además de generar diferentes escenarios de materialización de dichos riesgos. Posteriormente, aplicarían los métodos y herramientas teóricas para evaluar la probabilidad e impacto de cada riesgo, priorizarlos y diseñar estrategias de mitigación fundamentadas. En este contexto, el pensamiento creativo surgiría al explorar múltiples alternativas de respuesta, contrastar escenarios y construir planes de acción innovadores que fortalezcan la capacidad de la organización para enfrentar situaciones de incertidumbre.

En conclusión, y si se da cuenta, el alumno usará la IA conforme a como nosotros, los docentes, se lo encaminemos. Porque si sólo los formamos con conceptos para que sólo se enfoquen en responder un cuestionario o en solicitar la resolución de una actividad genérica, naturalmente, encontraremos no sólo respuestas generadas completamente con IA, sino también y lo más doloroso, un desaprovechamiento del potencial de ésta y de ellos mismos.

¿Usted, cómo incentiva la IA con sus alumnos?

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  1. Nuevo
    #2
    29/07/26 14:12
    Excelente información!
  2. #1
    21/07/26 13:31
    Muy interesante. Gracias