Acceder

Con el bolsillo cerrado

Las cifras más recientes del Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) y del Indicador Mensual del Consumo Privado (IMCP) parecen mostrar una «contradicción», pues al analizarlas podemos sintetizar lo siguiente: una familia puede confiar en que su situación económica personal mejorará durante los próximos meses y, de forma simultánea, privilegiar la liquidez, reducir deudas o bien, posponer una compra de cierto bien duradero.

No obstante, esta discrepancia guarda fundamento, pues el periodo pospandémico se ha caracterizado por presiones de precios, el encarecimiento del crédito y la incesante incertidumbre económica, de manera tal que una mejoría en la percepción hacia los próximos 12 meses no suple a la prudencia adquirida en los últimos 60 meses.


Adentrándonos a las cifras, encontramos que, en el sexto mes del año, el ICC se situó en 45.0 puntos, 1.1 por encima del mes previo, mientras que sus cinco componentes principales también se alinearon a la tendencia de crecimiento; sin embargo, en la comparación anual, el mismo indicador general junto con sus componentes permanecieron por debajo de los niveles observados hace 12 meses.

Haciendo un análisis aún más exhaustivo vemos que la percepción de los hogares cambia dependiendo de la distancia desde la que se observe su economía.

La situación actual del hogar alcanzó 51.8 puntos, siendo el único componente que superó su nivel de un año antes. Por su parte, la situación esperada del hogar dentro de 12 meses se situó en 57.1 puntos, el registro más elevado de la tabla. En contraste, la valoración de la situación actual del país fue de 39.4 puntos y su expectativa a un año llegó a 45.7 puntos. Las familias parecen evaluar con mayor optimismo su propio horizonte que el de la economía.

Sin embargo, la distancia más reveladora aparece al comparar las expectativas con las decisiones que implican desprenderse de la liquidez. Frente a los 57.1 puntos de la situación esperada del hogar, las posibilidades actuales de comprar muebles y bienes duraderos se ubicaron en 31.1 puntos, registrándose una brecha entre ambos del orden de 26 puntos. Esto dejaría una evidencia en torno a que el consumidor está viendo positivamente el horizonte futuro, pero su expectativa aún no se está traduciendo en la disposición de realizar adquisiciones grandes y complejas.

En cuanto a los indicadores complementarios, las posibilidades actuales de ahorrar retrocedieron 1.6 puntos durante el mes; las de salir de vacaciones disminuyeron 0.6; y, aunque la planeación para comprar un automóvil o realizar una operación relacionada con vivienda mostró cierta mejoría mensual, sus niveles permanecieron en apenas 15.1 y 19.7 puntos. En todos estos casos, además, la lectura fue menos favorable que la observada un año antes.

En conclusión, el ánimo mejoró en el corto plazo, pero las posibilidades de ahorrar, viajar y asumir compromisos de mayor valor todavía no avanzan al mismo ritmo (Tabla 1).


El señalado gap entre el optimismo y la disposición de compra mostrado anteriormente no surgió en julio. Desde el 2022, la expectativa sobre la situación económica futura del hogar se ha mantenido sistemáticamente por encima tanto del ICC general como de las posibilidades actuales de adquirir bienes duraderos (Gráfica 1).

Las posibilidades de comprar muebles y electrodomésticos mostraron una recuperación respecto de los niveles registrados hace 4 años, después de ubicarse alrededor de los 23 a 26 puntos, el indicador avanzó hacia la zona de 30 puntos durante el 2023; sin embargo, desde entonces ha oscilado principalmente entre 29 y 33 puntos, sin aproximarse a la valoración que los hogares hacen de su situación futura.

La expectativa económica del hogar, en cambio, se ha mantenido relativamente estable en niveles elevados, generalmente entre 55 y 59 puntos. Al cierre del periodo alcanzó 57.1 puntos, frente a 31.1 de las posibilidades de comprar bienes duraderos. Entre ambas variables persistió así una brecha de 26 puntos. El ICC general quedó en una posición intermedia, con 45.0 puntos, lo que muestra que el promedio de confianza puede mejorar sin que todos sus componentes transmitan la misma disposición económica.

La cautela no implica necesariamente que los hogares hayan dejado de consumir, sino que las decisiones de mayor valor siguen enfrentando una barrera más alta.


Ahora, analicemos la composición del consumo.

En mayo de 2026, el consumo de bienes no duraderos de origen nacional registró un crecimiento del orden de 3.6% A/A, en contraste, los bienes semiduraderos retrocedieron 2.9% A/A y los duraderos registraron una caída de 7.2% A/A (Gráfica 2).

Estas cifras se alinean a lo que hemos venido desarrollando, pues, claramente, hoy se ve a un consumidor que sigue atendiendo sus necesidades habituales, pero que es más consciente a los desembolsos que pueden posponerse.

Lo anterior no significa que la confianza sea la única explicación de la caída. En estas decisiones también influyen el costo del crédito, los precios, la vida útil de los artículos existentes y las condiciones particulares de cada mercado. Sin embargo, el contraste sí resulta consistente con la señal observada anteriormente: las expectativas económicas de los hogares son más favorables que su disposición actual para comprometer recursos en compras de mayor valor.

La cautela también puede entenderse como una respuesta aprendida. Después de varios años de presión inflacionaria y crédito costoso, conservar liquidez adquiere un valor que va más allá de su rendimiento: representa margen de maniobra frente a un gasto inesperado. El dinero disponible funciona como una reserva; una vez convertido en un automóvil, un electrodoméstico o una remodelación, disminuye.

Desde la economía conductual, la aversión a la pérdida ayuda a explicar ese comportamiento. El consumidor no sólo compara el beneficio de adquirir un bien con su precio, sino también con la seguridad financiera a la que tendría que renunciar. Cuando el entorno todavía genera dudas, perder capacidad de respuesta puede pesar más que la satisfacción inmediata de estrenar. Así, la prudencia no necesariamente refleja pesimismo, puede ser una estrategia racional para mantener abiertas las opciones mientras la recuperación (de la economía) se vuelve más convincente.

Para junio, el Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP) anticipa un crecimiento del consumo privado de 2.5% anual y 0.2% mensual, mientras que, para julio, prevé un avance de 2.2% frente al mismo mes del año anterior, pero una variación mensual inerte. Estos pronósticos nos invitan a dilucidar que el gasto seguiría por encima de sus niveles de 2025, aunque sin ganar impulso en el margen.

La señal para seguir durante los próximos meses no será comprobar si la distancia entre las expectativas y las compras de bienes duraderos comienza a reducirse de manera sostenida, y si esa mejor percepción termina reflejándose en ahorro, viajes y compromisos de mayor plazo.

Lecturas relacionadas
México crecerá menos del 1% en 2026: Banco Base anticipa estancamiento económico e inflación persistente
México crecerá menos del 1% en 2026: Banco Base anticipa estancamiento económico e inflación persistente
Análisis económico y sus indicadores: Úselos correctamente e invierta con mayor certeza
Análisis económico y sus indicadores: Úselos correctamente e invierta con mayor certeza
El respiro
El respiro
Accede a Rankia
¡Sé el primero en comentar!