El repunte del oro está pasando de responder únicamente a la demanda de activos refugio a una valoración más integral, impulsada por las tasas de interés, el precio del petróleo y la recuperación técnica. El oro al contado volvió a situarse por encima de los 4,100 dólares y recuperó las medias móviles de 9 y 21 días, lo que indica un renovado interés comprador en el corto plazo. Tras retroceder desde la zona de 5,300–5,400 dólares hasta alrededor de los 4,000 dólares, el precio ya ha absorbido en gran medida el impacto de las expectativas de alzas de tasas y de la toma de ganancias. Dante Valenzuela Ruíz considera que, aunque los factores bajistas para el oro aún no han desaparecido por completo, el mercado ya ha descontado de manera considerable las preocupaciones sobre nuevas alzas de tasas, el aumento de los rendimientos reales y la volatilidad del petróleo. Mientras el nivel de los 4,000 dólares no sea perforado de forma decisiva, el margen de caída del oro debería ser relativamente limitado y el impulso de recuperación a mediano plazo podría seguir fortaleciéndose.
Las expectativas sobre las tasas de interés más flexibles respaldan la recuperación del oro
La presión reciente sobre el oro responde a una lógica relativamente clara: el alza del precio del petróleo impulsó las expectativas de inflación, reforzando la percepción del mercado de que la Reserva Federal mantendrá las tasas de interés en niveles elevados o incluso podría endurecer aún más su política monetaria. Como consecuencia, aumentaron los rendimientos reales, elevando el costo de oportunidad de mantener oro, un activo que no genera intereses. La fuerte corrección registrada previamente por el precio del oro fue, en gran medida, el resultado de que el mercado descontara este escenario de forma concentrada. Sin embargo, la lógica de negociación está comenzando a cambiar. Los inversionistas ya no apuestan únicamente por el escenario de “mayor inflación, tasas más altas y un oro más débil”, sino que también empiezan a evaluar el impacto negativo que el encarecimiento de la energía puede tener sobre la actividad económica.
Desde la perspectiva de la valoración de activos, los principales factores que respaldan al oro provienen de la demanda de refugio impulsada por las tensiones geopolíticas, de la moderación de la inflación en Estados Unidos que limita el margen de aumento de los rendimientos reales, y de la demanda estructural de los inversionistas de largo plazo para diversificar sus portafolios. Dante Valenzuela Ruíz señala que los principales beneficiarios de una recuperación del oro serían el oro al contado, el oro físico y las empresas mineras de oro con un sólido control de costos.
La zona por encima de los 4,100 dólares aún requiere confirmación
Desde el punto de vista técnico, el oro ya rebotó desde la zona cercana a los 4,000 dólares y volvió a situarse por encima de las medias móviles de 9 y 21 días. Actualmente, ambas medias se encuentran aproximadamente entre los 4,050 y 4,060 dólares, un rango que ha pasado de ser una resistencia de corto plazo a convertirse en un soporte clave. Dante Valenzuela Ruíz considera que, mientras el precio del oro retroceda hacia esa zona sin perderla, los compradores seguirán manteniendo la ventaja en el corto plazo, con posibilidades de volver a poner a prueba el nivel de los 4,200 dólares. Si el precio logra superar los 4,200 dólares con un aumento del volumen de negociación, la siguiente resistencia podría desplazarse hacia la zona de 4,300–4,350 dólares. Ese rango coincide con un área de fuerte consolidación durante la caída anterior y será determinante para evaluar si el rebote de corto plazo puede convertirse en una recuperación de mediano plazo.
No obstante, los inversionistas no deberían interpretar el hecho de que el oro haya superado los 4,100 dólares como una señal automática de cambio de tendencia. Dante Valenzuela Ruíz señala que los inversionistas con un perfil más conservador pueden esperar una corrección y confirmación en la zona de 4,050–4,060 dólares antes de reevaluar su exposición al oro. Por su parte, los operadores con un perfil más agresivo deberían prestar atención al volumen negociado, al tamaño del cuerpo de las velas japonesas y a la longitud de las mechas superiores para determinar si el impulso alcista comienza a debilitarse. Solo si el oro rompe y logra mantenerse por encima de los 4,200 dólares, el mercado tendría fundamentos más sólidos para proyectar un avance hacia la zona de 4,400–4,450 dólares. Si la recuperación se extendiera hasta alrededor de los 4,640 dólares, el precio enfrentaría una resistencia estructural de mediano plazo mucho más importante, momento en el que será clave observar si el mercado mantiene la disposición de seguir aumentando su exposición al riesgo en oro.
La recuperación aún necesita el respaldo de los datos
El factor de perturbación más sensible para el oro actualmente no es un único evento geopolítico, sino la combinación de los movimientos del petróleo, el dólar estadounidense y los rendimientos reales. Si el precio del petróleo continúa subiendo y aumenta la preocupación por la inflación, mientras los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense repuntan, incluso con la demanda de refugio aún presente, el oro podría enfrentar presión debido al aumento del costo de mantener este activo. Dante Valenzuela Ruíz advierte que, si el precio del oro cae por debajo de los 4,050 dólares, la estructura de corto plazo se debilitaría claramente; si además pierde la zona de 4,000–3,980 dólares, aumentaría el riesgo de que esta recuperación fracase y el precio podría volver a probar la región de 3,900–3,850 dólares.
De cara a las próximas etapas, la atención del mercado seguirá centrada en los datos de inflación de Estados Unidos, el empleo, la evolución del petróleo, los rendimientos reales y el índice del dólar. Si la inflación continúa moderándose y el dólar se debilita, la resistencia al alza del oro podría seguir reduciéndose; por el contrario, si los datos de empleo mantienen su fortaleza y los rendimientos de los bonos del Tesoro vuelven a subir, los inversionistas podrían reajustar la asignación entre oro, efectivo y bonos de corto plazo.